Amapolas para medicina

 “Poppies for medicine” o “amapolas para medicinas” es un proyecto muy optimista desarrollado por organizaciones independientes destinado a combatir el trafico de drogas usando medios mas prácticos. En vez de atacar a los granjeros afganos y erradicar los campos de amapola, los cuales son su única fuente de ingresos, el proyecto esta destinado a comprar las cosechas para producir analgésicos y así complementar  la insatisfecha demanda de los países en vías de desarrollo  

 Según un estudio basado en abundante trabajo de campo, existe un gran desequilibrio entre las cantidades de suministro y demanda de analgésicos alrededor del mundo. Dicho estudio ha demostrado que mientras los países occidentales (US y Europa) poseen tan sólo el 20% de la población global estos consumen el 90% de los analgésicos que se producen anualmente. De esta forma, por consiguiente, se demuestra que el 80% de la población mundial no tiene suficiente acceso a dichas medicinas.  

 Esta propuesta mantiene que los granjeros afganos tendrían permiso para plantar y cultivar opio y que  en cada pueblo habría una fabrica para producir y extraer morfina. El siguiente paso seria transportar la morfina a la capita Kabul, donde seria reexaminada y empaquetada de acuerdo con la regulación internacional. A continuación, la mercancía seria vendida a países con economías emergentes. La ventaja de este proyecto es que el precio de los analgésicos sería hasta un 53% más barato que el precio medio de mercado. Sin embargo la idea no es competir con otros productores internacionales si no más bien  suplementar el déficit  de demanda en estos países en  vías de desarrollo 
Con la idea de una práctica implementación el proyecto deberá depender de una estrecha supervisión basada en tres niveles. Su éxito estará sujeto a los esfuerzos de los granjeros locales, a los líderes de sus comunidades y también al del gobierno nacional. De cada grupo se espera que participe bien supervisando el proceso, financiándolo, o bien comprando o suministrando los medios necesarios para su éxito. Todos ellos, al mismo tiempo, deberán participar en el cultivo, la extracción, el control de calidad y el empaquetado de su producción. 
 
Un proyecto similar fue llevado a cabo en Turquía en 1970. En 4 años el gobierno fue capaz de controlar la producción de opio y cortar los lazos entre los granjeros y los narco-traficantes después de duros esfuerzos. El exitoso proyecto contó con la financiación y el apoyo de los EEUU y además sirvió para que sólo los aquellos granjeros autorizados pudiesen cultivar amapolas mientras que los otros no autorizados fueron perseguidos por las autoridades. Esto creó un incentivo para que los granjeros legalizasen su situación en vez de permanecer en la clandestinidad a merced de los traficantes.       
 
 Otra de las metas del proyecto es el diversificar el desarrollo de la economía afgana. Para ello “amapolas para medicinas” no aspira a incrementar la especialización y la concentración de la economía en un solo producto si no que desea diversificarla. Por tal motivo los beneficios provenientes de la morfina serán destinados a ese fin. Además los  beneficios de todas las partes involucradas serán destinados a inversiones varias.   
Sin embargo, unos cuantos problemas por lo que se refiere a este proyecto. Primero, los rebeldes de Afganistán forman una clara oposición  a las fuerzas aliadas que tratan de liberar su país y esta oposición alienta el esfuerzo de aquellos granjeros simpatizantes con su causa. En otras palabras, algunos granjeros están dedicados a proveer a los rebeldes con materia prima para financiar sus ejércitos. Esto se debe a que existen relaciones tribales y familiares entre los granjeros y los rebeldes muy difíciles de romper. Además durante el régimen talibanes las autoridades tenían planes para erradicar las plantaciones de amapolas, llegando incluso a haber noticias sobre el decline de las cantidades plantadas. Esto significa que los afganos pudieran ser no tan dependientes del cultivo de la amapola como parece a simple vista y también sugiere que la opción de cultivar amapola es una estrategia para asegurar financiación para los rebeldes en vez de una necesidad perjudicial. Todo ello, en definitiva, supone un gran obstáculo para poner en marcha el proyecto.
 
 El segundo problema es que la fabricación, encapsulación y empaquetado de los analgésicos requieren unas habilidades y una experiencia que la mayoría de los granjeros no posee. De esta forma resulta muy difícil afirmar que los granjeros afganos estén listos para producir analgésicos,  según normas internacionales de calidad, tan rápido como sugiere el proyecto. Por lo tanto la idea en su conjunto resulta extremadamente optimista. Por si todo esto fuera poco, la enorme diversidad del país dificultaría a mayores la creación de un modelo viable de producción.   

Finalmente, el tercer problema es que los productores internacionales de analgésicos temerían importes paralelos. Si los productos afganos cumpliesen con la regulación internacional y además fuesen  un 53% más baratos que sus competidores internacionales  las exportaciones paralelas de los países en vías de desarrollo al mundo occidental serían más difíciles de controlar. Esto sucedería porque  los distribuidores afganos serian mas dados a engañar a sus contactos, distribuyendo alguna de sus cuotas en los países occidentales con el fin de incrementar sus beneficios.  
 
En definitiva, la idea del proyecto es muy optimista además de ser bien recibida sin embargo parece evidente la necesidad de mas investigación para desarrollar las ideas y  afrontar los problemas expuestos