Evaluación de la Eficacia de las Campañas de Educación sobre Drogas

La campaña del gobierno del Reino Unido del 2010 contra 'drogas legales'

La educación en materia de drogas basada en el miedo ha servido por décadas como piedra angular de las políticas de drogas prohibicionistas, a pesar de su aparente falta de impacto en los niveles de uso o consumo de drogas.

En un documento informativo publicado recientemente sobre la prevención de la dependencia de drogas y alcohol, el Consejo Asesor sobre el Abuso de Drogas del Reino Unido (the UK Advisory Council on the Misuse of Drugs - ACMD) destacó las conclusiones extraídas en el año 2013 por el Centro de Salud Pública de la Universidad John Moores que determinó:

"Con respecto a la prevención en la escuela, el suministro de información por sí sola ('educación en materia de drogas') no fue considerada una estrategia efectiva."

Dentro del contexto de la educación pública, el documento encontró:

"Las campañas independientes en los medios de comunicación masivos para el uso de drogas ilegales fueron consideradas en el mejor de los casos como ineficaces, y en el peor, asociados con un mayor uso o consumo de drogas."

Medir el impacto real de las campañas educativas y mediáticas contra las drogas es algo que esta lejos de ser una ciencia exacta dada la dificultad en determinar que es lo que impulsa a las personas a tomar decisiones. Sin embargo, solo hay que examinar los ridículos, condescendientes, y en algunos casos, ofensivos ejemplos desplegados a lo largo de los años para ver que nunca lograrían sus objetivos de prevenir y reducir los niveles de uso.

Las campañas en los medios tienden a tergiversar la realidad del uso o consumo de drogas, subestimando al público al punto que la gente simplemente hace caso omiso del mensaje. En la década de los 70s, por ejemplo, un anuncio americano sobre los riesgos de fumar marihuana mencionó ridículamente "un repentino deseo de llevar gafas de sol en la noche", entre los efectos secundarios de fumar marihuana. Aterrador!

Para mencionar un ejemplo más reciente -- e inquietante -- poco después de los ataques terroristas del 9/11, La Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca (the White House's Office of National Drug Control Policy - ONDCP) lanzó una campaña en los medios para combatir el uso de drogas que vincula el uso recreativo de drogas al apoyo a terroristas. En uno de estos anuncios, una niña (muerta) acusa a una mujer de financiar su muerte mediante la compra de drogas ilegales, porque "el dinero del narcotráfico apoya cosas terribles". La controversial y multimillonaria campaña fue eventualmente sacada del aire y considerada ineficaz en prevenir que los espectadores consuman drogas.

En el Reino Unido, el gobierno ha invertido dinero en su servicio de educación sobre las drogas "FRANK", desde que fue establecido en el año 2003. De acuerdo con las últimas estimaciones disponibles sobre los costos y beneficios de la estrategia de drogas, para el año fiscal 2011/2012 el gobierno gastó 7 millones de Libras en FRANK, a pesar de sus cuestionables campañas de educación.

En el año 2008, una campaña en línea y por televisión producida por FRANK,  muestra a un perro muerto que habla llamado "Pablo", que había sido utilizado como mula del narcotráfico. En el anuncio “Pablo” explica los riesgos del consumo de cocaína mientras conversa con un distribuidor ilegal de drogas, obtiene algunas píldoras para el dolor de cabeza y muestra fosas nasales sangrantes, esto solo para mencionar algunos riesgos.

La campaña fue criticada por la Fundación Transform Drug Policy por vincular "los daños causados por la prohibición con los daños potenciales del consumo de cocaína", poniendo demasiado énfasis en los aspectos más oscuros de la guerra contra las drogas, “la opción política del Gobierno, y no el usuario de cocaína".

Ed Warren, ejecutivo creativo en the Mother Advertising Agency, quien diseñó el anuncio, explicó la dirección que tomó la campaña “Pablo”, declarando: "Si usted está compitiendo con todas las otras cosas que la gente está viendo, usted necesita atraer una cierta cantidad de interés visual a la misma y crear una pieza de entretenimiento tanto como una pieza de información.

Pero, ¿cuánto debemos sacrificar en nombre del entretenimiento en temas como estos?

Con demasiada frecuencia los anuncios se han centrado en la búsqueda de un chivo expiatorio, alguien a quien culpar por el consumo de drogas de la sociedad en lugar de tratarlo como una realidad que debe ser manejada adecuadamente. Este fue particularmente el caso ocurrido dos años después de la llegada de “Pablo” cuando en el 2010 una campaña antidrogas del gobierno, diseñada para advertir a los estudiantes sobre los riesgos de drogas legales, centró la atención en torno a un "químico loco" (ver foto arriba). The Royal Society of Chemistry denunció esto como un estereotipo ofensivo y vago, y pidió al Ministerio del Interior del Reino Unido (the Home Office) retirar el anuncio.

El fracaso de todas estas campañas mediáticas se basa en no considerar adecuadamente la base misma de lo que debería ser la educación sobre drogas: "La adquisición de conocimientos, comprensión, habilidades y la exploración de actitudes y valores que faciliten a los jóvenes a ser capaces de tomar decisiones informadas sobre su uso o consumo de drogas, así como el de otras personas."

Una gran cantidad de fondos, tiempo y esfuerzo ya se ha perdido en la reducción del uso o consumo de drogas por subestimar a la audiencia con poco o ningún resultado -- los niveles de uso han aumentado, disminuido, o se mantuvieron estables por causas no imputables a estas campañas. Es hora de poner en práctica una mejor y más eficaz estrategia de educación pública en el uso de drogas; en lugar de tratar de detener el consumo de drogas de las personas, las campañas de educación pública y la de los medios de comunicación deberían centrarse más en la minimización y reducción del daño cuando se trata de usar sustancias ilícitas actuales.

Mostrar la desesperación y la soledad que resulta de la drogadicción, o la cara de un consumidor de heroína, no salva vidas ni tampoco mejora el bienestar social. Informar a las personas sobre los intercambios de jeringas y mostrarles cómo prevenir una sobredosis, si puede hacerlo.

Educar significa dar a las personas las herramientas, las habilidades y los conocimientos para formar sus propios juicios y tomar sus propias decisiones, no se trata de adoctrinamiento. Los principios para una mejor educación sobre las drogas ya están allí -- no necesitan ser reescritos, sólo necesitan ser aplicados con eficacia!