Gulags en los Estados Unidos

Motivar a los prisioneros para que trabajen mientras cumplen condena no está generalmente considerado como un grave problema, ya que al fin y al cabo esa situación tiene sus ventajas de cara a la reinserción  por los oficios y conocimientos que se adquieren además de implementar un sistema de retribución justo por el trabajo realizado. Aquí la palabra justo juega un factor relevante porque si a la estancia en prisión se le añade un régimen de trabajos forzados sin remuneración además de las pobres condiciones de vida, los abusos de los derechos humanos, las escasas raciones alimentarias y la falta de oportunidades para conseguir una educación que sea útil en el mundo exterior es muy posible que el tiempo que se pasa dentro de la cárcel acabe en realidad convirtiéndose en un verdadero infierno vivido en un campo de trabajo. 

La idea de asociar campos de trabajo con férreos regímenes autocráticos como el de la antigua Unión Soviética y sus Gulags siempre se remonta en la memoria. Para hacerlo más sencillo, los antiguos campos de trabajo en la Unión Soviética eran prisiones donde los reclusos eran condenados a realizar trabajos forzados. Las condiciones eran inhumanas, la mayoría de los presos recibían escasa comida, y sufrían las terribles consecuencias de barracones superplobados con toda la falta de higiene, perdida de espacio personal y salud mental. Las horas de trabajo eran con diferencia más largas que en el mundo exterior y los días libres casi inexistentes y a pesar que desde los años 30 los prisioneros podían redimir sus penas por buena conducta y que desde la década de los 50 algunos podían también ganar algo de dinero estos hechos en nada cambiaban el régimen atroz al que eran sometidos.   

En nuestro mundo moderno donde cada año aumentan la concienciación y la fe en los derechos humanos  todos deberíamos haber llegado a la conclusión de que esta memoria tan horrible del pasado no es nada más que una historia de la que deberíamos haber aprendido para no dejarla repetirse otra vez. Sin embargo esto no es así. .

El 9 de diciembre del 2010 un hecho sin precedentes y de incalculables magnitudes sucedió en 7 prisiones en el estado de Georgia (USA). Reclusos de diferentes clases, religiones y etnias se unieron para pacíficamente luchar por sus derechos en la mayor huelga de presos en la historia de los Estados Unidos. Si la cuestión que cabe preguntarse aquí es como esto pudo suceder en un país que se regocija en ser el paradigma de los derechos humanos. La respuesta sugiere que la huelga sucedió por las mismas razones por las que mantenemos a los Gulags como una de las partes más negras de la historia de la humanidad 

La huelga se convirtió en una expresión de siete demandas que los prisioneros habían remitido al gobierno central. Primero, los reclusos solicitaban un pago justo por sus trabajos. En violación de la  13era Enmienda de la Constitución que prohíbe la esclavitud y el servicio involuntario el Departamento de Prisiones obliga a que los prisioneros trabajen gratis (como en Georgia) o por un pago simbólico que oscila entre un dólar al día o cincuenta centavos la hora como denunció Elaine Brown, una antigua dirigente de los Black Panthers y en la actualidad  defensora de los de derechos de los reclusos.  

La segunda demanda pide más y mejores oportunidades para la educación, cuyo presente y lamentable estado según la señora Brown no es ni tan siquiera digno de ser mencionado.  

Tercero, de acuerdo a los prisioneros el Departamento de Prisiones en contra de la Octava Enmienda de la Constitución deniega un trato médico adecuado a los reclusos. 

Cuarto, y probablemente el postulado más fuerte, se refiere a la demanda de terminar con cualquier forma de castigo cruel e inusual. Según lo denunciado por la Black Agenda Report por lo menos un prisionero ha sido herido por los guardias como respuesta a la manifestación pacífica. De acuerdo con informes presentados por los defensores de los presos los guardias han usado medidas violentas para forzar a los presos a volver al trabajo. Los informes incluyen historias de palizas, destrozo de propiedad privada, acceso restringido a agua fría y caliente y cancelación del régimen de visitas. 

Quinto, los prisioneros demandan mejores condiciones vitales ya que viven apelmazados en celdas y  además el Institute of Southern Studies ha hecho público un estudio en el que se demuestra la poca calefacción en invierno y el opresivo calor en verano. 

Finalmente los reclusos también se oponen a las reglas injustas por las que deben contactar a sus familiares. Las llamadas efectuadas por familiares a los presos en la cárcel cuestan 50 dólares por una hora al mes. Además según informa la web de The World Socialist los presos ya no pueden recibir dinero a través del correo y en su lugar una compañía gestiona las transacciones cobrándose un 10% del valor total.  .

Según la información dada a conocer por el Sentencing Porject, desde 1980 las cifras de encarcelamiento han aumentado un 500% mientras que los crímenes cometidos permanecen estables. Como consecuencia de las políticas judiciales conocidas como “tough on crime” desarrolladas por la administración Clinton los EEUU tienen la mayor proporción de ciudadanos entre rejas del mundo. En la actualidad los prisioneros americanos son utilizados como trabajadores en tareas tan diversas como limpiar autopistas o hacer muebles. La privatización fue un paso todavía más allá cuando grandes multinacionales se dieron cuenta del escaso precio de la mano de obra producida por los presos. Igual que sucedió con los Gulags, que también fueron establecidos por razones económicas, la mayor parte de los presos fueron condenados por crímenes no violentos.

No hay ningún tipo de duda de que la violación de los derechos humanos y la utilización de castigos mayores y más brutales que los crímenes cometidos como instrumentos punitivos son medidas que no deberían pertenecer al mundo civilizado.    

El sistema penitenciario de los EEUU necesita además defenderse de otra acusación. Acusación que está estrechamente ligada al abuso de los derechos humanos en forma de discriminación racial. Atendiendo a las estadísticas de la señora Brown, en la actualidad el 50% de todos los prisioneros en el estado de Georgia son afro-americanos, esta situación no sería anómala si la mayoría racial de ese país fuese de dicho origen sin embargo la población afro-americana solo constituye un 13% de la sociedad estadounidense. Las acusaciones de racismo vertidas sobre la policía y el sistema judicial no hacen más que aumentar y claramente la huelga del 9 de diciembre no hará más que empeorar las cosas.