Las Grandes Farmacéuticas se Apoderan del Mercado Brasileño Mientras la Ley de Cannabis Medicinal está Paralizada

Productos de cannabis medicinal exhibidos en el Museo del Hachís, la Marihuana y el Cáñamo, Amsterdam. Fuente: Wikimedia Commons.

El 8 de junio, después de cinco largos años, la Comisión Especial de la Cámara Baja del Parlamento brasileño se reunió para discutir y votar la Ley sobre Cannabis Medicinal.

 

La Ley de Cannabis Medicinal 399/2015, que busca regular el cultivo industrial de cáñamo y cannabis medicinal, y que ha generado oposición de un grupo de parlamentarios de derecha, está esperando la deliberación de la Oficina de la Cámara de Diputados para avanzar hacia el próximo trámite parlamentario. Una vez más. Varios miles de pacientes de cannabis medicinal están esperando que el presidente de la Cámara Baja, el aliado cercano a Bolsonaro Arthur Lira, la ponga en mesa para votación. Si la propuesta es rechazada, el proyecto de ley puede continuar su camino hacia el Senado. En caso que ésta sea aprobada, pasará al plenario del Parlamento.

En agosto 2020, había cerca de 20,000 personas autorizadas para importar productos de cannabis medicinal hacia Brasil. Asociaciones como ABRACE, que están autorizadas para cultivar y procesar cannabis, proveen a los muchos otros pacientes que no tienen los medios para pagar los exorbitantes precios del aceite de cannabis importado. La compañía farmacéutica brasileña Prati-Donaduzzi, cuya patente por 20 años para producir aceite de CBD fue recientemente revocada, ofrece una alternativa a los productos importados. Sin embargo, dicha alternativa es manufacturada con materias primas importadas. Con un costo equivalente a 2 salarios mínimos (£ 315), la botella de 30 ml también es inaccesible para la mayoría de los pacientes.

 

Captura del mercado por las farmacéuticas

 

Antes de votar la Ley 399, el Gobierno, que se opone a la legislación y a la regulación de la cultivación de cannabis en Brasil, trat[o de entorpecer estratégicamente su avance. El Ministerio de Salud sugirió y consideró la incorporación del aceite de CBD en el Sistema Universal de Salud (SUS, en portugués). Sin embargo, la única concentración permitida sería 200 mg/ml. Este intento por incorporar un producto con una concentración muy específica establecería el monopolio de Prati-Donaduzzi, que se convertiría en el único proveedor de aceite de CBD con la concentración aprobada por la Agencia Brasileña de Regulación en Salud (ANVISA). El 23 de octubre de 2020, el Ministerio de Salud firmó un acuerdo secreto con Prati-Donaduzzi para facilitar la transferencia tecnológica y cla ooperación técnica.

La medida despertó las sospechas de Paulo Teixeira, el legislador que dirige la Comisión Especial sobre la Ley de Cannabis Medicinal, y de Luciano Ducci, el reporte de la ley, quien requirió al Ministerio de Salud que el contenido del acuerdo fuera hecha público. Apenas unos días antes que la Comisión Especial votara la moción, el Ministerio de Salud publicó una ordenanza en el Diario Oficial de la Unión, e hizo pública su decisión de no integrar el el aceite de CBD en el Sistema Universal de Salud. Cabe destacar que el congresista Osmar Terra, uno de los hombres fuertes de Bolsonaro y feroz opositor a la Ley 399, trató de bloquear esta iniciativa parlamentaria diciendo que sólo favorecería a las grandes empresas farmacéuticas internacionales, manteniendo silencio sobre el esquema Prati-Donaduzzi y sin cuestionar jamás la revocación de la patente.

Mientras la situación del cannabis legal y regulado en Brasil es caótica y está muy lejos de ser resuelta, inversionistas extranjeros miran la situación con signos de dólares en los ojos. Según el último informe sobre Latinoamérica y el Caribe de Prohibition Partners, hacia 2025 el número de pacientes brasileños de cannabis medicinal podría aumentar 11 veces, alcanzando las 260,000 personas. La misma fuente estima que hay más de 2 millones de pacientes potenciales en el país.

Los inversionistas, por supuesto, transformar a los “pacientes médicos” en “mercado” y “ganancia”. Algunas compañías no sólo están interesadas en importar sus productos hacia Brasil, sino que también esperan que la Ley 399 sea aprobada para que puedan comenzar a cultivar cannabis en el país tropical, donde la fuerza de trabajo y los costos de producción son mucho más baratos que en Europa o Norteamérica.

Mientras aún no es posible para las compañías cultivar cannabis en Brasil dentro de un marco legal, empresas extranjeras están tomando ventaja de la regulación de la ANVISA. Recientemente, compañías canadienses como MedPharm Labs y PharmaCielo recibieron autorizaciones de exportación para ofrecer sus productos de cannabis medicinal en el mercado brasileño. La compañía suiza Promediol, que tiene una filial brasileña, ha sido autorizada por ANVISA para producir aceite de CBD. Desde una perspectiva neoliberal estas iniciativas pueden ser vistas como simples empresas competidoras ofreciendo opciones a los consumidores. Pero los consumidores, en este caso, son pacientes médicos y lo que se les está vendiendo son medicinas que mejoran la calidad de vida.

La salud, en Brasil, es un bien de consumo. Desafortunadamente. Como cantaba Gil Scott-Heron en otro contexto, donde la vida y la salud también eran tratadas como bienes de consumo: “Cuando se trata de la seguridad de las personas/ El dinero siempre gana.”

 

*Felipe Neis Araujo es un antropólogo brasileño preocupado por las políticas de drogas, la violencia estatal, el racismo estructural y la reparación de las desigualdades históricas. Escribe mensualmente un artículo para TalkingDrugs. Contactarlo a: neis.araujo@gmail.com