Massimo Barra es el Vice-Presidente de la Standing Comisión de la Cruz Roja Internacional y la Media Luna Roja

¿Cuáles son los valores que soportan su trabajo en las materias de drogas y drogadicción como vicepresidente de la Cruz Roja y la Media Luna Roja?

 El movimiento internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja con más de 186 sociedades activas en todo el mundo se basa en siete principios fundamentales:  humanidad, universalidad, neutralidad, imparcialidad, independencia, unidad y voluntariado. 

 El primer principio es el más importante. La humanidad es la base de todas nuestras labores con  personas vulnerables. Los drogadictos pueden ser considerados entre las personas más vulnerables en el mundo ya que sufren no solo física y psicológicamente si no que además son victimas de la estigmatización social.

  ¿Cree que existe una gran diferencia entre las políticas internacionales sobre drogas y los principios establecidos en el Consenso de Roma? 

 Las políticas internacionales en materia de drogas distan mucho todavía de estar sostenidas por evidencia científica o por principios humanitarios. Esto sucede porque el aparato represivo de los estados ignora los intereses y las opiniones de aquellos preocupados por la salud.

A las reuniones anuales de la UNODC (la Agencia para el control de drogas y crimen de las Naciones Unidas) en Viena, asisten más policías, agentes de aduanas, jueces y burócratas que médicos, psicólogos y activistas. Esto indica que los estados están más preocupados con el desarrollo de medidas prohibicionistas, las cuales generan crimen, que con la salud de los consumidores de drogas.

Vd. ha dicho que “es tiempo de reivindicar una nueva forma, mas allá de la prohibición e incluso la reducción de daños”. ¿Podría explicar su punto de vista al respecto?

Una nueva política humanitaria en materia de drogas sería aquella que uniese compasión (en el sentido etimológico de la palabra, es decir encargarse del sufrimiento y las dificultades de los drogadictos) con las suficientes habilidades terapéuticas para superar sus adicciones

En nuestra propia experiencia de más de 30.000 casos nadie puede considerarse como un caso perdido y el paso del tiempo además puede verse como un formidable aliado.
Tanto las políticas prohibicionistas como las de reducción de daños presentan ambigüedades que necesitan ser clarificadas.

Existe una  ciega y estúpida prohibición que trata a las drogas como la peor de todas las plagas y a los consumidores como pecadores o criminales. Esta es la opinión dominante en el mundo. Esta concepción de los consumidores de drogas, sus necesidades y sus patologías automáticamente produce estigmatización y discriminación.
Sabemos que la discriminación y la estigmatización sufridas por los consumidores de drogas matan  a más gente  que las propias substancias. Los efectos colaterales de la prohibición son un peso inaceptable para cualquier sociedad porque transforma la ideología de la guerra contra las drogas en una guerra contra los consumidores. Esta posición causa daño en los individuos, sus familias y la sociedad  en general. Y también va contra los intereses de los estados porque no garantiza la salud de sus ciudadanos.

 Las políticas de reducción de daños también pueden ser interpretadas de forma  ambigua como una renuncia a los efectos terapéuticos necesarios para superar la condición patológica de los adictos.

 Con una política humanitaria, la reducción de daños se convierte en una parte integral de la terapia;  es una terapia en si misma y tiene el fin de proteger la vida de los consumidores de drogas, en la espera activa del momento en que la loca “historia de amor” de un individuo por una substancia perderá su fascinación inicial y disminuirá su rutina (el momento de éxito de la terapia)

 La política humanitaria se ocupa de la salud de los consumidores, por sus vidas y por las consecuencias colaterales del consumo y también con cada herramienta conocida que funcione para superar la adicción.

¿Cuál es el papel hoy en día de los centros de tratamiento como Villa Maraini que Vd. fundó en 1973 para ayudar a los consumidores de drogas dada la ausencia de ayudas políticas e institucionales?

Los centros de  tratamiento deben ayudar a la gente superar sus adicciones y también deben orientar a las instituciones y la opinión pública en materia de política y drogas para mejorar los problemas y no hacerlos peor.  

Desgraciadamente muchos centros de tratamiento en el mundo se están convirtiendo en un problema porque están dirigidos por personas ambiguas y dogmáticas o creyentes representantes  de las políticas represivas y autoritarias de los gobiernos que no están interesados en la salud de sus ciudadanos.