Otro árbol caido

Otro macho cabronazo líder del narcotráfico mejicano ha sido detenido para beneficio del recuerdo de sus victimas, y escarmiento por sus acciones violentas. En este caso se trata de Sergio Villarreal, también conocido como “El Grande” por su inmensa estatura de casi dos metros y su gran peso que roza los 120 Kg, pese a las continuas liposucciones a las que se había sometido en el pasado.
Lo primero que destaca de este lugarteniente del cártel de los Beltrán Leyva es que cuando se introduce su nombre en cualquier buscador las imágenes de Penélope Cruz y Salma Hayek aparecen unidas a su nombre debido a las fiestas que organizó en su rancho en honor a las actrices durante el rodaje de Bandidas. Sin duda este hecho viene alimentar el áurea de pomposidad que todo narco que se precie desea poseer para ser así envidiado y reconocido por sus compadres y demás acólitos.
Sin embargo para los que fueron sus victimas la imagen del playboy de alta sociedad rodeado de glamour hollywoodiense puede resultar un poco macabra si se tiene en cuenta que el otro alias por el que se conoce a Villarreal es el de “El comeniños”. En ambos casos es como si de la historia de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde se tratara. Por un lado todo un astro rodeado de éxito, lujo y excesos y por otro un criminal sin remordimientos que se traicionó a si mismo dejando atrás lo que tanto había prometido defender.
Y es que el caso de Villarreal es el caso de una epifanía al revés protagonizada por un pobre y humilde policía de provincias que se abrió camino en la vida colgando el uniforme y uniéndose al cártel de los hermanos Beltran Leyva como jefe de seguridad y organizador de matanzas.
Muchas cosas se podrían decir de tal brusco cambio de vocación, pero la principal, supongo, es que detrás de la decisión de cambiar la defensa del orden y la justicia, por la dictadura del terror se debe en buena medida a su ambición alcanzar fama y fortuna por el camino más fácil que representa el culto desmedido al dinero y el poder legitimado por la corrupción y la ley del más fuerte. Tal vez su formación policial le hizo empezar a sentirse un pequeño caudillo en un mundo de parias, tal vez cuando tuvo la oportunidad de renegar de su juramento lo hizo por las mismas razones que cualquier otro soldado de fortuna, que no son más, que en definitiva los motivos para vivir al margen de cualquier ley que no vaya con uno mismo y al mismo tiempo pretender ser libre bajo las impuestas normas de otros que se sienten más poderosos.
En cualquier caso la imagen de “El Grande” bajándose de su lujoso todoterreno, con su rolex de oro en la muñeca para hablar con la gente del campo y transmitir así una imagen de proximidad con el hombre común no es más que otra burda pantomima por adquirir un respeto que tampoco pudo conseguir de forma pacífica cuando estudiaba en la escuela agrícola de su ciudad natal.
Todo esto supone, se mire como se mire, que tanto la imagen de capo playboy, como la de policía corrupto o la de granjero último modelo lejos de representar a un hombre admirable por su trabajo y su sacrificio introducen a un ser despreciable que fracaso en todas sus aspiraciones vitales y que ahora al hallarse preso en una celda parecida a las que a tantas gentes envió debería plantearse no solo si todo lo que hizo valió la pena si no también una reflexión sincera sobre cómo afrontar la derrota y la desdicha en ambos lados de la ley.
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Comentarios
Otro árbol caido
Da la impresión de que el autor de esta nota cree que la captura de los narcos sirve para algo. Hay cientos de candidatos a ocupar el puesto de Villarreal y miles de policías dispuestos a pasarse al otro bando ante la disyuntiva "O plomo, o plata". Esta historia interminable tiene que acabar, y sólo acabará con la legalización.