Control de Drogas en América Latina: Países que Muestran el Camino

Carpa de control de drogas en Colombia (Fuente: ATS / Julian Quintero)

El control de estupefacientes en festivales en el Reino Unido ha tenido un avance sin precedentes durante el año pasado, obteniendo gran atención por parte de los medios a lo largo del proceso. Aunque a nivel nacional son relativamente nuevas, estas iniciativas tienen una historia más larga en otros países, como demuestra la experiencia en América Latina.

En al menos cinco países de América Latina, grupos de la sociedad civil brindan servicios de reducción de daños en clubes nocturnos y festivales. Varios de estos incluyen servicios de control de drogas, como los ofrecidos por The Loop en el Reino Unido, los cuales permiten a las personas comprender mejor qué contienen sus estupefacientes y cuáles son los riesgos. Dichos servicios de control de drogas están disponibles en partes de Brasil, Colombia, Uruguay y México, países en los que el uso de sustancias de tipo anfetamínico ha aumentado en la última década.

Hemos estado siguiendo algunas de estas tendencias para el próximo informe que - con el nombre de Situación Mundial en Materia de Reducción de Daños - la organización Harm Reduction International (HRI, por sus siglas en inglés), dará a conocer a fines de 2018. Dado que la preocupación sobre la pureza y la adulteración de las pastillas están siempre presentes, un aspecto sobresaliente de nuestra investigación es cómo las comunidades están respondiendo.

La ONG colombiana Acción Técnica Social (ATS, por sus siglas en español) es sólo un ejemplo. En 2012, este grupo lanzó el primer proyecto latinoamericano de verificación de drogas en festivales y fiestas electrónicas, bajo el nombre “Échele cabeza cuando se dé en la cabeza” (“Piénselo bien cuando se drogue”). Hasta la fecha, ATS ha examinado más de 4.200 muestras de éxtasis, cocaína y nuevas sustancias psicoactivas, ha publicado 40 avisos de alerta y ha atendido a 65.000 personas en 140 eventos.

En escala, estas cifras son impresionantes, pero lo más importante es que ATS está teniendo una auténtica repercusión en lo que hace a la protección de la salud de las personas. Entre 2012 y 2017, la organización constató una reducción del 25% en las muestras adulteradas y una reducción del 50% en las visitas a las salas de emergencias debido al uso de drogas en las fiestas de Bogotá, [un hecho] que ATS atribuye a su programa, que promueve el consumo seguro de drogas.

(Fuente: ATS/Julián Quintero López)

El Director de ATS, Julián Quintero López, dijo: “La lección principal [que recibimos de nuestro trabajo] es que es posible consumir drogas con menos riesgo y menos daño. Hemos aprendido que los grandes cambios no vienen de los políticos o del gobierno, pero que es posible usar la ley para nuestro beneficio y [también es posible] que las instituciones públicas sean nuestros aliados. También hemos observado que podemos afectar el mercado de drogas ilegales, en lo que tiene que ver con la calidad de las drogas”.

“Queremos que la gente se sirva de esta experiencia [sobre la reducción de daños] y que propugne una reforma de la política de drogas basada en el respeto por las libertades individuales, la salud pública y los derechos humanos”.

Por supuesto, la reducción de daños en el contexto de las fiestas no comienza y termina con el control de estupefacientes, sino también con otras medidas que pueden ayudar a crear una experiencia más segura para las personas que consumen drogas. En Argentina, por ejemplo, el gobierno financia un proyecto administrado por Intercambios1, que ofrece folletos educativos, condones gratuitos y puestos de hidratación en festivales y fiestas electrónicas. En Uruguay, la Junta Nacional de Drogas financia el entrenamiento de personal especializado para la reducción de daños, campañas de concientización y puestos de hidratación en bares y clubes nocturnos.

Sin embargo, en ambos casos, y de hecho en toda la región, los gobiernos no respaldan financieramente los servicios de control de drogas. Esto ocurre a pesar de la evidencia de que [dichos controles] siguen siendo una de las formas más efectivas de reducir los daños asociados con el uso de drogas ilícitas. Tal financiamiento será probablemente necesario en el largo plazo.

“Nuestro siguiente paso es sobrevivir”, dice Quintero con respecto al entorno desafiante del financiamiento. “Hemos aprendido que la lucha apenas ha comenzado. Cuanto más amenazamos la [prohibición de drogas], más nos ataca. El gobierno no proporciona recursos para nuestros proyectos, y las organizaciones internacionales no los consideran una prioridad. El carecer de los recursos nos impide mejorar nuestra tecnología, educar a nuestros pares e innovar con nuestro servicio”.

“Necesitamos continuar para encontrar financiamiento e ir a esos lugares donde no pueden pagar por nuestros servicios, pero donde los necesitan”.

Los peligros que conlleva la ausencia de servicios de control de drogas son tristemente evidentes en todo el mundo. Las tragedias que podrían evitarse en los festivales son esperables porque las personas no tienen la información correcta a mano. El mes pasado, esto se puso de relieve en el Reino Unido con las muertes prevenibles de dos jóvenes en Mutiny Festival, un sitio sin verificación de drogas. Existe abundante evidencia sobre lo que se necesita hacer para mantener a las personas seguras cuando usan drogas en entornos festivos. Es hora de poner estas iniciativas en acción.

* Katie Stone es una analista de investigación de Harm Reduction International y lidera el informe bienal Situación Mundial en Materia de Reducción de Daños. Sam Shirley-Beavan es un asistente de investigación con HRI.

Este es el segundo de una serie de artículos de TalkingDrugs que se publican en la etapa previa al lanzamiento del informe Situación Mundial en Materia de Reducción de Daños 2018. Lea el primero aquí.

Nota de la traductora: 1. Intercambios es una Asociación Civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas.