Entrevista con Michelle Alexander

Michelle Alexander, autor de The New Jim Crow Mass Incarceration in the Age of Colorblindness, contesta unas preguntas.
Q1. Desde fuera de los Estados Unidos la encarcelación masiva de la comunidad negra parece una monumental injusticia social, ¿Por qué cree que este problema existe desde hace tanto tiempo? Y ¿Por qué cree que ha recibido tan poca atención mediática dentro y fuera del país?
La respuesta se reduce a la raza. Si la guerra contra las drogas se librara en comunidades blancas de clase media o en los campus habría un frenesí mediático y una fuerte reacción política. Nuestra nación se precipitaría al borde de una revolución si la policía barriese los barrios de clase media de manera constante y los jóvenes blancos fuesen parados, cacheados y brutalizados de manera rutinaria mientras van camino de la escuela, esperan en la esquina de la calle o conducen hasta la tienda. Si la mayoría de los jóvenes blancos estuviesen bajo el control del sistema de justicia criminal todos nos preguntaríamos “¿Que falla en nuestro país, nuestras cortes de justicia, y en nuestras leyes que han criminalizado a tan alto porcentaje de nuestra juventud? ¿Por qué estamos convirtiendo a tantos jóvenes en permanentes ciudadanos de segunda clase sólo porque hayan sido pillados con drogas tan sólo una vez?”. Nos estaríamos preguntando todas estas cuestiones si los principales objetivos de la guerra contra las drogas fuesen blancos. Pero porque no lo son, existe un misterioso silencio, incluso en comunidades de color. Como nación, es confortable y seguro el tener un grupo racialmente definido condenado al ostracismo y excluido de la mayoritaria estructura económica, sociológica y política. Parece normal. Incluso en la era Obama.
Q2. El uso de la frase “Jim Crow” y su cita a H.R. Haldeman (“El problema es realmente los negros. La solución es idear un sistema que reconozca esto aunque no lo parezca”) crea la impresión de que su creencia es que la situación es un resultado de una acción deliberada por algunos políticos en vez de una “situación no deseada” de la guerra contra las drogas. ¿Podría comentar algo al respecto?
La historia es clara. Antiguos segregacionistas y políticos conservadores adaptaron un retorica de ser fuertes e intransigentes frente al crimen y el estado del bienestar en un intento de atraer los votos de los pobres y las clases trabajadoras blancas, particularmente en el sur, los cuales se veían amenazados, ansiosas y rencorosas por las los logros del Movimiento de de Derechos Civiles, concretamente transporte escolar, políticas anti-segregacionistas, y acción afirmativa. Los encuestadores y los estrategas políticos dedujeron que actitudes fuertes contra el crimen y el estado del bienestar eran extremadamente satisfactorias para promover un flujo de prejuicios raciales. Aunque la retórica era incolora en teoría, los votantes pronto entendieron que los políticos que querían ser fuertes y radicales tenían a la comunidad Afroamericana en mente. Los políticos al frente de este movimiento durante los primeros años eran los mismos que habían sido rabiosos defensores de Jim Crow. Aunque después de la aprobación de las leyes de derechos civiles la retórica racista fue abolida algunos políticos como Haldeman abiertamente admitieron el estar buscando medios para idear un sistema para tratar “el problema negro” después del colapso de Jim Crow. Pueden quedar pocas dudas sobre que la guerra contra las drogas fue un esfuerzo para hacer buenas las promesas políticas de acabar con un grupo de gente que no había sido definido tan sutilmente en el discurso político como negro o marrón.
Ahora, ¿significa eso que los conservadores de los 70 y mediados de los 80 desearon crear precisamente el sistema que tenemos hoy? No, la guerra contra las drogas significo un éxito más allá de sus sueños salvajes. Y ¿pienso que todos los agentes de la ley tienen puntos de vista conscientemente parciales? No. De hecho la mayoría de la gente se considera imparcial. La victimización de las comunidades pobres de color llevada a cabo por las fuerzas de la ley , las duras mínimas condenas y la perpetua discriminación a lo largo de las vidas de aquellos marcados como criminales ha sido racionalizada. Estas leyes, políticas y prácticas son defendidas por políticos y periodistas sin el uso de un explicito lenguaje racista. De esta forma se convence a la gente de que esas políticas no tienen nada que ver con la raza. El problema son “esas gentes” y no las leyes o el sistema que las ampara.
De cualquier forma me sorprende que la gente se refiere a todas esas leyes autorizando la discriminación contra personas condenadas por delitos de drogas en materias de trabajo, vivienda y beneficios sociales como “consecuencias colaterales no deseadas” de la guerra contra las drogas. Esas leyes fueron aprobadas por las mismas legislaturas que aprobaron fuertes mínimas condenas obligatorias para ofensas de drogas. Si apruebas las leyes prohibiendo el acceso de los condenados por drogas al estado del bienestar, incluyendo cupones de comida viviendas de protección oficial y retirándoles sus carnets de conducir además de prohibirles el acceso a determinados trabajos, los resultados no pueden ser descritos como “colaterales” o “no deseados”. Si tu legalizas la discriminación en viviendas, no te sorprendas si la gente no puede encontrar un lugar para vivir. Si deniegas el acceso a vales de comida y autorizas la discriminación en materia laboral entonces deberías sobrecogerte cuando descubras que la gente no puede alimentarse. El hecho de que académicos y políticos describan tantas formas de discriminación contra personas convictas por asuntos relacionados con drogas como consecuencias de la guerra contra las drogas es un importante factor indicando la profundidad de nuestra propia negación.
Q3. ¿Cree que el gobierno de los EEUU ha renegado de sus compromisos hacia sus ciudadanos como firmante de los principales convenios de derechos humanos con respecto al encarcelamiento masivo de la población afroamericana? Y ¿Piensa que sería conveniente revisarlos a través de mecanismos internacionales?
La encarcelación masiva de la gente de color en los EEUU puede ser contada como una de las más sorprendentes violaciones a larga escala de los derechos humanos del pasado siglo. En ese sentido, mi mayor esperanza es que el asunto atraiga mayor atención internacional. Mucha gente que Jim Crow colapsó en gran medida porque el gobierno de los EEUU estaba preocupado acerca de las formas en la que Jim Crow estaba empañando nuestra imagen como líder del mundo libre. Hoy, parece que mucha gente alrededor del mundo piensa que la elección de Obama representa el triunfo de nuestra nación sobre la raza. Pero pocos saben que la mayoría de hombres negros en las grandes aéreas urbanas viven bajo el control de la justicia criminal o están identificados como criminales de por vida debido a una guerra contra las drogas que ha sido librada casi exclusivamente en comunidades pobres de color. A lo mejor si más gente alrededor del mundo supiera que nuestra nación ha recreado en efecto un sistema racial de castas basada en una lucha racista contra la drogas, nuestro gobierno se vería forzado una vez más a admitir las profundas diferencias raciales. Los mecanismos internacionales serán útiles sólo hasta el punto que puedan promover el debate y el dialogo alrededor del mundo. Ni al gobierno de los EEUU ni a los medios de comunicación les interesa lo que las cortes internacionales tengan que decir sobre derechos humanos domésticos.
Q4. ¿ Cómo de bien cree que la amplia reforma política en materia de drogas ha tratado el asunto de la encarcelación masiva?
El liderazgo de la reforma de las políticas sobre drogas ha sido en su mayoría blanco y muy reacio a admitir que la lucha contra las drogas es, sobre todo, un asunto racial. Estoy muy entusiasmada con el trabajo de la Drug Policy Alliance, pero tienen unas cuantas limitaciones. La realidad es que la guerra contra las drogas y la encarcelación masiva tal y como la conocemos no existiría si no fuese por las divisiones raciales que inspiró las severas medidas del movimiento “fuerza contra el crimen”. No terminaremos la guerra contra las drogas y no pondremos un fin al hábito de nuestra nación de usar a grupos racialmente definidos como chivos expiatorios, hasta que admitamos y curemos esas divisiones raciales. Sin embargo, me dicen constantemente que acabar con el racismo es una meta demasiada elevada, y que es más pragmático hablar de las virtudes del tratamiento de las adicciones y no del encarcelamiento. El argumento tendría más sentido si el propósito de la guerra contra las drogas fuese terminar con el abuso. Pero ese nunca ha sido el objetivo prioritario de dicha guerra. Esta guerra no ha sido declarada para tratar el crimen, fue declarada para tratar con la gente negra. Así que si quieres terminar la guerra contra las drogas, y si también quieres un acercamiento más compasivo hacia el uso de las drogas, vas a tener que lidiar con las actitudes que nuestra nación tiene hacia la gente negra que no es Barack Obama.
Q5. ¿Qué rol cree que el estigma derivado del consumo de drogas ha jugado en prevenir las movilizaciones políticas de las comunidades afroamericanas para combatir el encarcelamiento masivo de afroamericanos?
Es el estigma derivado del crimen producido por motivos de drogas- no el uso de drogas- el que posee una gran barrera para actuar de una forma políticamente activa contra el nuevo Jim Crow. El encarcelamiento esta considerado como algo tan vergonzoso que mucha gente no habla de ello ni siquiera con sus familias. Incluso en los barrios pobres negros donde casi todo el mundo tiene un familiar en la cárcel o recién salido de prisión, existe una reticencia a hablar de la historia criminal de cada uno o de la de seres queridos. A pesar de que existe un amplio conocimiento en los guetos de que la guerra contra las drogas es racista, todavía persiste un sentimiento de que los criminales tienen la culpa; de que han hecho algo malo y de que es su culpa el no poder encontrar trabajo o vivienda. La culpa es también suya por entrar y salir de prisión constantemente. El sentido penetrante de que los condenados por delitos de drogas han hecho algo malo y deshonrado a sus familias, algunas veces lleva a enfrentamientos entre los familiares y frecuentemente mente origina parálisis políticas en las comunidades donde más se acentúa. La madre de un preso adolescente lo expresó de la siguiente forma: “Toda tu vida te enseñan que como persona no vales nada, o que pasa algo malo contigo. Así que no te tienes respeto. La gente de color tiene- no todos, pero si muchos- poca autoestima porque hemos sido marcados. Nos odiamos. Hemos sido programados para pensar que hay algo malo dentro de nosotros. Es duro, porque hemos sido etiquetados toda nuestra vida como mala gente.”
La creencia de que “somos mala gente” crea un profundo silencio sobre este sistema de control y hace la acción política colectiva prácticamente imposible. Este libro fue esfuerzo para romper ese silencio.
Q6. ¿Cómo interpreta el contraste entre el amplio acceso a la marihuana con fines medicinales y medicinas para esos que pueden pagarlas y los duros castigos para todos aquellos que no pueden acceder a medicinas a través de la medicina privada?
Pienso que es obvio que esta guerra contra las drogas tiene poco que ver con acabar con los problemas asociados con el abuso de drogas peligrosas. Un comentarista observó que la guerra debería ser llamada la “Guerra contra algunas drogas”. Yo diría que esa guerra sería mejor descrita como la “Guerra contra alguna gente”. Si eres relativamente privilegiado, y tienes un buen acceso al sistema sanitario, puede que seas medicado con un amplio catalogo de medicinas que curen la ansiedad, la depresión, el insomnio, y casi cualquier tipo de condición problemática emocional. Las posibilidades de ser parado, cacheado, o registrado en tu casa por presunto abuso de drogas son nulas. Incluso si empiezas a vender esas medicinas de forma ilegal a tus amigos y vecinos, es bastante improbable que tengas algún encontronazo con las fuerzas de la ley. Pero si eres pobre y adicto a las drogas, tendrás más posibilidades de ser vigilado por la policía, metido en una jaula, y después relegado a toda una vida de discriminación, desdén, y exclusión social. Si de verdad nos preocupáramos por la gente que es adicta a drogas peligrosas, facilitaríamos tratamientos, no jaulas, y apoyo- y tampoco discriminación y desdén-. Porque de verdad no nos importan “esas gentes”- gentes viviendo en guetos- los ponemos en jaulas por ofensas extremadamente pequeñas e imaginamos que necesitan severo tratamiento, no cuidados, compasión y cariño.
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