El encarcelamiento masivo y la desigualdad de la mortalidad infantil

El encarcelamiento no es sólo una cuestión política y social sino que también se ha convertido en un problema de salud pública, ya que muchas personas son encarceladas cada año. Estados Unidos gasta cuarenta y nueve billones de dólares cada año para acoger al 6.6% de la población adulta que se espera que llegue a ser encarcelada en algún momento de sus vidas. Hace veinte años el presupuesto anual para prisiones era de apenas 11 millones. El fuerte aumento de los estadounidenses recluidos ha hecho del país la nación con el mayor porcentaje de personas encarceladas en el mundo, aún mayor que el de China, una nación más poblada que América. El encarcelamiento masivo no sólo conduce a que se dediquen menos fondos para la educación, sino que también puede conducir a peligrosos problemas de salud pública tales como una alta tasa de mortalidad infantil.
La mortalidad infantil es uno de los indicativos más importantes de salud de una nación, ya que se asocia con una variedad de factores a nivel nacional como la natalidad, la calidad y el acceso a la atención médica, las condiciones socioeconómicas y las prácticas de salud pública. Actualmente la tasa de mortalidad entre los recién nacidos en Estados Unidos es de 7 de cada 1.000, superando con creces la tasa de otras naciones desarrolladas similares y también con una mayor disparidad entre blancos y negros que otras naciones. Actualmente la tasa de mortalidad infantil en Estados Unidos está despertando una gran preocupación, ya que no ha disminuido significativamente desde el 2005. Este es el primer período en el que no se ha producido un descenso desde la década de los 50. El encarcelamiento masivo no sólo fomenta la desigualdad entre los afroamericanos, sino que también disminuye las posibilidades de que un niño sobreviva a su primer año de vida. La combinación de ambos factores puede dificultar aún más las posibilidades de vida de un niño.
Recientemente se ha comprobado que el encarcelamiento de los padres eleva el riesgo de muerte infantil precoz en un 29.6%. Los afroamericanos padecen un riesgo aún más elevado de mortalidad infantil prematura, ya que en 2009 representaron el 38.2% de la población carcelaria, a pesar de que sólo representaban el 12.4% de la población total. Los hombres afroamericanos tienen una media de seis veces más probabilidades de ser encarcelados que los de un varón de raza blanca.
La mortalidad infantil se ve influenciada por el encarcelamiento masivo de múltiples maneras y los bebés afroamericanos se ven afectados considerablemente más que los caucásicos, ya que menos varones de raza blanca que afroamericanos son encarcelados anualmente. Más del 25% de los niños negros nacidos en 1990 experimentaron el encarcelamiento de sus padres en comparación con sólo el 3.6% de los niños blancos. A nivel estatal, el encarcelamiento aumenta la desigualdad salarial y deja a las familias negras con un mayor riesgo de sufrir pobreza. La disminución de los recursos económicos y la inestabilidad financiera no sólo es estresante para las madres, sino que también priva a las familias de mantener una salud adecuada y de conservar una nutrición adecuada. El estrés materno crónico está relacionado con un riesgo elevado de mortalidad infantil. El aumento del gasto público en penitenciarías reduce los fondos disponibles para programas de promoción de salud entre la población, lo que lleva a una falta de conocimiento entre las mujeres sobre cómo prevenir la muerte infantil precoz o cómo problemas de salud pueden afectar a sus bebés mientras están embarazadas o tras haber dado a luz.
A nivel individual, la prisión puede afectar negativamente la salud de las personas encarceladas y a su vez también la salud de sus parejas y sus hijos. El encarcelamiento también exacerba las disparidades raciales sobre el SIDA. Los hombres afroamericanos están más expuestos a enfermedades infecciosas ya que un mayor número de ellos, comparados con hombre blancos, son encarcelados anualmente. Esto no sólo pone en peligro la salud de los hombres afroamericanos pero también la de sus parejas, lo que lleva a las familias a contraer enfermedades infecciosas y, a su vez, a poner en riesgo la salud de sus hijos. Debido al gran estigma asociado con el encarcelamiento, las mujeres que tienen a sus parejas en la cárcel son apartadas de sus redes sociales. Esto no sólo deja a las mujeres con una falta de apoyo emocional, sino que también les impide recibir información a través de sus vecinos o amigos sobre cómo prevenir la muerte infantil precoz. Tener un compañero o marido encarcelado también puede afectar negativamente si la mujer padece depresión, y esto puede dañar a su vez la salud infantil. Tener antecedentes penales también disminuye la capacidad del hombre para desempeñar sus funciones como pareja y como padre, además de enseñarles a resolver conflictos con violencia y ponerles así a riesgo de ofender repetitivamente.
De entre todas las etnias que conviven en Estados Unidos, los afroamericanos tienen la tasa más elevada de mortalidad infantil. Al encarcelamiento masivo se le puede atribuir la responsabilidad parcial de la alta tasa de mortalidad infantil del país, así como la considerable desigualdad de dicha tasa entre los afroamericanos y caucásicos. Si el auge del encarcelamiento masivo no se hubiese producido, la disparidad de la mortalidad infantil precoz entre blancos y negros podría haber sido bastante inferior. A pesar de todos los factores asociados con el elevado riesgo de mortalidad infantil entre los hijos de los presos, las familias afroamericanas están más afectadas, en gran medida debido a la disparidad racial y la desigualdad dentro del sistema penitenciario.
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