¿Mafia de la droga tras el golpe en Kirguistán?

El pasado 7 de abril una revuelta social dejó más de 80 muertos, cientos de  heridos y terminó con el gobierno de Kurmanbek Bakiyev en la ex república soviética de Kirguistán. Producto de ello, la oposición liderada por la ex Ministra de Relaciones Exteriores, Roza Otunbayeva, tomó el poder de manera interina.

Este hecho ha provocado reacciones inmediatas de Rusia y Estados Unidos pues ambas naciones tienen bases militares en Kirguistán. Para Estados Unidos es un estado estratégicamente importante ya que su base militar en ese país apoya a los soldados en Afganistán. Hasta ahora, el ahora ex presidente Bakiyev había tratado de mantener un equilibrio entre Rusia y Estados Unidos al asegurar al primero que cerraría la base norteamericana a cambio de ayuda económica, mientras que al mismo tiempo ofrecía al segundo la extensión del contrato de la instalación por más dinero del que ofrecía Moscú.

Al día siguiente del derrocamiento, Washington declaró que deploraba la violencia y llamó a respetar el imperio de la ley, mientras que Moscú negó que haya tenido que ver con la crisis. Sin embargo, días más tarde, el gobierno norteamericano ha cambiado de opinión y ha decidido apoyar la nueva administración de facto de Otunbayeva, quien ha afirmado que está garantizada la extensión del contrato de la base norteamericana en Manas.
 
Esta vuelta de tuerca ha generado suspicacia en los medios de comunicación rusos como lo deja entrever un artículo publicado en Asia Times por M K Bhadrakumar, ex diplomático de carrera en el servicio exterior de la India. En él se desliza que tras el levantamiento popular estaría la mafia de la droga que habría sido utilizada veladamente por el gobierno de Estados Unidos para derrocar a Bakiyev, quien estaba exigiendo cada vez más pagos a cambio de la lealtad de su gobierno. El artículo cita a un comentarista ruso quien en una declaración a la radio Ekho de Moscú afirmó que la revolución en Kirguistán fue organizada por el negocio de la droga. El país ha aumentado exponencialmente la superficie de cultivo de amapolas –ingrediente esencial para la elaboración de heroína- y se compara actualmente a lo que se produce en Afganistán, desde donde proviene casi la totalidad de la heroína que se consume en Rusia.

Pero también este vínculo ha sido recogido por la prensa china en donde se ha publicado la supuesta relación de la base militar norteamericana en Manas con magnates de la droga, mientras que la inteligencia iraní aseguró haber capturado al líder del grupo terrorista Jundallah cuando supuestamente iba a una reunión en Manas.

Por su parte el gobierno ruso ha tomado distancia del nuevo gobierno y ha llamado a legitimarlo a través de elecciones. Se dice que la coalición encabezada por Otunbayeva se inclina mucho más por asociarse con Occidente y dejar a Rusia de lado. De hecho, la actual administración ya ha recibido la visita del Subsecretario de Estado para Asia Central de los Estados Unidos, Robert Blake, quien afirmó que lo que ha ocurrido en Kirguistán es una oportunidad única para crear una democracia que sea un ejemplo para el resto de la región.

La disputa por la influencia en Kirguistán es un reflejo de la rivalidad que aún existe entre Estados Unidos y Rusia. No sería extraño pensar que el gobierno norteamericano hiciera oídos sordos a una eventual intervención de la mafia de la droga en el derrocamiento de Bakiyev. Lo importante para Estados Unidos es asegurar su presencia militar en la región y no el tráfico de heroína, pues la droga que entra a Estados Unidos proviene principalmente desde México. Ese es problema de Rusia.

 

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