La Postura de Estados Unidos sobre la Fumigación con Glifosato en Colombia es Injustificable

La continua defensa de los Estados Unidos de utilizar glifosato para fumigar los cultivos de coca en Colombia - la materia prima utilizada para hacer la cocaína - a pesar de la decisión del gobierno de detener la práctica es una señal preocupante de que la salud y los derechos humanos siguen siendo ignorados en la estrategia antinarcóticos de los Estados Unidos.

El 14 de mayo, el Consejo Nacional de Estupefacientes de Colombia votó 7-1 para suspender la fumigación de cultivos de coca utilizando glifosato (conocido por su nombre comercial como Roundup), informó El Tiempo.

La decisión se produjo después que las divisiones fueron expuestas dentro del gobierno de Colombia sobre la utilización de esta estrategia, por un lado el Ministerio de Salud y el presidente Juan Manuel Santos recientemente expusieron su oposición a las fumigaciones, mientras que el Ministerio de Defensa siguió defendiendo su uso.

El punto crucial del debate radica en los daños potenciales que el glifosato puede causar a la salud de las personas, tras el anuncio en marzo por una agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que el glifosato es probablemente un carcinógeno.

Colombia, con el fuerte respaldo de los Estados Unidos, ha estado fumigando por via aérea los cultivos de coca con herbicidas desde 1994. En algunos casos, el glifosato ha sido rociado muy por encima de la altura recomendada de 3 a 10 metros y en un nivel de concentración superior a lo recomendado - 23.7 litros por hectárea, en lugar de 2.5 litros por hectárea. Este, muchas veces, imprudente acercamiento no sólo ha destruido cultivos lícitos de la gente y ha sido perjudicial para la fertilidad del suelo, también esto ha creado una serie de enfermedades con reportes de enfermedades de la piel, problemas respiratorios, abortos involuntarios y malformaciones en las comunidades que fueron fumigadas.

Lo que es más, la propia comisión asesora del gobierno de Colombia sobre la política de drogas, encontró en el año 2013 que la fumigación con glifosato solamente da resultado en una disminución en la erradicación de cultivos de coca del 15-20 por ciento por cada hectárea fumigada.

Entre 1996 y 2012, 1.6 millones de hectáreas fueron fumigadas, de acuerdo con la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA por sus siglas en Inglés).

Teniendo en cuenta los hallazgos de la agencia de la OMS para este año, junto con otras pruebas que apuntan a los daños causados por el glifosato y la ineficacia de la fumigación aérea, se esperaba que EE.UU. -- supuestamente recién embarcado en un camino más progresista de su política de drogas  -- podría haber sido de apoyo para la suspensión de las fumigaciones. Pero no fue asi.

Como informó The New York Times a raíz de la decisión del 14 de mayo, los funcionarios estadounidenses trabajaron duro para convencer al gobierno de Santos para continuar la fumigación aérea. El embajador estadounidense en Colombia Kevin Whitaker escribió un artículo de opinión publicado en el diario El Tiempo días antes de la votación del Consejo, declarando: "La mayor parte de la reducción del cultivo de coca se debe a la fumigación aérea," antes de señalar a ciegas la importancia de la erradicación de la coca de esta manera debido a los daños que causa la cocaína a la salud de los usuarios. Al parecer, la salud de los pobres rurales de Colombia, es una preocupación secundaria.

William Brownfield, Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley, por su parte, defendió el uso de glifosato citando que es el herbicida más utilizado en el mundo y le dijo a la revista TIME que no había habido un solo caso verificado de cáncer causado por el glifosato.

Brownfield también declaró el mes pasado a Caracol Radio que si Colombia prohíbe la erradicación aérea con glifosato, se estaría enviando mensajes contradictorios a los productores nacionales que lo utilizan para la agricultura comercial.

Hay dos problemas principales con los comentarios de Brownfield. En primer lugar, mientras que él está en lo correcto acerca de que el glifosato es usado en todo el mundo, esto no es motivo para su uso continuo en las medidas de erradicación. En la mayoría de la agricultura, su uso es mucho más específico y se adhiere a las pautas de concentración y de aplicación (donde la fumigación aérea no siempre sigue estos parámetros).

En segundo lugar, el tema del glifosato como carcinógeno bien podría ser controversial por el momento, pero esta incertidumbre no descuenta el número de otros efectos negativos que ha tenido en las zonas rurales pobres de Colombia, como se destacó anteriormente.

La ruptura de Colombia con los EE.UU. sobre su estrategia antinarcóticos en este punto, es una ocasión trascendental. Como Adam Isacson de WOLA le dijo al New York Times, "Colombia y los Estados Unidos han estado en estrecha colaboración dentro de un enfoque de línea dura. Es la primera vez que ha habido diferencias sobre cuál debería ser la estrategia a seguir, en la historia reciente ".

Mientras que esto demuestra que la influencia estadounidense puede ser menguante, los acontecimientos en torno a este debate son aún más esclarecedores porque revelan que los EE.UU. todavía va a luchar para tener su cuestionable programa antinarcóticos implementado.

Las personas pueden argumentar que los EE.UU. esta enfrentando una ola de reformas, domésticamente - aunque confinados en gran parte a las políticas de marihuana - y esto ha cambiado su línea en el sistema de control de drogas mundial haciendo hincapié en que hay "flexibilidad" a la hora de interpretar las Convenciones de Drogas de las Naciones Unidas. No creo por un segundo, sin embargo, que todavía no lucharán duro para asegurar que los narcóticos no entren en su país, independientemente de las consecuencias para la salud y los derechos humanos que abordar este tema podría tener para los países productores.