Mi Pub

Era la tarde perfecta en el pub perfecto. Su dueño, un amigo mío, me había invitado a dar un recital de poesía con otros miembros de mi editorial. Como fumar estaba prohibido, todo el mundo usaba vaporizadores cargados con marihuana. El ambiente era de lo más artístico y en la cara de más de uno se podía adivinar que no solo el alcohol y la maría comenzaban a hacer mella. Yo iba preparado con mi mejor repertorio para los excesos, un poco de Thom Gunn y otro poco de Allen Ginsberg. Desde la barra del bar me servían sin parar ron con limón y el ambiente se iba calentando. Mi amigo italiano de pronto me confesó que con tanta abundancia echaba de menos a su admirado Pasolini.

El pub tenía dos pisos y en el primero una fiesta S&M y de fetiches se estaba llevando a cabo. Para perder los nervios y entrar en calor nada mejor que ver a alguien siendo fustigado o incluso tomar parte activa empuñando un látigo. Después de ver a la gente campando a sus anchas con sus collares de esclavo, sus chaps, y sus bozales fui perdiendo poco a poco el miedo a subirme al escenario. Sin lugar a duda los porros que me había fumado antes de salir de casa me ayudaron a ponerme en situación.

Quería volver a los setenta, quería una orgia de poesía, sexo, drogas y alcohol en un ambiente controlado donde todo más o menos estaba permitido por los intereses comunes de los que estábamos allí. Si alguien se cansaba de ser azotado podía escuchar a otro alguien leyendo un poema sobre desamor. Si alguien cansado de estar en una jaula esperando a ser utilizado quería sentirse de nuevo humano solo tenía que compartir  copa con un poeta para redescubrir la magia del deseo expresado en palabras. Si por el contrario algún poeta entendía que sus versos trascendían mas allá de sus palabras siempre podría ir abajo a desprenderse del fragor de sus sentimientos ya que lo teníamos todo. Sexo, drogas y alcohol para expresarnos como quisiéramos sin hacerle daño a nadie. 

Ese pub que está en el mismo barrio londinense donde vivo es una invitación a descubrir placeres que antes creía prohibidos. Un lugar a donde acudir para seguir alimentando el espíritu de bohemia que todos los que allí vamos necesitamos. El pub, cuyo nombre omitiré, es el lugar donde la gente se siente en casa y vive sus fantasías. En la terraza para fumadores cuando la noche empieza a caer se puede oler el olor de la marihuana que los más intrépidos empiezan a fumar para adentrarse a fondo en el mundo de las fantasías colectivas ya que cuando no hay orgias en su lugar existen múltiples exposiciones y grandes conversaciones sobre el arte de vivir diferente

Todos los que nos dejamos caer por ahí somos parte de esa juventud creativa que algún día conseguirá hacerse un hueco en el mundo artístico de Londres. A mi supongo que me toca ser el narrador que cuenta lo que ve. Es como una vuelta al pasado, una carrera al futuro o una distorsión del presente. El pub es la mansión de la alegría, de los excesos, del sexo, de la marihuana y también por tanto de la libertad. Su nombre evoca a la pasión, a la tragedia y al triunfo del amor. Cada tarde-noche es una aventura distinta sin más rumbo que el que fije nuestras imaginaciones. La mía es la de recrear todos los distintos ambientes que vivo en un mismo sitio rodeado de artistas.

Cuando elegí el espíritu de los setenta para comenzar este articulo lo hice con la idea de mostrar como nosotros una generación posterior todavía mantenemos vivos las viejas tradiciones de amistad, promiscuidad y amor libre que nuestros gloriosos antepasados lucharon por conseguir. Tal vez a mucha gente le resulte difícil creer que un lugar donde se pueda fumar marihuana a gusto y disfrutar de poesía, arte y sexo en libertad sea un motivo de celebración pero la verdad es que este pub representa todo lo contrario a la dictadura de la imagen existente en la escena de Londres.

Los que allí acudimos somos diferentes y nos gusta demostrarlo de cualquier forma. A mí personalmente me encanta convertirme en un hippie cuando cruzo la puerta y pensar que estoy siendo parte de una de esas grandes fumadas que harán historia.