Pillado por los dedos

Un traficante de droga estadounidense ha sido condenado a cinco cadenas perpetuas por tráfico de drogas y  240 meses por blanqueo de dinero. La noticia no tendría nada de especial si no fuese por que el criminal evadió la justicia durante más de veinte años gracias a una operación quirúrgica en la que  borro sus huellas dactilares.
   La evidencia presentada contra William Wallace Keegan, aka Richard  Alan, demostró que el ya condenado fue la cabeza visible de una organización de narcotraficantes que adquiría cocaína en  Arizona y la mandaba a  Nueva York utilizando el sistema postal. Keegan se inició en el negocio de las drogas traficando marihuana entre Arizona, California y Nueva York
 

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