¿Desafiar la ley o llegar a fin de mes?

Por Sergio Casesmeiro

A pesar de lo que “los mercados” y algunos políticos dicen, la crisis está lejos de acabar. Todavía queda mucho tiempo hasta que lo que aún queda de la clase media y las clases más pobres puedan percibir la recuperación económica. Pero, ¿qué efectos está teniendo la crisis en la venta y consumo de drogas en los países europeos?

En Grecia, las víctimas más vulnerables de la mayor crisis económica desde la década de 1930 están aumentando el consumo de Shisha. Ésta droga es una variante barata de metanfetamina que puede contener de todo: desde aceites industriales hasta ácido de batería.

¿Quién podría predecir que en los oscuros callejones de la capital europea que hace tan solo ocho años acogió los Juegos Olímpicos, antiguos miembros de la clase media estarían envenenándose a sí mismos para huir de su horrible situación? Por desgracia, la pobreza es un igualador

Hace unos años, las calles de Buenos Aires fueron testigo de un crecimiento en el número de personas que usaban Paco, un residuo barato de la cocaína que es transportada a los lucrativos mercados de Europa y Norteamérica. De esta manera, tanto en Atenas como en Buenos Aires los pobres tienen que consumir cualquier producto que traficantes sin escrúpulos estén dispuestos a venderles.

Este oportunismo añadido al hecho de que el Gobierno griego ha recortado masivamente en programas de ayuda a la drogadicción, está creando una bomba de relojería.

Por otra parte, en España algunos estudios sugieren que debido a la crisis económica el consumo de drogas ha caído. Sin embargo, cada vez más gente está cultivando marihuana para conseguir ingresos extras. Con una estimación de medio millón de consumidores habituales, existe un mercado que explotar.

El Código Penal español penaliza la venta de marihuana, no así su consumo. Su uso está prohibido en espacios públicos pero se permite en privado. Ésta tecnicidad jurídica ha permitido la aparición de clubs de fumadores de Cannabis en el país.

En un intento de aliviar los efectos de la crisis la ciudad de Rasquerra, en Catalunya, votó por arrendar tierras de cultivo a una asociación cannábica por 1.3 millones de euros. Sin embargo un juez paralizó la iniciativa alegando que las autoridades locales no tenían jurisdicción para legislar sobre el uso de marihuana.

Resulta paradójico que un sistema legal que permite al Parlamento declarar una Guerra sin necesidad de hacer una consulta pública, no permita a los habitantes de una ciudad generar los ingresos que necesitan cultivando una planta.

Pero cuando los ciudadanos ven sus ingresos cortado a la mitad, la marihuana no es la única droga que utilizan para llegar a fin de mes. Hay personas que complementan sus ingresos mensuales vendiendo unos pocos gramos de cocaína hasta un químico en paro que sintetiza anfetaminas en un laboratorio improvisado y se las vende a unos clientes cansados de que la calidad de la droga en la calle sea cada vez peor.

Europa no es tan diferente de los llamados países del Tercer Mundo en América del Sur y África donde las autoridades advierten de que: “la pobreza y la corrupción promueven el tráfico de drogas”. La naturaleza humana es la misma en todos los lugares del mundo y cuando las cosas se ponen difíciles la gente trata de sobrevivir de la mejor manera que puede.

Es un preocupante símbolo de nuestro tiempo que ciudadanos que eran respetuosos con las leyes se estén jugando ahora tiempo en la cárcel o tener antecedentes penales, solo para ganarse la vida. Pero, ¿no hicieron los bancos oídos sordos a leyes anti blanqueo para aprovechar los beneficios generados con el tráfico de drogas?

Así que, igual que Walter White, el antihéroe postmodernista de la serie Breaking bad, algunos estudiantes, profesores y amas de casa están dedicando tiempo y espacio para cultivar y/o vender drogas para generar algunos ingresos extra. Cuando no hay dinero para pagar las facturas o el alquiler, la gente busca recursos donde sea.