La Guerra contra las Drogas Está Retrasando a la Ciencia

(Source: Wikimedia)

El alcoholismo es una enfermedad implacable - el 90 por ciento de los pacientes sufre una recaída en un plazo de tres años. Pero el Dr. Ben Sessa cree que ha identificado una sustancia que podría ayudar a mejorar estos datos. Sólo hay un problema: la política actual de drogas hace que sea extremadamente difícil para él realizar investigaciones sobre el tratamiento.

Esto se debe a que la sustancia en cuestión es el éxtasis, un fármaco controlado de la Categoría I, que - tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos - se considera  como "carente de  beneficios médicos" y está, por lo tanto, tan estrictamente regulado que es casi imposible para los investigadores clínicos realizar estudios.

Este artículo fue publicado originalmente por Open Society Foundations. El original puede ser visto aquí.

A pesar de que el Dr. Sessa es un renombrado psiquiatra clínico con 20 años de experiencia y el respaldo de una universidad respetada, le ha llevado seis años poner el estudio en marcha. La licencia especial requerida para trabajar con sustancias controladas le costó casi 40.000 dólares y, además, dos años poder adquirirla. El equipamiento de seguridad para laboratorios que se requería y el monitoreo de la aplicación de la ley costaron otros 50.000 dólares.

Su equipo también tuvo que solicitar una variedad de aprobaciones regulatorias, juntas de revisión ética, autorizaciones farmacéuticas y licencias legales y médicas. Estos obstáculos hicieron que el costo de la investigación del Dr. Sessa fuese diez veces mayor. El mes pasado, finalmente anunció el inicio de su estudio, el cual continuará sujeto a escrutinio por parte de funcionarios que supervisan la implementación de la política de fiscalización de drogas.

La experiencia del Dr. Sessa puede sonar como un cuento de regulación irracional e ineficiente, pero su historia es demasiado real y está lejos de ser única. Durante 50 años, y en nombre de la guerra contra las drogas, los encargados de formular políticas sobre este tema han dado prioridad a la aplicación de la ley por encima de la investigación médica. Como resultado, tenemos una guerra contra las drogas que todavía es intensa, y medio siglo de supresión de la investigación y de los descubrimientos científicos.

Aunque esta invasión al derecho de las personas a disfrutar de los beneficios del progreso científico es uno de los costos menos conocidos de la guerra contra las drogas, sus consecuencias son tanto graves como duraderas. Al etiquetar al éxtasis,  entre otras sustancias, como fármaco controlado de la Categoría I, los gobiernos han puesto una enorme barrera a la investigación científica, privando al mundo de posibles avances en salud y conocimiento. Se impone hacer una gran reforma.

Tomemos el cannabis, por ejemplo. A pesar de los casi 4.000 años de historia en los que éste fue utilizado con fines médicos - y a pesar de que se usa actualmente con fines terapéuticos en 29 estados y también en el Distrito de Columbia - hoy por hoy en los Estados Unidos el cannabis también es una sustancia controlada de la Categoría I. Cualquier investigador estadounidense que desee ampliar la comprensión de la sociedad sobre el cannabis se enfrenta a un desalentador panorama de regulaciones.

No tiene por qué ser así. No hace mucho tiempo, el éxtasis se utilizó en la psicoterapia para facilitar la comunicación. (Aunque la sustancia es popularmente conocida hoy como "éxtasis", los investigadores en esos días la llamaron "empatía".) El LSD1 también se usó en algún momento para tratar una serie de problemas de salud, desde el alcoholismo hasta las cefaleas oculares, y fue estudiado en más de 1.000 documentos clínicos en los años cincuenta y sesenta.

Sin embargo, desde que los tratados de la ONU sobre el Control de Drogas de 1961, 1971 y 1988 impusieron severas restricciones, incluso sobre la manipulación médica y científica de ciertas sustancias, la investigación sobre su valor médico prácticamente ha desaparecido. En este momento, en los países de todo el mundo, los investigadores en este campo se enfrentan a las burocracias kafkianas que están interrumpiendo y retrasando su trabajo.

Contrarrestar el impacto opresivo que las políticas de drogas tienen sobre la ciencia requerirá un compromiso a largo plazo para una reforma seria y extensa. Pero hay cosas que las autoridades pueden hacer como medidas provisorias.

Los gobiernos nacionales podrían reclasificar sustancias como el éxtasis, el cannabis y el LSD en categorías menos restrictivas, lo que las pondría bajo un control regulatorio más factible y abriría opciones para la investigación científica, sin dejar de cumplir con los tratados mencionados. Los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas también podrían levantar las exageradas tarifas de licencia cobradas a los científicos para sus estudios de sustancias controladas y podrían simplificar y agilizar las aprobaciones de licencias para la investigación académica de las sustancias mencionadas.

En última instancia, sin embargo, los encargados de formular políticas - tanto a nivel nacional como internacional - tienen que empezar a ver de forma más crítica la forma en que la guerra contra las drogas está presionando a los investigadores del mundo, sin dejarles opciones. Ya hemos dejado escapar, como agua entre los dedos, más de 50 años de investigación. Ha sido suficiente.

 

* Nota de la traductora: (1) LSD es el acrónimo de dietilamida de ácido lisérgico.