Mientras Estados Unidos Gastaba $8 Mil Millones en la Guerra Afgana Contra las Drogas, la Producción de Opio Aumentó un 164%

Un primer plano de una amapola de opio en Afganistán

Un primer plano de una amapola de opio en Afganistán. (Fuente: UN Photo/UNODC/Zalmai)

El gobierno de los Estados Unidos ha gastado más de 8 mil millones de dólares en esfuerzos contra el narcotráfico en Afganistán, no obstante la producción ilícita de opio ha alcanzado niveles récord, [según] revela un nuevo informe.

En 2002, Estados Unidos comenzó a reprimir la producción de opio en Afganistán como parte de la guerra contra el terrorismo, alegando que el narcotráfico financiaba a los grupos militantes y atentaba contra la estabilidad. A lo largo de los 15 años siguientes, las autoridades estadounidenses asignaron aproximadamente 8.620 millones de dólares a estos esfuerzos, según un nuevo informe (PDF) del Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán, un organismo del gobierno de los Estados Unidos. Más del 80 por ciento de esta suma se utilizó para programas “con un importante enfoque antinarcóticos”, y el resto se destinó a programas que incluían algún tipo de elemento antinarcóticos.

A pesar del costo exorbitante de este enfoque, las tasas de producción ilícita de opio han aumentado vertiginosamente en Afganistán. Según fuentes del gobierno de los Estados Unidos, la superficie total estimada que se usa para el cultivo ilegal de amapola de opio se ha disparado de 1.685 hectáreas en 2001 - el año previo a los esfuerzos antinarcóticos - a 329.000 hectáreas en 2017. La cantidad estimada de opio producido aumentó de 3.400 toneladas en 2002 a 9.000 toneladas en 2017, [lo que significa] un crecimiento aproximado del 164 por ciento.

“Nuestro análisis revela que ningún programa antidroga iniciado por los Estados Unidos, por sus socios de coalición o por el gobierno afgano, tuvo como resultado disminuciones sostenidas en lo que hace al cultivo de la amapola o a la producción de opio”, sostiene el informe. La falla del enfoque se debe, en parte, a la falta de coordinación entre las políticas contra los estupefacientes y objetivos de seguridad más amplios, y [también a] los deficientemente diseñados programas de desarrollo alternativo para agricultores, dice el informe.

Entre tanto, otros diversos factores están contribuyendo al aumento de la producción, incluyendo las instituciones gubernamentales débiles y su aplicación de la ley, y el fracaso más amplio en la reconstrucción del país tras la invasión estadounidense en 2001.

El año pasado fue testigo de una nueva intensificación en los esfuerzos antinarcóticos regionales de los Estados Unidos. Como TalkingDrugs informó en abril, la administración Trump ha introducido una nueva táctica sin precedentes, controvertida y mortífera para reprimir el comercio de opio afgano: el bombardeo aéreo de las instalaciones de procesamiento. En un enfoque descripto por la OTAN como una “campaña anti- ingresos diseñada para deteriorar el medio básico de los talibanes para financiar sus operaciones - la producción de narcóticos”, las fuerzas estadounidenses y afganas utilizan ataques aéreos para destruir laboratorios de opio y - por consiguiente - matan a cualquier persona que se encuentre allí en el momento [del ataque].

La cifra total de muertos [resultante de] estos bombardeos no se ha hecho pública, pero Xinhua informó que solamente dos de los primeros ataques cobraron las vidas de 44 personas. Al menos 75 de dichos ataques han ocurrido desde noviembre de 2017.

Queda por ver si este nuevo enfoque logra desestabilizar el comercio de opio afgano y reducir el cultivo. Sin embargo, incluso si estos ataques logran contrarrestar la producción de drogas, existe el temor de que puedan profundizar la inseguridad en el país.

“Las bajas civiles - o las percepciones públicas de que los bombardeos apuntaban a comunidades rurales con pocas fuentes de ingresos viables - podrían, a largo plazo, resultar en un costo mayor para la coalición que el beneficio temporal de perturbar transitoriamente la producción de drogas y el financiamiento insurgente”, destaca el informe.

Borhan Osman, un experimentado analista del International Crisis Group1 (ICG, por sus siglas en inglés), lo expresó de manera más directa: “La mayoría de los laboratorios de drogas que se seleccionan son el principal medio de subsistencia de la gente común, y por lo general se encuentran ubicados en áreas pobladas. Destruirlos sin proveer fuentes alternativas de ingresos, y la probable muerte de civiles en el proceso, aumentará el apoyo popular a los talibanes”.

Nota de la traductora: 1. International Crisis Group es una organización no gubernamental, fundada en 1995, dirigida a la resolución y prevención de conflictos armados internacionales.(Fuente:Wikipedia)