Las drogas siembran una epidemia en las cárceles españolas

Las drogas después del suicidio son la causa que provoca el mayor número de muertes en las cárceles españolas. Solamente entre los años 2004 y 2007 según informa SERVIMEDIA  se registraron 169 fallecimientos a causa de consumo de sustancias ilícitas. Por otra parte fuentes de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias recogidas por el diario El Mundo señalan que en España hay actualmente 76.000 reclusos de los cuales un seis por ciento, alrededor de 6.000, están infectados por el VIH, y pese a que las autoridades han conseguido en los últimos años reducir  los casos de sida en las prisiones el grado de infección sigue siendo mucho mayor dentro de las cárceles en   comparación con la población general. Además de entre estos 6.000 reclusos, el 90% están también infectados por el virus de la Hepatitis C. La prevalencia de este virus en las cárceles, no obstante ha decrecido debido a la introducción de terapia antirretroviral y también al amplio  desarrollo  de programas de reducción de daños basados en el intercambio de jeringuillas y dispensación de  metadona.

   De acuerdo a un estudio publicado por un grupo de forenses sevillanos existen dos situaciones frecuentes y peligrosas por las que se el abuso de alcohol y drogas producen la muerte en custodia de los presos. La primera, conocida como Delirium Agitado se relaciona con el efecto que las drogas estimulantes (cocaína y anfetaminas) y la abstinencia de depresores el sistema nervioso central (alcohol, hipnóticos, opiáceos y benzodiacepinas). Durante los últimos años se han venido observando muchos casos de este mal en personas detenidas consumidoras de alcohol y cocaína. Esto sucede porque la combinación de ambas substancias crea un compuesto en el organismo denominado cocaetileno o etilococaína que potencia los efectos de las dos drogas alargando en el tiempo sus efectos. Clínicamente los afectados manifiestan un comportamiento violento, extraño y paranoico, lo cual motiva sus detenciones y una vez en custodia presentan síntomas de  desorientación, sobre todo temporal-espacial, alteraciones de atención, memoria, alucinaciones y crisis de pánico. Las diferencias entre un mero preso violento y uno que sufre de Delirium Agitado pueden ser difícil de determinar y en muchos casos solo la anormal tolerancia al dolor, a los sprays irritantes y su piel muy caliente pueden ser los únicas síntomas indicativos.

    El siguiente factor de riesgo es la ingestión o introducción en cavidades (recto o vagina) de grandes cantidades de drogas envueltas en látex. Aunque esta práctica es  más conocida por ser uno de los métodos más habituales de contrabandistas de un país a otro también se utiliza para  meter drogas en las cárceles, pudiendo en algunos casos introducir más de medio kilo por este procedimiento. Si los presos son toxicómanos, por su tolerancia, pueden llegar a absorber mayores cantidades con pocos síntomas externos. Recientemente, en la prisión de Zuera se han producido seis muertes por sobredosis de droga en mal estado y a uno de los fallecidos se le han encontrado varias bolas de heroína y hachís  en el interior de su cuerpo. El mayor problema que encuentran los funcionarios de prisiones para prevenir estos accidentes es que muchos presos cuando regresan de sus permisos lo hacen cargados de drogas como cocaína, heroína, o pastillas bien para consumo propio o bien para traficar en el presidio. Y en no pocas ocasiones, atendiendo  a lo publicado en el blog El Gallinero Penitenciario  para estirar la mercancía, se  adultera con sustancias que pueden resultar letales.