La Comunidad Mariposa: Un Movimiento de Mujeres que Usan Drogas en Indonesia

Fuente: Pixabay

Risma está familiarizada con los daños que las mujeres pueden enfrentar en las prisiones de Indonesia. En 2006, Risma fue sentenciada a 18 meses de encarcelamiento luego de ser atrapada con una pequeña cantidad de drogas. Hoy, Risma es una activista en pro de la salud y de los derechos humanos: “Fui una de las beneficiarias de un programa de educación entre pares de una ONG en la prisión de mujeres. Fui liberada pronto por buena conducta e inmediatamente me uní a la ONG como voluntaria”.

Trabajando como educadora entre pares, Risma conoció a mujeres que habían consumido drogas y se enfrentaban a un estigma invalidante. No dispuesta a aceptar esta marginación para ella misma o para sus compañeras, Risma estableció un sistema de asistencia telefónica y asesoramiento para ayudar a las mujeres a luchar por su salud y por sus derechos. “Me di cuenta de que éramos muchas”.

Las llamadas telefónicas se convirtieron en reuniones y, a medida que el número de reuniones crecía lentamente, estas mujeres se hicieron conocidas como la Comunidad Mariposa de Mujeres. Muchas, en particular las mujeres que habían pasado tiempo en prisión, se avergonzaban y les resultaba difícil hablar en persona sobre sus experiencias traumáticas. “Lloramos escuchando las historias de las demás”.

Risma explica: “Me gusta la idea de una mariposa. Cuando es una oruga, no le gusta a nadie, por lo que se mantiene escondida. Pero una vez que se convierte en mariposa, sale al mundo y encuentra amor y apoyo”.

Como madre de tres niños, Risma es muy consciente de los muchos desafíos complejos que enfrentan las mujeres que usan drogas. A pesar del hecho de que la mayoría de las personas que usa drogas en Indonesia son varones, la investigación indica que las mujeres son encarceladas por delitos no violentos relacionados con drogas más que por cualquier otra infracción. Las mujeres que usan drogas deben enfrentar la estigmatización y la discriminación en múltiples niveles y, a menudo, tienen un acceso reducido a servicios de salud y apoyo.

Además, los hallazgos de un estudio reciente, llamado Women Speak Out, indican que los programas estatales existentes que buscan prevenir el VIH y la violencia no están dirigidos a las mujeres que se inyectan drogas, lo cual tiene graves repercusiones en lo que hace al acceso de muchas mujeres a la atención médica y al bienestar general.

Las integrantes de la Comunidad Mariposa comprenden la vulnerabilidad de las mujeres que usan drogas. “[Ellas] necesitan un entorno seguro donde puedan recibir atención médica y servicios de tratamiento por drogas sin separarse de sus hijos”, explica Risma.

Con tales criterios en mente, la Comunidad Mariposa de Mujeres ha crecido y se ha transformado. La misma proporciona un espacio de apoyo, ayuda a las mujeres en el desarrollo de sus medios de subsistencia y las capacita para ser activistas y defensoras de esta causa. Además, la Comunidad Mariposa pone a las mujeres en contacto con asistencia legal y médica. El grupo a menudo interviene en las comisarías o centros de detención cuando arrestan a una mujer para garantizar su seguridad, para proporcionarle información sobre sus derechos y para abogar por el acceso al tratamiento antirretroviral o al tratamiento asistido con medicamentos.

En octubre de 2016, Risma representó a la Comunidad Mariposa en una reunión de mujeres que usan drogas, provenientes de 12 provincias de Indonesia. Fue aquí que 20 militantes se comprometieron a desafiar el status quo y a tener una visión unificada para defender los derechos humanos y obtener justicia para las mujeres afectadas por las políticas punitivas de drogas. Este compromiso, denominado la Declaración de Jenggala por el nombre de la calle en la que tuvo lugar la reunión, estableció una cadena conectada de mujeres dentro de la Red de Usuarios de Drogas de Indonesia (PKNI)1 y un nuevo movimiento dentro de la comunidad de personas que usan drogas.

Juntos, Risma y las mujeres de la Declaración de Jenggala piden el fin de la estigmatización y la discriminación, y leyes menos punitivas para infracciones menores y no violentas de drogas. Una reforma legislativa y leyes menos estrictas son clave para reducir el encarcelamiento de las mujeres y el daño relacionado con dicha situación. De aquí en adelante, la reforma de la política de drogas en Indonesia debe priorizar los derechos, la salud y el bienestar de las mujeres.

 

* Fiona Putri Hasyim es Coordinadora de Género para la Red de Usuarios de Drogas de Indonesia (PKNI)

* Esta pieza fue editada por Claudia Stoicescu

Nota de la traductora: 1. PKNI es una red de organizaciones de usuarios de drogas que se estableció para acabar con el estigma, la violencia, la discriminación y las violaciones a los derechos humanos contra las personas que usan drogas en Indonesia. (Fuente: International Drug Policy Consortium)