Felicidad y VIH: una historia para Estonia.

La historia de Tom es una historia como muchas otras. El se la explico a Convictus Estonia, una ONG que ofrece ayuda psicológica a seropositivos y drogodependientes. La historia de Tom explica una realidad en la que género, drogas y VIH están enredados en una experiencia humana.

Talking Drugs esta entregada a explorar historias como esta y a reproducirlas para así provocar un debate sobre como sexo, genero, familia, drogas y VIH dan forma a determinados mundos, ambos públicos y privados: en este caso, la vida de Tom.

Hola! Mi nombre es Tom y tengo 33 años.

He estado pensando en lo que debería escribir. He agrupado mis pensamientos pero algo dentro de mí no me dejaba escribir. Primero, cuando me ofrecieron la oportunidad de escribir sobre mí mismo, mi forma de vivir y convirtiéndome en lo que ahora soy, me pareció mucho más sencillo enseñaros mis pensamientos, como me sentía sobre lo que me estaba ocurriendo. Pero resulto ser mucho más difícil, tenía mis dudas sobre lo que debía escribir. Las banalidades que todo el mundo ya ha leído o escuchado? Casi nunca se puede sorprender a alguien con esa historia y mucho menos recibir compasión. Y así, acompañado de todos estos pensamientos, sentí el gran deseo de hablar claro, de  revelar mis sentimientos.

No busco, en absoluto, simpatía o compasión para mi o para otra gente como yo. Solo quiero decir que por aquel entonces no había nadie con quien hablar sobre esto. Soy seropositivo. Tenía una vida corriente, como la de cualquier persona. Nací en Tallin y siempre he vivido aquí. Una infancia sin preocupaciones, el colegio, los deportes: el sueño de un niño. Después llego el amor, la familia, los hijos, el trabajo, y el hogar, donde era querido y bienvenido. Que más necesita uno para tener la felicidad absoluta? Lo tenía todo! Pero no, no era suficiente, necesitaba darle más sabor a mi vida, necesitaba un poco de adrenalina, un poco de emoción… Las drogas me proporcionaron la adrenalina que ansiaba. Todo empezó con una dosis pequeña. Al principio solo era un mero interés, más tarde las drogas acabaron controlándome y atrapándome. Y lo que es más importante, me gustaba. Por supuesto que tenía dudas, sabía que no acabaría bien. En una balanza puse todo lo que tenía: mi familia, mi mujer, mi hijos, el bienestar de mi hogar, las relaciones con mis parientes y aquellos cercanos a mí. En la otra balanza eche esa dicha que me proporcionaba un mundo de color rosa. Y elegí ese color rosa, disipando todas mis dudas al asegurarme a mi mismo que podía controlar la situación. Estaba seguro de que nada malo pasaría si todo tenía un límite razonable. Eso es lo que pensé y confiaba en mi fuerza. Pero hay telones para todo… Ya no queda dicha, solo dolor. Debido a este dolor comencé a ser poco escrupuloso con la gente y los negocios en los que me relacionaba. Y este es el resultado. Todo está perdido, lo único que me depara el futuro es VIH y la cárcel, y la espesa niebla de la impotencia. Me entere de que era seropositivo cuando me hicieron unos test en la cárcel. Subconscientemente estaba listo para saber el resultado y fue por eso por lo que realmente no me sorprendió. Lo que si me pillo por sorpresa más tarde, fue la actitud de la gente hacia los seropositivos. Uno casi que se podría poner la mortaja y la campana como hacían años atrás con los leprosos. No quiero describir todo lo que ha pasado desde que me entere que tenía VIH. Es mi culpa y nadie me incito a tomar drogas. Si, es cierto. Pero no voy a imponer mis opiniones para probar lo que  está bien y lo que está mal.

Solo quiero decir– gente, mirad hacia atrás, me he dado cuenta de una cosa-  He cometido un error enorme, cayendo en la tentación, pero he pagado con creces por ello. Ahora le estoy dando la vuelta a mi vida, estoy considerando mis opiniones sobre lo que me ocurrió. Me doy cuenta de que no puedo volver a mi pasado cuando era puro. Ahora solo tengo el presente conmigo, y quiero vivir.
Entendí que no estoy solo en este mundo. Hay gente que me necesita, a pesar de todo. Creen en mí. Estoy agradecido de que existan.