El Drama de los Presos por Drogas Colombianos en las Prisiones Chinas

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A la luz de una reciente ejecución de un anciano colombiano por tráfico de drogas en China, ha habido un nuevo enfoque en el duro tratamiento  al que se enfrentan los colombianos en las prisiones Chinas.

El 28 de febrero, Ismael Enrique Arciniegas se convirtió en el primer colombiano en ser ejecutado  en una prisión China. Arciniegas de 74 años de edad, quien recibió una sentencia de muerte en 2010 después de ser encontrado con 4 kilos de cocaína, fue ejecutado mediante una inyección letal, a pesar de las súplicas por su vida por parte del gobierno colombiano y de su familia. En una rotunda declaración, el portavoz del gobierno chino Liu Tao  aseguró que la ejecución de Arciniegas “tiene un valor educativo para todos los colombianos” para persuadirlos a no traficar con drogas.

China implementa estrictas medidas punitivas por las violaciones de su Legislación de drogas, incluyendo la posibilidad de aplicar la pena de muerte a cualquiera que se encuentre contrabandeando con más de 50 gramos de opio, heroína o ciertas otras drogas.

Mientras que las políticas de drogas chinas son ampliamente percibidas como represivas, artículos sugieren que los colombianos, y otros prisioneros extranjeros, se enfrentan particularmente a duros tratos y discriminación dentro del sistema judicial.

En 2015, una serie de cartas escritas por prisioneros colombianos detenidos en China fueron publicadas en internet. La mayoría de las cartas fueron escritas por individuos que habían sido condenados por delitos de drogas y sentenciados bien a cadena perpetua o a pena de muerte, mientras la mayoría de sus destinatarios eran familiares de los presos. En estas cartas, escritas en español, los prisioneros describían escalofriantes escenas de condiciones antihigiénicas, falta de acceso a los servicios básicos, y un trato discriminatorio en comparación con el trato a los prisioneros chinos.

Un hombre, escribiéndole a su hermano, afirma que la poca higiene en la prisión causó que cayera enfermo, y padeciera una agonía durante los procedimientos médicos; “ellos me realizaron dos operaciones, y déjame decirte que ni siquiera utilizaron anestesia, eso fue horrible, no te puedes ni imaginar el dolor que me causó”. “Estaba realmente enfermo”, añadió, “e iba a dormir a la celda hasta con 25 personas”.

Otros presos se lamentaban de las condiciones de hacinamiento en las que estaban, en comparación con los presos chinos; “[habían] 12 personas por celda compartiendo un servicio, mientras los prisioneros chinos eran sólo cinco por celda”.

En una carta, siete prisioneros colombianos detenidos en la prisión Qingpu de Shanghai, afirmaban que, junto al malestar físico, sus derechos legales estaban siendo violados. Ellos describían cuántos de ellos habían tenido que esperar hasta 32 meses para solicitar una reducción en sus sentencias de por vida a 21 años, mientras que los presos chinos – afirmaban – les fue “automáticamente otorgada” dicha elegibilidad después de 24 meses.

En las cartas, varios colombianos describían que venían de orígenes empobrecidos, y se dedicaban al comercio de drogas con la esperanza de ganarse la vida para sus familias. “Siempre soñé […] con ayudar con lo que fuese necesario tanto como pudiese”, describía un hombre como razón para entrar en el comercio ilegal de drogas, “sin embargo, se convirtió en una pesadilla”.

La situación financiera de los prisioneros colombianos está siendo agravada por el sistema penitenciario chino, el cual obliga a los reclusos a financiar muchos de sus propios gastos cotidianos durante su encarcelamiento. Para solicitar la reducción de la pena antes mencionada, un prisionero debe pagar una tarifa, que algunos reclusos colombianos reportan que están entre los “50 y 100 por ciento de [sus usualmente] gastos anuales”. Este gasto ha resultad ser imposible de obtener para muchos presos colombianos, ya que se gastan las pequeñas cantidades de dinero que tienen en la compra de artículos de aseo personal y ropa, así como alimentos – “debido a la mala calidad de los alimentos proporcionados”. Además, al llamar a sus familias, los presos colombianos afirman pagar cinco veces más que los prisioneros chinos debido a las tarifas de llamadas internacionales.

“Ellos [los guardias de la prisión] son el demonio, no tienen corazón, no te puedes imaginar la tortura por la que nos hicieron pasar […] yo estuve encadenado de los pies durante cinco meses, eso para mí fuero duro, estaba igual que un secuestrado”.

“Lo que quiero es ir a una cárcel de verdad como debería ser […] sácame de este centro de tortura lo antes posible antes de que me vuelva loco”.

“Somos como zombies por aquí, vivimos pero no existimos”.

La ejecución de Arciniegas en febrero indudablemente indujo un mayor temor entre los estimados 56 colombianos actualmente encarcelados en China, particularmente los 15 que están actualmente en el corredor de la muerte.

Aunque las verdaderas estadísticas de China sobre la pena de muerte son un secreto de Estado, se estima que hay más de 1.000 ejecuciones en el país cada año. Un informe de Amnistía Internacional de abril de 2017 describió cómo “los casos de drogas son una de las principales categorías de delitos que reciben condenas de muerte en [China]”.

Sin embargo, ha habido algunos casos que ofrecen un rayo de esperanza a los presos colombianos que languidecen en las prisiones chinas. Harold Carrillo Sánchez, que había sido condenado a muerte por tráfico de drogas, y Sara María Galeano Trejos, que había sido condenada a cadena perpetua, fueron repatriados a Colombia desde China en el 2015 y 2016 respectivamente, por razones humanitarias relacionadas con su mal estado de salud.

Un día antes de la ejecución de Arciniegas, el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano  publicó una declaración que “el Estado colombiano reconoce el derecho de los países a establecer y hacer cumplir su legislación en materia penal, pero reiteramos categóricamente nuestra posición en contra de la pena de muerte, y reafirmamos el derecho inviolable a la vida”.

Desafortunadamente para los colombianos que sufren en condiciones peligrosas e insalubres en el corredor de la muerte, así como todos los reclusos por tráfico de drogas en las cárceles chinas, es poco probable que tales críticas influyan en el enfoque del estado. El gobierno chino parece continuar de una manera firme para poner en práctica su guerra represiva contra las drogas.