El cruce estigmatizado entre el trabajo sexual y el uso de drogas

El cruce estigmatizado entre el trabajo sexual y el uso de drogas

Manifestantes por los derechos de los trabajadores sexuales (Fuente: Wikimedia)

Los últimos eventos han reanudado el debate en torno a las leyes de prostitución en el Reino Unido. Las organizaciones de trabajadores sexuales y de derechos humanos han realizado un llamado a un cambio en las leyes, al igual que a terminar con la estigmatización - un problema que afecta de forma particular a los trabajadores sexuales que usan drogas.

En julio de 2016, la Comisión Selecta de Asuntos de Interior (HASC por sus siglas en inglés de Home Affairs Select Committee) publicó su informe provisional sobre prostitución, que propone la despenalización de trabajadores sexuales que aborden a clientes en las calles y que compartan las instalaciones. A pesar de que el informe fue elogiado por las organizaciones por los derechos de los trabajadores sexuales, la validez de sus conclusiones se cubrió de incertidumbre cuando el Presidente de la HASC, Keith Vaz, fue acusado de una presunta implicación clandestina con trabajadores sexuales, incluyendo el ofrecimiento de pagar por cocaína para ellos.  

Las caracterizaciones más destacadas de trabajadores sexuales y de personas que consumen drogas en el discurso político y mediático no toman en cuenta las experiencias complejas que viven a menudo estas comunidades marginadas, Los estereotipos de ambos grupos a menudo sirve para deshumanizarlos, reduciéndolos a “vectores de enfermedad“ sin moral o autoestima.

Este estigma lleva a que se trate a los trabajadores sexuales y consumidores de drogas como sujetos de la justicia criminal, en lugar de aplicar un enfoque de salud o de derechos humanos. Esto en consecuencia afecta las decisiones que se toman en cuanto a las políticas aplicables, dejando a los trabajadores sexuales y a quienes consumen drogas expuestos a un riesgo desproporcionado de mala salud, inequidad económica y violencia.

Muchos de los mismos principios que respaldan el enfoque de la reducción de daño al consumo de drogas son de igual forma fundamentales para el movimiento por los derechos de los trabajadores sexuales; la importancia de la autonomía corporal, acceso a servicios de salud que sean comprensivos y sin juicio, y el derecho a vivir libre de estigmas, criminalización y violencia.

Desde manejo de dolor crónico, alivio de problemas de enfermedad mental hasta el solo placer del estar en drogas, hay variadas razones de porqué los trabajadores sexuales consumen drogas. Para estos trabajadores sexuales que usan drogas, ¿cuáles son las consecuencias de ambos estigmas en combinación? M, un trabajador sexual transgénero del área de East London habló con TalkingDrugs acerca de la lucha que resulta al superponer el uso de drogas y el trabajo sexual:

“Porque en su mayoría atiendo a clientes hombres gay, la escena del chemsex es un gran problema. La mayoría de mis clientes quieren festejar durante la sesión, y es demasiado difícil […] no consumir cuando se te ofrece todo el tiempo. Me siento más ansioso ahora que me drogo con mis clientes; la policía podría involucrarse, los clientes pueden volverse violentos y - debido al estigma - los profesionales de salud a menudo intentan persuadirme para dejar la industria y desintoxicarme, en lugar de [ayudarme] a sentirme seguro en el trabajo”.

Lamentablemente, estos desafíos no se detienen cuando los trabajadores sexuales que consumen drogas ingresan a espacios positivos para el trabajador sexual, o cuando hacen el intento de comprometerse con el activismo por sus derechos. El prejuicio es dirigido permanentemente hacia quienes han vendido sus servicios sexuales a cambio de drogas, o aquellos que consumen drogas con los clientes.

Algunos de los defensores de los derechos de los trabajadores sexuales intentan evadir la existencia de la intersección entre el trabajo sexual y el consumo de drogas, en su mayoría con la esperanza de que al hacerlo ayudarán al trabajo sexual a ser considerado una profesión legítima que debería ser despenalizada. Este enfoque, a pesar de sus intenciones, es peligroso; elimina o ignora las experiencias de aquellos que consumen drogas, permitiendo que los desafíos que enfrentan queden a merced de la criminalización y la encarcelación.

B, una trabajadora sexual de 24 años de London, comenzó a fumar heroína y metanfetamina cuando tenía 16 años:

“He estado en recuperación por 5 años y aún trabajo en la industria. Creo que otros trabajadores sexuales pueden ser muy juiciosos sobre mi pasado. No quieren que los pongan en el mismo bote que la ‘puta drogadicta’ porque aquellos que buscan criminalizar nuestro trabajo dicen que no puedo tomar mis propias decisiones y que debería ser ‘salvada’ del trabajo sexual.”

Mientras que el discurso de la ‘Guerra contra las Drogas’ puede estar cambiando gradualmente, el discurso estigmatizador sobre los derechos de los trabajadores sexuales enciende los ánimos. Solo un país, Nueva Zelanda, actualmente implementa una despenalización total del trabajo sexual, enfoque alabado por numerosas organizaciones por los derechos de los trabajadores sexuales.

Se ha hecho algún progreso en los últimos años; la Organización Mundial de la Salud, Human Rights Watch, y UNAIDS han apoyado públicamente la despenalización del trabajo sexual. Además, Amnistía International ha manifestado públicamente su apoyo a la despenalización, a pesar de las duras críticas de los defensores de la abolición. De todas formas, muchos consumidores de drogas y trabajadores sexuales, especialmente quienes que se identifican como ambos, saben que cualquier política o respuesta legal a estos problemas deben estar enfocadas en la reducción de daños y los derechos humanos.

Para fomentar un cambio real en las vidas de los trabajadores sexuales que consumen drogas, tenemos que terminar con el estigma y las leyes castigadoras que los exponen a la violencia, criminalización y encarcelamiento.