Furia Contra la Agonía de la Luz: En Busca de Justicia en Filipinas

Conferencia Internacional de Reducción de Daños 2019 en Oporto, Portugal. La foto muestra a Kristine Montenegro hablando en la Sesión Plenaria del lunes sobre Políticas de Drogas: El Impulso por la Justicia. Foto © Steve Forrest / HRI / Fotos de los trabajadores

Los principios de justicia y derechos humanos en Filipinas se han visto profundamente erosionados por la llamada guerra contra las drogas del presidente Rodrigo Duterte, pero un grupo de defensores de los derechos humanos está decidido a cambiar eso.

Hablando en la Conferencia Internacional sobre Reducción del Daños (HR19) en Porto, la activista filipina de derechos humanos Kristine Montenegro Mendoza advirtió que la “guerra contra las drogas de su país se ha convertido en todo menos en una guerra contra las sustancias ilegales”. En cambio,        dijo, se ha convertido en un vehículo que el autoritario Duterte usa para usurpar los poderes de las frágiles instituciones políticas y judiciales del país, y les ha dado a los actores estatales una pantalla para que cometan ejecuciones extrajudiciales con impunidad.

“[Duterte ha creado] una pseudo guerra a largo plazo, institucionalizada y bien financiada, que centraliza todos los poderes gubernamentales en un solo hombre fuerte quien - mediante un efectivo control social - daña nuestros principios democráticos, como el equilibrio de poderes, la rendición de cuentas y la transparencia, la naturaleza civil de nuestras fuerzas policiales, la independencia del poder judicial, el estado de derecho y el respeto por los derechos humanos”, denunció.

Afortunadamente para las personas más castigadas por la guerra contra las drogas, Mendoza y sus colegas se negaron a cruzarse de brazos mientras los filipinos eran despojados de derechos y principios duramente ganados.

Mendoza es miembro fundador de StreetLawPH, una organización de abogados y defensores que trabajan para mejorar el acceso a la justicia y a los derechos humanos. El grupo se fundó como resultado de la brutal represión de Duterte contra personas presuntamente involucradas con drogas, lo cual ha llevado a un promedio de 33 personas asesinadas en el país todos los días desde la arrasadora victoria electoral de Duterte en junio de 2016.

Desde febrero de 2019, al menos 5.176 personas han sido asesinadas durante las operaciones policiales contra los estupefacientes, mientras que al menos 29.000 casos de homicidio están, según la policía, “siendo investigadas”. Las familias de las víctimas tienen pocas esperanzas de que estos asesinatos se resuelvan, ya que hay amplias sospechas de que oficiales de la policía están involucrados en muchos de estos brutales delitos.

Si bien StreetLawPH no tiene poder para cambiar la ley, sí puede respaldar a algunas de las personas con mayor riesgo de ser victimizadas por el estado. La organización dirige un [programa de] instrucción jurídica básica para que las personas que usan drogas (PWUD, por sus siglas en inglés) conozcan sus derechos y puedan actuar como asistentes legales. StreetLawPH también está comenzando a proporcionar servicios legales directos para litigios estratégicos que, según espera Mendoza, permitirán una defensa efectiva de la reforma de la política de drogas a nivel legislativo.

El equipo también dirige una “caravana de políticas de drogas y derechos humanos”, en la que los integrantes visitan las facultades de Derecho para educar a los estudiantes sobre el tema, con la esperanza de que apoyen a las PWUD y, más ampliamente, a la causa, después de graduarse.

La capacidad de StreetLawPH para proteger los derechos de las PWUDs se ve, por supuesto, dificultada por la situación política del país. “Dicen que en un país donde no existe el estado de derecho, ser abogado es un chiste”, bromeó Mendoza.

Tres policías fueron sentenciados a cadena perpetua por ejecutar al adolescente Kian Delos Santos en un callejón de Manila

Además de los asesinatos extrajudiciales tan publicitados, Mendoza denunció cómo la policía, con frecuencia y a sabiendas, viola el derecho a la privacidad, al invadir los hogares de las personas e interrogar a sus amigos o familiares, sin tener una acusación o una orden de allanamiento. La policía ha admitido tener cupos de arresto, los cuales se llenan casualmente con personas no involucradas con las drogas si no pueden encontrar personas “culpables”.

Otra práctica policial particularmente vil que ha crecido en prevalencia durante la guerra contra las drogas es palit-puri:

“La policía te extorsiona sexualmente a cambio del [favor] de ser sacado de la lista [de personas que usan drogas]. Esto le pasa a menudo a las usuarias de drogas, o incluso a los usuarios masculinos que tienen parejas que la policía quiere acosar”, dijo Mendoza.

A pesar de los enormes desafíos y retrocesos, los activistas de derechos humanos en Filipinas lograron una notable victoria en 2018, cuando tres policías fueron condenados a prisión perpetua por ejecutar brutalmente a un adolescente, Kian Delos Santos, en un callejón de Manila y luego afirmar que era sospechoso en un caso de drogas.

Las condenas fueron el resultado de protestas masivas. “Los activistas salieron a la calle. #StopTheKillings se convirtió en la convocatoria nacional. Debido a que la resistencia se hizo sentir, el gobierno tuvo que responder”.

Pero todavía hay un largo, largo camino por recorrer. Incluso en el caso de Delos Santos, la responsabilidad parecía terminar en los oficiales de policía de bajo rango que fueron encarcelados. Las autoridades de la cadena de mando no enfrentaron consecuencias por su complicidad.

“Mientras los activistas de derechos humanos recogen los pedazos, solo podemos mantener la esperanza de que la presión internacional continúe haciéndose sentir, que el movimiento continúe luchando y que sigamos estando furiosos. La mejor manera de proteger nuestros derechos es ejerciéndolos”.

Si bien el futuro parece sombrío para las PWUD en Filipinas, el trabajo de organizaciones como StreetLawPH ofrece un atisbo de esperanza. Citando al poeta Dylan Thomas, Kristine Mendoza declaró: “Por ahora, no hay nada más que hacer que seguir trabajando -- enfurecerse, enfurecerse contra la agonía de la luz”.