Campañas De Erradicación – Un Nuevo Ejemplo De Su Inefectividad

Los hallazgos de los informes de la UNODC sobre el cultivo de opio afgano muestran la importancia de campañas de desarrollo alternativas y el fracaso de los esfuerzos de erradicación de cosechas.

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) publicó recientemente dos informes sobre cultivación de opio en Afganistán. Aquí están las principales cifras y predicciones:

Las medidas de erradicación de opio lideradas por la comunidad internacional y el gobierno afgano incrementaron un 154% en 2012. A pesar de estos esfuerzos, el área de cultivos de adormideras se incrementó en 2012 y es probable que continúe creciendo en 2013 en la mayoría de regiones de Afganistán, expandiéndose incluso en áreas del país donde la cultivación había sido previamente detenida.

¿Por qué esta aparente paradoja? Seguramente porque la “solución” de erradicar no está atajando ninguno de los principales problemas relacionados con el cultivo de opio.

Un desastre económico y social desde el punto de vista de los agricultores

En la encuesta de la UNODC, la razón predominante dada por los agricultores para cultivar opio son sus elevados precios de venta. El opio no se pudre como la mayoría de las otras cosechas –por tanto representa ingreso seguro– y los comerciantes de opio pagan por adelantado a los agricultores y les proveen con fertilizantes y semillas. Además, hay un fuerte mercado y una fuerte demanda del producto, cosa que no ocurre con el algodón que los consejeros británicos y americanos animaron a cultivar y que no se vendió debido a sus bajos precios.

La encuesta de Naciones Unidas muestra que la mayoría de agricultores que no reciben ayuda agrícola por parte del Gobierno pronto se rendirán en vista de tales incentivos económicos. Otra encuesta de Naciones Unidas alertó de la misma situación sobre el cultivo de opio en Myanmar en 2012.

Los programas de erradicación que no proporcionan cultivos alternativos específicos y viables para los agricultores conducirán sistemáticamente a resultados desastrosos no sólo en Afganistán, sino también en Perú y Colombia: estos programas empobrecen aún más a los agricultores de subsistencia ya que les privan de su única fuente de ingresos, y conducen también a un desastroso daño medioambiental, a la vez que empeoran el problema del tráfico.

Una contra medida efectiva para la protección del Estado de Derecho y la seguridad

El informe de la UNODC señala que en Afganistán, los pueblos ubicados en zonas inseguras tienen una mayor probabilidad de cultivar plantas adormideras que los pueblos con buena seguridad.

Igual que en Afganistán, el cultivo ilegal de drogas en Colombia y Myanmar está vinculado a grupos paramilitares o separatistas y la mayoría de la actividad de cultivo de cocaína/ opio se concentra en áreas remotas y subdesarrolladas bajo el control de esos grupos armados que están liderando el tráfico. En esos casos, los programas de erradicación, a pesar de las apariencias, conllevan peores resultados.

Por ejemplo, concejales de distritos locales en Afganistán protestaron contra los programas de erradicación enfatizando que, sin programas de desarrollo alternativo, sin abrir el acceso a los mercados locales y sin buenos precios por otras cosechas, la erradicación generaría mayor pobreza entre los agricultores y les haría más vulnerables a los comerciantes de opio y los grupos talibanes, alimentando la violencia y la inseguridad en áreas subdesarrolladas.

No es una respuesta a las cuestiones de desarrollo

Cuestiones de desarrollo como, por ejemplo, el refuerzo de la infraestructura local, de las rutas para conectar pueblos con mercados y de los sistemas educativos y sanitarios, tienen una influencia significativa en el hecho de que la gente se implique o no en el cultivo de drogas.

La encuesta de Naciones Unidas identificó un vínculo entre cultivo de adormideras y educación: los pueblos donde se cultiva tienen muy pocas escuelas comparados con el resto de pueblos donde no se cultiva.

En Myanmar, la erradicación de cultivos privó a los aldeanos no sólo de una fuente de sustento, sino también de una medicina tradicional para curar problemas de salud como, por ejemplo, diarrea. Esa medicación es esencial en pueblos remotos alejados de hospitales. Y este también es el caso de Afganistán. El opio es usado con fines medicinales por mucha gente sin acceso a otra medicación para el alivio del dolor.

Obviamente, los programas de erradicación no están atajando ninguna de estas cuestiones. De hecho, “la erradicación continua siendo un fracaso” tal y como admitió Antonio María Costa, Director Ejecutivo de UNODC, para el caso de Afganistán. Lo que los informes de Naciones Unidas han probado es simplemente que las medidas de desarrollo alternativas, si se diseñan bien y son adecuadamente secuenciadas, son la mejor solución para atajar los problemas subyacentes al cultivo de drogas ilícitas.

El Consorcio International sobre Políticas de Drogas (IDPC, por sus siglas en inglés) es una red global de ONGs que promueve políticas humanas y basadas en evidencia en lo referente a drogas. El IDPC apoya la implementación de programas de desarrollo alternativos, y enfatiza las características que estos programas deberían tener para ser efectivos y beneficiosos para los agricultores y las comunidades pobres que están cultivando drogas ilegales:

  • Tales acciones han de ser muy distintas a las medidas represivas de erradicación de cultivos y de sustitución forzada de cultivos y deben ir mucho más allá. Necesitan ser estrategias de desarrollo económico y social a largo plazo que mejoren de forma efectiva la situación económica de comunidades vulnerables, y que mejoren también los sistemas de educación, sanidad, seguridad y gobernanza.
  • Estas estrategias necesitan tiempo para dar sus frutos. Crear sustentos económicos viables es un prerrequisito que hay que lograr para poder observar una disminución en la producción de drogas. Además, las medidas de desarrollo alternativas no deberían ser condicionales a la erradicación de cultivos, y el éxito de los programas no debería basarse en el número de hectáreas erradicadas. Debería basarse en indicadores de desarrollo socioeconómico.
  • Estas medidas necesitan ser elaboradas y llevadas a cabo con la ayuda y en estrecha cooperación con las comunidades afectadas.

Tailandia ha sido ejemplar en su enfoque a largo plazo para animar a las comunidades de las montañas del norte del país a detener el cultivo de adormideras. Los programas oficiales implementaron medidas económicas y sociales a largo plazo, incluyendo: apoyo a los agricultores para que cultivaran cosechas de alto valor como por ejemplo café; formación para los aldeanos; mejoras en la infraestructura local y de acceso a los mercados. Tailandia es el único país del mundo que a día de hoy ha detenido el cultivo de drogas en su territorio. Esto ha llevado a incrementos en el cultivo de adormideras en otras partes del mundo, debido a lo que algunos analistas llaman el “efecto pelota”.

Parece que, sin este tipo de acciones de desarrollo alternativo real, los programas de erradicación en Afganistán están condenados a fracasar.  

Enlaces a los informes mencionados en este artículo (en inglés):

Afghanistan - Opium Risk Assessment 2013, published in April 2013
Afghanistan - Opium Survey 2012, published in May 2013