La pena de muerte no detiene el uso de drogas

Un informe de la ONU concluyó que Singapur tiene el índice de ejecuciones per cápita más alto del mundo, tres veces superior a Arabia Saudita, el país que le sigue en la lista y que es mundialmente conocido por lo estricto de sus leyes.

En Singapur, los imputados por delitos a mano armada o tráfico de drogas están condenados a la pena capital. La Ley de Uso Indebido de Drogas incluye la pena de muerte para al menos 20 delitos relacionados con drogas. Por ejemplo, la simple posesión de más de 500 gramos de hachís o marihuana es castigada con la pena de muerte. Lo mismo ocurre con la posesión de más de 15 gramos de drogas duras como anfetaminas u heroína.

La ley ha sido fuertemente criticada por organizaciones de derechos humanos quienes afirman que dicha ley contiene cláusulas que atentan contra el derecho a la presunción de inocencia. Bajo su aplicación muchos drogadictos han sido ahorcados por posesión de cantidades relativamente pequeñas de droga.

A fines de 2005, Van Tuong Nguyen, australiano de origen vietnamita fue sorprendido con casi 400 gramos de heroína. Pese a la movilización popular en Australia y a la petición de clemencia por parte del gobierno australiano, el joven fue ejecutado. En 2003, Yen May Woen, una peluquera de 36 años fue condenada a muerte por posesión de 30 gramos de heroína.

Pero a pesar de la severidad de la ley, el abuso de drogas como la heroína ha experimentado un sostenido aumento en los últimos cuatro años. De acuerdo a cifras de la Oficina Central de Narcóticos de Singapur, el año pasado fueron arrestados 1.876 drogadictos, de los cuales el 60% correspondían a adictos a la heroína, mientras que en 2008 la cifra fue de un 46% de los 1.925 drogadictos arrestados. Una de las razones que explicarían el aumento del consumo de heroína según el director de la CNB es la cercanía con una de las mayores zonas productoras de opio conocida como el “Triángulo de Oro”, área de más de 350.000 kilómetros cuadrados en las montañas de Myanmar, Vietnam, Laos y Tailandia.

Pero, ¿un sistema legal tan estricto es realmente efectivo para combatir las drogas? ¿Qué pasa con la libertad que cada individuo tiene de elegir lo que mejor le parezca para su vida?