Más mujeres en las cárceles estadounidense

Estados Unidos es el país con la tasa de encarcelación más alta del mundo. Un 25% de la población mundial en prisión se encuentra en Estados Unidos, a pesar de que su población es solo un 5% de la mundial. Esto se debe principalmente a que la duración de las sentencias de prisión supera la media de cualquier otro país.
Las cifras son todavía menos alentadoras si nos fijamos en la población de reclusas la cual constituye una decima parte del total de reclusos. En los últimos 30 años el número de mujeres en prisiones federales y estatales ha aumentado gradualmente. Ante estas cifras las preguntas son: ¿Cual es la causa de este aumento? ¿Que información obtenemos del sistema judicial norteamericano y de su política de justicia?
 Según un informe de la American Civil Liberties Union y el Bureau of Justice Statistics  se debe a:
• El número de mujeres en prisiones federales creció de 12300 en 1980 a 182271 en 2002.
• Entre 1986 y 1999 en número de mujeres encarceladas en prisiones estatales por delitos no relacionados con drogas incremento un 129%, mientras que un 888% fue sentenciadas por delitos relacionados con drogas.
• Desde 1986 hasta la fecha la población femenina en prisiones federales y estatales ha aumentado un 400%. 
• Entre 1986 y 1996 el numero de hombres sentenciados a prisión por delitos relacionados con drogas aumento un 32%, mientras que en el caso de las mujeres fue de un 49%.
• Desde 1999 hasta ahora, el 72% de las mujeres en prisión han sido sentenciadas por delitos relacionados con drogas.
• Desde 1986  se ha experimentado un incremento del 800% en número de mujeres afro-americanas en prisión.
• En 2003 un 58% de las mujeres fueron sentenciadas a prisión por delitos de drogas en comparación con un 48% de los hombres.
De acuerdo con estos datos se entiende que en la mayoría de los casos en los que una mujer es sentenciada a prisión se debe a delitos relacionados con drogas más que por actos violentos o alteración del orden público.
La política norteamericana sobre War on Drugs ha sido uno de los principales causantes de esta situación. Desde que en 1986 se aprobó la Ley Contra el Abuso de Drogas el número de sentencias de prisión por crímenes no violentos ha aumentado considerablemente, sobre todo desde que se incluye un mínimo de prisión para delitos de drogas (de 5 a 10 años).
En este contexto son las mujeres las que pagan el precio más alto por cometer delitos relacionados con tráfico de drogas. Como se demuestra en el informe de American Civil Liberties, las mujeres ocupan los escalones más bajos del narcotráfico por lo que no cuentan con los mismos recursos e información para influir en decisiones relacionadas con el tráfico de drogas que los hombres. En muchos casos se trata de mujeres de bajos estratos sociales que desconocen las consecuencias legales de su actividad y que han sido forzadas a traficar por un familiar o por su situación económica. Por otro lado, se dan casos de mujeres condenadas por encubrir o apoyar a su pareja o familiares sin que se haya producido una investigación detallada sobre sus condiciones económicas o sociales (dependencia económica, victima de violencia de género…). Consecuentemente, el numero de  mujeres en cárceles estadounidenses ha aumentado un 757% desde 1977 a 2005, según un informe del Institute of Women and Criminal Justice (Instituto de Mujeres y Justicia Criminal) publicado en 2006.
El encarcelamiento de mujeres constituye un objetivo fácil para una política antidroga que ignora un problema mucho más profundo. Las reclusas envueltas en consumo y trafico de drogas son las victimas de discriminación y maltrato de una política prohibicionista y punitiva que pasa por alto su contexto socio-económico. En muchas ocasiones se trata de madres solteras, estudiantes de instituto,  victimas de abuso infantil o/y domestico o mujeres con enfermedades mentales cuyo encarcelamiento conlleva a una situación de marginalización y estigma.
El informe de American Civil Liberties Union y el Bureau of Justice Statistics  señala dos factores que definen la vida de una mujer en una prisión estadounidense: abuso, sexual y físico, y privación a acceder a una atención sanitaria adecuada. La combinación de estos dos factores supone el deterioro de la salud de estas mujeres, reincidencia e irreparables traumas que desembocan en un círculo vicioso de consumo, victimización y violencia.
Todos estos elementos indican la incompetencia de la política estadounidense sobre drogas. Un sistema en que las victimas son castigadas al servicio de la justicia no solo ataca a las victimas, si no que también destruye el ideal de justicia. Antes de preocuparse por castigar los consumidores o traficantes menores, la justicia estadounidense debería centrarse en revisar el sistema penitenciario y de las condenas transformándolo un sistema que advocase por la reintegración e integridad de los consumidores.
Orginal por Stefania Morosoni: http://www.talkingdrugs.org/us-prisons-more-and-more-women-behind-the-bars.