La Guerra Contra El Medioambiente

La situación de la “guerra contra las drogas” en Afganistán es poco prometedora. Los países extranjeros han derramado dinero en el cultivo del opio, todavía hoy Afganistán produce un 75% del opio del mundo, con un 18% de crecimiento solamente en el año pasado.  Mas ciudadanos afganos están desarrollando drogodependencia, y los agricultores y usuarios comunes son a los que les toca la peor parte de las consecuencias jurídicas, mientras que los narcotraficantes y políticos sufren. Además de esto, hay otra victima de la “guerra contra las drogas” no mencionada muy a menudo: el medio ambiente.

Cuando se está abriendo espacio a las amapolas para ser cultivadas, la tierra es ilegalmente despejada, bloqueando cualquier hábitat natural y recursos del área. Después de eso, insecticidas químicos y fertilizantes son usados en la tierra en vista de hacerla más conducente al crecimiento de las amapolas: en todo caso, estos químicos tienen el doble efecto de dañar la propia tierra. Adicionalmente, el opio crece en áreas montañosas ricas en cal que son ecológicamente sensitivas por lo tanto son especialmente propensas a los daños causados por los químicos. Muchísimos daños pueden ser vistos provenientes de este duro e irregular tratamiento de la tierra: desprendimientos de tierra, inundaciones, erosión y sequía, prevalecen todos en áreas donde el cultivo del opio está más centrado, especialmente  en áreas fuertemente controladas por guerrilleros. El medio ambiente está aun más dañado por la eliminación de residuos; su comercio ilegal y no regulado para empezar, los cultivadores de drogas no tienen la necesidad de preocuparse por como tratarlos adecuadamente y son capaces de deshacerse de ellos donde más les convenga.

La destrucción de la tierra por la cultivación del opio viene de esto: cultivadores que limpian la tierra donde quiera que ellos sean capaces usando químicos dañinos sin ningún cuidado para con el medio ambiente, y después disponiendo de los residuos usando el método más conveniente para ellos. En todo caso estos problemas no persistirían tan drásticamente si el cultivo no fuera ilegal. Hubiera regulación del cultivo del opio, los gobiernos tendrían la habilidad de disponer donde las amapolas podrían crecer y como deshacerse de los residuos, así como hay restricciones para cualquier cultivo legal que es sembrado y producido.

Mientras tanto, los gobiernos extranjeros están divididos en como afrontar la política de las drogas.   Por un lado, los republicanos de Estados Unidos recientemente trataron de lograr la aprobación del Congreso para el uso de un nuevo hongo. Este hongo, una cepa de oxysporam fusarium, fue diseñado específicamente para la erradicación de cultivos, sin embargo el daño que causaría a la vida vegetal que rodea sería tan grande como el daño a las propios amapolas. La propuesta de este hongo fue bloqueada en Colombia, pero los republicanos todavía trataron de utilizar la investigación  con el fin de obtener el permiso de usar el hongo en el medio ambiente en Afganistán.

Por el otro lado, los gobiernos se están dando cuenta de que la guerra contra las drogas está fracasando. En 2009  EE.UU. anunció que iba a cambiar sus métodos de destrucción de campos de amapolas, y en su lugar usaría  ese dinero para alentar a los agricultores a sembrar otros cultivos. Esta táctica no ha dado mucho éxito, ya que hay mucho dinero de por medio en el tráfico ilegal de opio, pero reconoce que las estrategias anteriores no funcionan, es un paso en la dirección correcta. Con el fin de la guerra contra las drogas vendría el fin de la guerra contra el medio ambiente.