Iniciativas laborales de ayuda a heroinómanos suecos, solitaria ayuda para la reducción de daños

Una organización no-gubernamental sueca está ejecutando planes a fin de reintegrar a la sociedad a usuarios de drogas a través de innovativos esquemas laborales, llenando el vacío dejado por un gobierno que simpatiza poco con esa causa.

En 2013. Stadsmission, una organización caritativa formada en Suecia en 1853, lanzó un nuevo programa para ayudar a obtener trabajo a adictos a la heroína en la capital. El programa, que fue visto a detalle recientemente en un reporte del The Atlantic, se llama Blixtjobb (o Flash Jobs, en Inglés) y ofrece fondos para contratar a los adictos a la heroína bajo la premisa de que éstos utilizarían menos la droga si tuviesen un trabajo.

El periodo de prueba involucró a 90 individuos en labores que iban desde pintura y lavado de ventanas, hasta jardinería y limpieza de pisos en estaciones del metro y con una paga cercana a US 60 dólares por cuatro horas. Los participantes tuvieron la oportunidad de laborar tanto o tan poco como quisieran, siendo el motivo principal del esquema el combatir la mala imagen asociada a la recuperación de drogadictos e integrarlos socialmente.

Los resultados del primer año fueron inciertos, pues un 17 por ciento de los 90 participantes dejaron de utilizar drogas y han obtenido nuevos trabajos dentro de Stadsmission, mientras que un número indeterminado usó el dinero que recibieron para adquirir más heroína. En general, la organización consideró el esquema un éxito y ahora hay planes de aplicarlo a nivel nacional en 2014.

Programas de rehabilitación, ya sea a través de medicamentos o mediante métodos de reintegración son raros en Suecia, donde el punto de vista oficial respecto de las drogas es estricto y, entre las naciones de Europa occidental es de los más radicales, luego de la criminalización de éstas en 1988.

Este nuevo esquema ha sido apoyado por organismos internacionales, particularmente por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODOC), que en 2007 reportó la relativamente baja prevalencia de uso de drogas en Suecia como evidencia de que un plan de cero-tolerancia sí funciona. Un área en particular que agradó a la UNODOC fue el hecho de que crímenes relacionados con drogas -incluidos su uso, que puede derivar a seis meses de prisión- casi siempre acaba en proceso penal y sanciones criminales.

Este movimiento se produce a expensas de enfocar en las implicaciones de salud que tiene la adicción de drogas intravenosas. El intercambio de jeringas fue legalizado en 2006 y todavía alcanza un número insignificante en todo el país. De hecho, Suecia experimentó un incremento de casos de VIH-Sida relacionados con drogas inyectadas (52) en 2007, aunque en años recientes ha declinado, alcanzando (24) en 2010 y (14) en 2011. De acuerdo con el reporte nacional del 2012 del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA) incrementar el número de jeringas para intercambio ayudaría a disminuir aún más las cifras.

De la misma forma, el acceso a la Metadona, pese a que se ha incrementado recientemente, aún es controlado exhaustivamente , tal el caso de algunos centros donde está prohibido su uso junto con otras drogas, lo que ha ocasionado bajos niveles de retención en Tratamientos de Substitución de Opiáceos (TSO) ya que muchos prefieren seguir utilizando la heroína al ser incapaces de dejarla paulatinamente. En Estocolmo, por ejemplo, la tasa de mortalidad entre usuarios de heroína es dos veces mayor que la existente en otras ciudades, de acuerdo con The Guardian, principalmente debido a la falta de acceso a TSO.

El gobierno sueco está empezando a reconocer la utilidad de los servicios de reducción de daños para combatir la drogadicción, pero la velocidad a la que esto ocurre deja mucho que desear. Por ello, programas como el citado anteriormente podrían ser vitales para ayudar a quienes padecen adicción a la heroína. Como uno de los afectados que pudo rehabilitarse mediante el programa de Stadsmission dijo: “he recuperado a mi familia. Mis hermanos hablan conmigo nuevamente y finalmente todo esta mejorando”. Si el gobierno detiene el lento, pero seguro progreso de este tipo de esquemas, historias como esta podrían quedarse como brillantes anécdotas en lo que esencialmente es un panorama obscuro para los drogadictos en Suecia.