Afganistán en mano de los narcos

Uno de los famosos wikileaks que tanto están recorriendo el mundo estos días ha puesto de manifiesto las preocupaciones que el antiguo presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, tenía sobre el futuro incierto de Afganistán y su miedo a que dicho país pudiera convertirse en un estado totalmente dependiente del narcotráfico. En una reunión con el senador John McCain celebrada el pasado abril Musharaff sostuvo que Afganistán debería seguir el ejemplo de la India en materia de comercialización de narcóticos. 

 Según demuestra el párrafo concerniente a la reunión “En respuesta a la pregunta de McCain sobre si Musharraf se sentía preocupado sobre el futuro del estado afgano controlado por el narcotráfico, el contesto que si porque dicha situación podría afectar a Pakistán. Musharraf también opinó que Afganistán podría seguir el ejemplo de otros países como la India, donde los narcóticos son adquiridos legalmente y distribuidos a través de las redes farmacéuticas internacionales. Esta industria representa un valor de hasta 600 millones de dólares al año. Musharraf añadió que los beneficios derivados del cultivo legal de la amapola podrían dedicarse a la erradicación de la pobreza en vez de al Talibán”        

Los comentarios de Musharraf son más pertinentes que nunca ya que en junio Victor Ivanov, el zar ruso de políticas anti-drogas afirmó en una conferencia sobre seguridad en Berlín que había llegado el momento de clasificar la producción de droga en Afganistán como una seria amenaza a la seguridad y paz mundial. Argumentando que la producción de opio es el factor clave en el aumento de inestabilidad política y económica en esa región, Ivanov recomendó la eliminación de las plantaciones de amapolas y animó a los granjeros a producir trigo en su lugar para combatir el problema.

La visión de Musharraf, muy al contrario, sugiere que Afganistán debería mirar al ejemplo de la India, donde la producción de narcóticos está controlada por la Organización Mundial de la Salud y donde muchas drogas son aprobadas por la American Food and Drug Adminsitration. Las grandes compañías farmacéuticas indias consiguen enormes beneficios gracias a la exportación legal de narcóticos y estos beneficios son invertidos en la economía nacional en vez de ser destinados a la financiación de guerras. Un claro ejemplo de exitosa compañía farmacéutica es CIPLA (The Chemical, Industrial and Pharmaceutical Laboratories) fundada en 1935   y que en el pasado año obtuvo 600.000 dólares de beneficio derivados de la exportación de sus productos.      

En la actualidad los beneficios obtenidos del cultivo del opio son cruciales en la financiación del Talibán. La OTAN estima que este grupo recibe entre un 40 y 60 por ciento de su financiación a través del narcotráfico. En abril del 2008, un periódico inglés informó como armas era intercambiadas por drogas en la antigua frontera afgano-soviética. Los contrabandistas revelaron la existencia de un bazar en el medio del desierto de Tayikistán cuya finalidad única es la de ofrecer un lugar de encuentro para contrabandistas y miembros del Talibán donde drogas son un instrumento de pago para adquirir armas. Así por ejemplo por un kilo de heroína se pueden adquirir unos 30 AK47. De esta forma las diferente posturas entre Musharraf e Ivanov vuelven a ser latentes ya que la visión del ruso indica sin ninguna duda que el Talibán se está armando gracias al dinero de la droga. Por otra parte el destino final de las drogas a países como el reino Unido o los Estados Unidos pone en evidencia otra trágica consecuencia de la guerra en Afganistán

Afganistán y Pakistán firmaron el consenso de Roma en materia de políticas de drogas humanitarias junto con otras 121 sociedades nacionales de la Cruz Roja, y la Media Luna Roja de África, Asia, América y Europa. El Consenso de Roma según su website “está destinado a aumentar la importancia de políticas en materias de drogas, señalando la formulación e implementación del control de drogas en materia de asuntos de salud pública”. El Consenso también aboga por utilizar el poder de todos los estados firmantes para reducir el sufrimiento y la pobreza derivado del narcotráfico internacional. Tanto Pakistán como Afganistán, al menos de forma teórica se comprometieron a desarrollar esta visión pero los miedos de Musharraf sobre el efecto negativo del narcotráfico en su país vecino  se ven cada vez más alimentados por aquellos que comparten los planes de Ivanov ignorando el modelo Indio.