El fallo en Afganistán

La guerra contra las drogas en Afganistán no está funcionando. El recientemente publicado informe de la UNODC (la agencia de las Naciones Unidas contra las drogas y el crimen) así lo demuestra concluyendo que el cultivo de amapola ha crecido un 7% desde el año pasado  y que su expansión geográfica ha llegado a cubrir el cincuenta por ciento de las regiones del país. Por si esto fuera poco la producción del opio ha aumentado un 61% al tiempo que ha triplicado su precio desde el 2009. Además el carácter inexpugnable de las zonas de cultivo y producción llevan causando altercados violentos desde el 2003 y la situación parece no tener trazas de cambiar debido al poderoso control que ejercen las organizaciones de traficantes y diversos grupos insurgentes. 

Afganistán es uno de los países con mayores índices de consumo de heroína y opio en el mundo llegando a tener una tasa de prevalencia del 2.65% entre los consumidores de esta ultima sustancia. Esta cifra se ha duplicado desde sus niveles del 2005 y corrobora los datos del primer informe de la UNODC de hace dos años donde se describía un aumento del 54% entre los consumidores de heroína en ese tiempo pasando de los 150.000 iniciales a los 230.000 en el 2009. Por otra parte el consumo de opio se disparó en un 140% pasando de 50.000 a 120.000 en el mismo periodo. A estas cifras también se le debe añadir cerca de un millón de habitantes consumen drogas, lo cual significa un 8% de la población que tiene entre 15 y 64 años.      

Estos resultados según un reciente estudio del World Bank sugieren que el mayor grupo de riesgo para contraer el HIV son los usuarios de drogas inyectables y sus parejas ya que como en todas partes del mundo estos sufren de estigma y discriminación y además la escasa información y conocimiento de medidas para prevenir la transmisión dificulta mucho más la tarea de prevención.  Los datos sugieren que tan solo un 22% de los usuarios se ha hecho un análisis alguna vez para saber si son portadores del virus. Las buenas noticias en cambio son que un 94% admitió haber utilizado jeringuillas esterilizadas en sus últimas inyecciones.

Pero esto, sin embargo, podría pronto convertirse en anécdota ya que la constante presión de la guerra contra las drogas destinada a reducir la accesibilidad a la heroína podría en realidad llevar a los usuarios a inyectarse otro tipo de sustancias ignorando sus posibles malas consecuencias y también a que compartieran jeringuillas debido a la mencionada escasa información por parte de la autoridades y el alto grado de analfabetismo de la población. El uso de estas jeringuillas sin esterilizar, ni que decir tiene, podría convertirse en uno de los factores de avance de la epidemia del HIV en ese país donde todavía está en estados iniciales pero que sin embargo afecta de manera preocupante a los usuarios de drogas inyectables los cuales constituyen un 18% de los 2.000 casos diagnosticados según UNAIDS y la Organización Mundial de la Salud pese a que el gobierno tan solo reconoce menos de 600.

 La erradicación de 3.810 hectáreas de cultivo de la amapola y su incremento en un 65% más que en el 2010 tampoco constituye una cifra significativa o positiva que pueda justificar de alguna manera el éxito de la guerra contra las drogas ya que esta solo representa un mero 3% de las zonas de producción y aunque los planes fueron destinados a acabar con el cultivo en las partes más importantes del país la estrategia claramente fracasó. En Hilmand, por ejemplo, donde más se produce tan solo se erradicaron 1.940 de las 63.000 hectáreas hábiles y por si esto no fuera suficiente las cosechas también se extendieron a 3 regiones que tradicionalmente nunca habían tenido plantaciones y en otras la producción se incrementó en un 227% aunque esta cifra no es tampoco demasiado significativa pues se refiere a pequeñas zonas aisladas.  En cuanto a violencia se refiere los ataques contra el personal de la agencia encarda de la erradicación se han cuadriplicado con respecto al 2010.  

El informe de la UNODC también explica de una manera clara que el aumento en la producción se debe a la recuperación de las amapolas de la plaga que sufrieron el año anterior lo cual repercutió en la actual subida de precios, motivo principal por el que los granjeros eligen esta forma de vida frente a otras opciones como el cultivo de trigo que este año no ha sido muy provechoso. Esta idea está basada en el principio de que menos es más ya que en pequeños campos de cultivo la misma cantidad de amapola produce muchísimos más beneficios que cualquier otro cultivo y los granjeros de esta forma pueden mantener a sus familias y mejorar su calidad de vida.

Un reciente documental de la cadena norteamericana NBC ha denunciado como el gobierno afgano prometía incentivos a los granjeros para que abandonasen la amapola llegando a ofrecer tractores, semillas y abonos gratis mientras que la policía y otras autoridades intermedias se quedaban con los recursos revendiéndolos en el mercado negro. Siendo víctimas de tal situación no es de extrañar que los cultivadores prefiriesen la seguridad y remuneración de la amapola frente a las falsas promesas.

Si bien es cierto que afirmar que los granjeros son del todo libres para decidir qué hacer con sus tierras  es un poco complejo, ya que ellos son también víctimas de los barones de las drogas, a nadie  se le puede escapar que están en legitimo derecho de elegir el mejor de los males.