Los Rohingya, las Drogas y las Narrativas sobre la Diferencia

Refugiados Rohingya en Bangladesh

Refugiados Rohingya en Bangladesh (Fuente: EU/ECHO/Pierre Prakash)

Las vidas de los refugiados Rohingya en Bangladesh están en peligro debido a las afirmaciones sin fundamento sobre su vinculación con las drogas.

El pueblo Rohingya, un grupo étnico del estado de Rakhine en Myanmar, ha sido objeto de una brutal represión militar desde el año 2016, que ha dejado un estimado de 43,000 personas desaparecidas, presuntamente muertas. Desde el comienzo de esta crisis, se estima que más de 600,000 hombres, mujeres y niños huyeron a Bangladesh para escapar de la misma suerte.

Desde que comenzó esta crisis, han comenzado a surgir noticias en Bangladesh que afirman que estos refugiados son responsables del contrabando de yaba - un derivado de la metanfetamina - en el país, a pesar de la falta de pruebas que los respalden.

El uso de Yaba ha ganado popularidad en Bangladesh en los últimos años, según los expertos.

"Hoy, el 80 por ciento de los usuarios de drogas en Bangladesh consumen Yaba. En el año 2002, muy pocas personas fueron afectadas por Yaba, tal vez 100. Pero ahora, alrededor de 60,000 personas usan diariamente Yaba en Cox's Bazar [una ciudad cercana a la frontera con Myanmar]. Estrellas de cine, médicos, docentes, esposas, estudiantes, todos ellos toman pastillas Yaba", según Didarul Alam Rashed, director de una cadena de centros de tratamiento de drogas.

Algunos dentro del país sostienen que esta tendencia está vinculada al creciente número de refugiados Rohingya que viven a lo largo de la frontera. Citando a funcionarios anónimos de Bangladesh, varios medios de comunicación - publicaciones locales, así como Reuters y the Diplomat - han informado que yaba se está produciendo en Myanmar y luego es transportada de contrabando a Bangladesh por refugiados Rohingya.

Leyendo entre líneas, la narración intencionada es clara; los Rohingya son responsables. Otros factores, como el aumento de la demanda, precios más bajos, cambios en la disponibilidad de otras drogas y diversos problemas socioeconómicos, son secundarios, si se considera que no son relevantes.

Las narrativas son herramientas esenciales para dar forma a nuestra realidad; nos dicen dónde mirar y qué pensar. La culpabilidad de los Rohingya por la afluencia de yaba es extrañamente una reminiscencia de las narrativas sobre la "manía de la marihuana" en los Estados Unidos en la década de 1920, que culpó a los inmigrantes mexicanos de un aparente aumento en el consumo de cannabis. Estas narrativas combinan la identidad de un grupo minoritario con el uso o suministro de drogas, comenzando un proceso de miedo y "otredad" que puede dar como resultado políticas inhumanas y represivas hacia el grupo en cuestión.

Según los sociólogos, la "otredad" es el proceso mediante el cual se construye la diferencia entre "nosotros" y "ellos". Históricamente, es común que los temores públicos sobre las drogas sean manipulados para generar un sentido de diferencia sobre el cual se justifican las políticas discriminatorias. Después de la revolución mexicana, el gobierno de los Estados Unidos alimentó los temores sobre la "manía de la marihuana" y la amenaza que representaba la "hierba asesina" para los "valores estadounidenses" antes de difundir la narrativa de que el cannabis era introducido de contrabando en el país por los migrantes mexicanos. Esto revivió el tema recurrente migratorio/criminal en el siglo XX y los historiadores del narcotráfico argumentaron que se usó la palabra española "marihuana" en lugar de "cannabis" para hacer que la droga suene más mexicana, fusionando así "drogas" y "mexicanidad" en la mente del público estadounidense. Esto condujo a la promulgación de innumerables políticas represivas que devastó vidas inocentes, un legado que perdura hasta nuestros días. Similar “otredad” ocurrió con el nombre de las drogas, incluido el tratamiento de los inmigrantes chinos en la Gran Bretaña victoriana, con la narrativa de que propagaron el uso del opio.

Por lo tanto, aunque sea incipiente, el discurso emergente sobre los Rohingya y las drogas podría alimentar un proceso destructivo de "otredad" en Bangladesh.

Estas historias ayudarán a definir las relaciones entre los Rohingya y el resto del mundo si no existe una fuerte contra-narrativa. Si los Rohingya son asociados tácitamente con yaba, entonces no es difícil imaginar que políticas similares a las que enfrentan grupos minoritarios "similares" se hagan realidad. La presencia policial ha aumentado a lo largo de la frontera, y muchos Rohingya han sido arrestados o asesinados en supuestos "tiroteos" con las fuerzas de seguridad de Bangladesh. Han comenzado a surgir historias perturbadoras de abusos de poder y los refugiados Rohingya han sido acusados de ofensas por los locales.

Por lo tanto, debido a la publicación de muchas afirmaciones no verificadas, un refugio vital para estos refugiados corre el riesgo de convertirse en otro lugar en el que son un "otro" no deseado. Las historias sobre diferencia ya le han costado a estas personas sus hogares, sus tierras y sus vidas. Es hora de cambiar la narrativa.