¿Qué les Decimos a Nuestros Hijos Sobre las Drogas?

He estado estudiando las políticas de drogas y abogando por su reforma desde hace años, por lo que no esperaba estar tan desprevenido cuando me preguntaron: “¿Qué les decimos a nuestros hijos sobre las drogas?”

Esta pregunta me impulsó a reflexionar seriamente sobre el tema y a tratar de encontrar una respuesta integral. La respuesta breve, ligeramente vaga, es “la verdad”, pero eso es ignorar la vasta complejidad emocional del tema. Nuestros hijos son individuos inteligentes y complejos que absorben una gran cantidad de datos que definen sus personalidades a través de diversas interacciones sociales, compañeros y redes familiares.

Como padres, debemos respetar la inteligencia de nuestros hijos y confiar en que tomarán decisiones sensatas una vez que cuenten con el conocimiento y la información correctos, para reducir el daño potencial contra sí mismos u otros de sus pares en sus experiencias sociales. A la edad de diez años, muchos niños sabrán qué son las drogas, dónde conseguirlas, qué aspecto tienen y, sobre todo, cuáles son legales y cuáles son ilegales.

Lamentablemente, tener que explicar esta diferencia legal a nuestros hijos le resta valor al importante mensaje educativo que deberíamos transmitirles.

En verdad, lo que realmente se necesita son programas nacionales de educación sobre drogas enfocados fundamentalmente en padres y adultos jóvenes, informándoles sobre los hechos relacionados con las drogas más usadas en nuestra sociedad y los factores de riesgo real que plantean las diferentes sustancias. Sin lugar a dudas, dos drogas peligrosas y potencialmente generadoras de dependencia también son aquellas con las que nuestros niños entran en contacto regularmente, porque de alguna manera nos hemos educado a nosotros mismos para creer que estas drogas son seguras porque son legales.

El alcohol y el tabaco son, obviamente, los ejemplos señalados, y la confusión causada por esta suposición errónea es, indudablemente, un factor preponderante en las miles de muertes relacionadas que se producen cada año. No voy a denigrar estas sustancias legales o a aquellos que las usan. Prefiero centrarme en una de ellas como un buen ejemplo para la futura formulación de políticas.

El consumo de cigarrillos ha caído en picada en muchos países occidentales durante la última década, especialmente entre los jóvenes. Esto se debe principalmente a las campañas precisas de concientización sobre los riesgos para la salud, las prohibiciones de publicidad, las estrictas normas sobre la exhibición de productos y las prohibiciones de consumo en lugares cerrados. Como contrapartida, esto está teniendo un efecto real en la reducción de enfermedades relacionadas con el tabaco. Se debe adoptar un enfoque similar con respecto a otras drogas, incluido el alcohol.

Muchos países ahora incluyen advertencias sanitarias en los paquetes de cigarrillos.

Entonces, ¿qué les decimos a nuestros hijos?

Lo más importante que podemos hacer es enseñar a nuestros hijos cómo se desarrollan sus cuerpos y sus cerebros a medida que crecen. Es fundamental que comprendan que nuestro cerebro se desarrolla vigorosamente hasta alrededor de los 18 años, y no para de hacerlo hasta varios años después. Durante este período, los jóvenes desarrollan características importantes, como el bienestar emocional saludable y la empatía en situaciones sociales, mientras que simultáneamente se enfrentan a confusos desequilibrios químicos derivados de la pubertad.

A decir verdad, los jóvenes deben evitar la mayoría de los estimulantes e intoxicantes durante este período de su desarrollo. Incluso la cafeína, uno de los estimulantes más aceptables, puede ser particularmente generador de dependencia y perjudicial para los niños.

Debemos enseñar a nuestros hijos a preguntar siempre que sientan curiosidad, y nunca tocar las cosas antes de entender lo que son. A medida que crezcan, se enfrentarán a los mismos tipos de situaciones, preguntas e invitaciones en sus círculos sociales, tal como nos pasó [a nosotros] en nuestra juventud y, como padres, es nuestra responsabilidad educarlos en la medida suficiente para que puedan protegerse.

Para los padres, esto significa estar siempre disponibles para que sus hijos se acerquen, sin importar qué tan grandes o pequeños puedan ser sus problemas, y alentarlos a que pidan consejo si alguna vez les ofrecen, o consideran probar, algo nuevo. Es importante que nosotros, como padres, estemos suficientemente informados, de modo que podamos enseñarles acerca de las diferencias entre sustancias, la importancia de la reducción de daños y lo que podríamos clasificar como alternativas más seguras o formas de consumo más seguras.

Sólo podemos ser padres eficientes cuando nuestros hijos confían en nosotros. La mejor y única forma de llegar a nuestros hijos es diciéndoles la verdad, tal y como ellos necesitan escucharla. Esto es lo que les diré a mis hijos y me aseguraré de decirles: “¡Gracias por preguntar!”

* Stíofán Caomhanach es un investigador y activista, y el fundador de Legalize Cannabis Ireland.