Cigarrillos y café

 

Desde que volví a fumar hace ya más de dos años me siento de alguna forma mejor porque ya no tengo esas enormes pesadillas que me despertaban en medio de la noche recordándome al tabaco pero también me siento un poco peor porque mi consumo ha ido en aumento.

Mi vida ha cambiado mucho en estos últimos tiempos y he vuelto a gozar de mis cigarrillos como lo hacía cuando era una mero adolescente pero todo el mundo me dice que fumo mucho, que no me se controlar, que enciendo uno detrás de otro y que no voy a llegar a los cincuenta.  La verdad es que no se qué pensar. Por una parte reconozco que es cierto que estoy más enganchado que nunca y por la otra siento que me rechifla el placer de fumar.

Soy consciente que decir esto puede ser interpretado como una gran locura ya que las agobiantes campañas antitabaco y los pocos espacios donde se nos está permitido fumar hace que los fumadores seamos vistos como una especie de enfermos. Además desde que todo ese discurso del fumador pasivo tomó fuerza siempre hay algún listillo que legitima su intransigencia amparado por el poder que ejerce la medicina más conservadora y el estado más opresor.

Quizás esto sea difícil de entender pero para mí el tabaco es algo que me ayuda a pensar, a relajarme, a disfrutar con algo que estoy haciendo o simplemente me distrae mientras entre bocanada y bocanada, calada y calada inhalo y suelto humo para demostrarme que sigo disfrutando de la vida.

Como beber no bebo, y tampoco tengo otros vicios el único que me ha quedado con el paso del tiempo es el de ir a la tienda a comprar mi marca para empezar el nuevo día. Sinceramente no se qué podría hacer sin mis lattes y mi tabaco por la mañanas y a veces hasta me llego a preguntar si de verdad vale la pena levantarse como un zombi y no ser humano hasta que la cafeína y la nicotina te devuelvan al sentido de realidad. Pero ¿qué otra cosa podría hacer? El sabor a buen café esta tan ligado a mi cultura y mi vida que el primer recuerdo te tengo es el de levantarme para ir al colegio con el olor a café recién hecho de mi madre o la cafetera siempre llena de mi abuelo. En cierta manera ahora sigo esas tradiciones al tiempo que en teoría me estoy acercando a una edad en la que los médicos recomiendan una prudencia que yo simplemente omito.

Cada vez que entro en una consulta y me hacen la obligada pregunta de si deseo dejar de fumar siempre contesto un rotundo no al tiempo que el médico de turno ofrece su ayuda e introduce los servicios disponibles. No pretendo ofender a ningún profesional que se dedique a esto pero cuando hace cinco años dejé de fumar lo hice sin ayudas y sin problemas de un día para otro. Si volví fue porque lo echaba de menos y no me gustaba la vida sana. Jamás ejercí de fumador rehabilitado como alguna gente que lo ha dejado se gusta definirse, jamás me molesto que otra gente fumase y jamás hice campaña contra el tabaco. Simplemente pensé que una etapa en mi vida se había cerrado hasta que me di cuenta que en realidad renunciar al placer de un pitillo era un compromiso demasiado grande que no quería hacer.      

Convivir con la nicotina y la cafeína no es tarea fácil ya que el café instantáneo por lo general es muy malo y la imposibilidad de fumar en espacios cerrados hace que uno a veces tenga que literalmente fumar bajo la lluvia capeando el temporal por unas cuantas caladas de placer. Aun así creo que compensa y por ello no estoy dispuesto a dejar dos de mis principales alegrías aunque si admito que debería bajar un poco las cantidades ya que en la moderación esta el perfecto gusto y realmente cuando pienso en ello no son tantos los pitis que disfruto de verdad al cabo del día.

Tal vez esto me este haciendo pensar que la gente que me dice que fumo mucho tiene razón y tal vez por tanto debiera admitir que es cierto que no se me controlar aunque eso implicaría empezar una larga discusión sobre placer y adicción que conllevaría darle la razón a quienes predican el tabaquismo como una enfermedad. Y eso es algo que no estoy dispuesto a consentir pues los cigarrillos que de verdad me gustan me hacen sentir bien. Sobre los otros, esos que fumo socialmente cuando veo a alguien que está conmigo fumando solo me queda decir que es puro mimetismo.