Perder o ganar: los derechos humanos de los usuarios de drogas en Rusia.

¡Buenas tardes!  Un saludo cordial a todos los que han acudido aquí hoy.  Estoy muy honrada de hablar en la sesión final de esta conferencia y muy nerviosa también.  A diferencia de la mayoría de ustedes, soy muy nueva en la comunidad de activistas. Me he convertido en un activista recientemente y esta es mi primera experiencia real en la conferencia internacional.  Me siento muy privilegiada y profundamente responsable de hablar en nombre de todos los usuarios de drogas de Rusia.  Por primera vez, esta comunidad marginada tiene la oportunidad de contar con un representante personal para hablar en público sobre nuestros problemas y proporcionar evidencia palpable y generalizada de las violaciones de nuestros derechos humanos.  Yo no hablo bien inglés, pero hablo desde mi corazón, y creo hablando de corazón a corazón ayudará a entendernos mutuamente, incluso si hablamos idiomas diferentes.

Mi vida es como un pequeño espejo que refleja un panorama general, es un ejemplo de lo que les está sucediendo a millones de personas que consumen drogas en Rusia y otros países, la mayor parte, de la antigua Unión Soviética.  Tengo 44 años, y durante los últimos 30 años he sufrido de una adicción crónica a las drogas opiáceas.  De acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas, la drogadicción es una enfermedad crónica recurrente.  Sin embargo, en mi país, las personas que sufren de adicción a las drogas son marginados por defecto, ¡socialmente aislados y privados de sus derechos civiles!  Nací en la Unión Soviética en una familia de alto rango.  Yo podría haber tenido grandes perspectivas y un futuro brillante, podría haber hecho algo bueno por mi país.  Pero ese futuro nunca ha llegado.  Cuando tenía 14 años, tuve mi primera experiencia con el opio, y desde entonces he estado viviendo en mi país como una proscrita, persona non grata.  Intenté en varias ocasiones para tratar la adicción a las drogas en diferentes clínicas, pero sin éxito, y cada vez acababa volviendo a las drogas.  Pasé 16 años en prisiones, condenada a la cárcel por compra y posesión de drogas para uso personal, ¡por una conducta causada directamente por los síntomas de mi enfermedad!  Mi familia me abandonó, y durante dos años viví literalmente en la calle, como una vagabunda.  Daba igual lo que me pasara, yo seguía usando drogas, perdí mi batalla contra la enfermedad.  A través de jeringuillas contaminadas  adquirí  hepatitis C y SIDA.  La última vez que estuve en la cárcel, en 2007,  el SIDA se desarrolló y  sufrí tuberculosis.  En este momento y por primera vez en mi vida he hecho un esfuerzo, aunque no deliberadamente, para proteger mi derecho más importante, el derecho a la vida.  La terapia contra el SIDA en Rusia está garantizada por el gobierno, pero para obtener los medicamentos esenciales y vitales para su tratamiento en la cárcel yo tuve que hacer huelgas de hambre y cortarme las venas.  Casi acabo con mi vida, estaba en peligro, y antes de que fuera demasiado tarde me enviaron de la cárcel a un hospital para tuberculosos.

¡Dios sabe por qué no morí!, a pesar de todo sobreviví, a pesar de que nadie realmente se preocupaba por mí: ni mi familia, ni mis amigos, ni mi país.  No tenía a donde ir.  Viví durante dos años en el hospital para tuberculosos, trabajando como una ayudante en el departamento de infección tuberculosa - SIDA.  Durante este periodo fui testigo de la muerte de más de cien amigos míos y gente conocida, todos jóvenes, prometedores y con mucho talento.  Casi todos murieron por una causa común, eran adictos a opiáceos y venían en busca de tratamiento en las últimas etapas de la enfermedad, cuando ya era demasiado tarde para ayudar.  Los adictos a las drogas tienen pocas oportunidades de recibir tratamiento adecuado de SIDA o tuberculosis, ya que simplemente no puede dejar de ser adictos, y su adicción les lleva a la interminable caza de drogas ilegales y dinero para pagarlas, involucrándose así en actividades delictivas.

Nunca pude entender una cosa.  Todos los funcionarios responsables de la muerte de miles de jóvenes en Rusia, ya sea por su falta de experiencia profesional o por negligencia, o por su mente estrecha y terca o por pereza personal - ¿cómo pueden vivir en paz y conciliar el sueño?  Ellos dejan a la gente a morir sin hacer nada para ayudarlos, mientras que la mayoría de los fallecidos podría haber vivido y amado, criado a sus hijos o haber muerto con dignidad.  Me gustaría que los funcionarios públicos hubiesen visto cómo la gente moría sin ayuda.  Me gustaría que mirasen a los ojos de aquellos que viven sin esperanza.  Esos ojos que nunca olvidaré, nunca podré olvidar cómo te miran...  y en esos ojos se ve el horror, un grito de ayuda y un sutil reproche porque para ellos un escape milagroso no existe.  Antes de morir casi todos pedían  heroína, y yo se la proporcionaba.  También se la inyectaba, porque muchos ya no podían hacer más esfuerzos, ni siquiera encontrar una vena.  Yo creo que los médicos entendían lo que estaba haciendo, y nunca me castigaron por ello, porque ellos mismos no podían hacer nada para aliviar su sufrimiento.  Lo que hice fue ilegal, podría haber sido condenada por tráfico de drogas por ello.  Si me hubiesen  arrestado, al juez le hubiera dado igual que lo hubiese hecho para cumplir la última voluntad de los adictos, ¡así es como funcionan sus " principios humanitarios", por cierto!

Para recordarles, para asegurarse de que otras personas no olviden estas muertes.  Hay diferentes maneras de hacerlo, y todo el mundo hace lo que puede: algunos se ponen de luto, algunos rezan, algunos llevan flores a sus tumbas.  Y yo  decidí actuar en vez de hablar.  Creo que está bien que nuestro amor, la amistad, los sentimientos y recuerdos se materialicen con acuerdos específicos, no sólo con palabras bonitas.  Esta fue la razón que me ha llevado a  convertirme en una activista. Me di cuenta de que no podía seguir así durante más tiempo, sin hacer nada, ¡podemos proteger nuestros derechos por nuestra cuenta ya que el gobierno no se preocupa por nosotros!  Hice una serie de cursos de formación y comencé a trabajar en una organización que ofrece tratamiento de SIDA a las personas que viven con el síndrome y a los adictos.  Siendo yo misma una adicta tuve momentos difíciles trabajando y luchando contra los síntomas de abstinencia al mismo tiempo, tratando de conseguir drogas o dinero para ellas.  Había fracasado muchas veces, lo había perdido todo y tenía que empezar de cero de nuevo.  Me sentía en un callejón sin salida, no quería vivir más.  Todo cambió el año pasado cuando conocí a Anya Sarang, presidenta de la fundación Andrei Rylkov, la única organización no gubernamental  en Rusia que defiende abiertamente los programas de rehabilitación por sustitución para los usuarios de opiáceos.  Me convertí en un miembro del grupo de trabajo encargado de la promoción de la terapia de sustitución en Rusia, y finalmente tengo la oportunidad de proteger mis derechos humanos y los de millones de adictos en Rusia, trabajando en equipo en lugar de tratar de hacerlo sola, por mi cuenta. ¡ Toda persona tiene derecho, no discriminatorio, a la salud!

Decenas de jóvenes en Rusia mueren cada año porque, de acuerdo con la legislación rusa, se prohíbe el uso de la terapia de sustitución con metadona y  buprenorfina, recomendada por las Naciones Unidas y de demostrada eficacia en todos los países desarrollados.  Los programas de agujas y jeringas han sido también recientemente prohibidos en Rusia aunque, de acuerdo con la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, estos son un componente importante de programas integrales de prevención del SIDA entre usuarios de drogas inyectables.  Incluso las discusiones científicas de temas relacionados con el uso de la metadona (uno de los medicamentos de sustitución esenciales y recomendado por la Organización Mundial de la Salud) es considerado ilegal y puede ser clasificado en Rusia como "propaganda para el consumo de drogas".  Rusia aprueba oficialmente la prohibición de los enfoques basados en el tratamiento farmacológico de la adicción y se basa en la abstinencia forzada, con la humillación que la acompaña, y la privación de los derechos de las personas que consumen drogas.  Un caso recientemente discutido ampliamente en todo el país fue el de la Fundación Ciudad Libre de Drogas, una organización regional que ofrece servicios de tratamiento de rehabilitación basados en el uso de tales "métodos", que  secuestraba a  adictos, los encadenaba con esposas, les golpeaba y torturaba dejándolos morir de hambre.  Una parte considerable del público en general expresó su apoyo a la utilización de esos métodos para tratar la adicción. ! Ni siquiera las organizaciones de derechos humanos protestaron contra el uso de estos métodos, algunos de sus activistas incluso los apoyan! El estigma relacionado con el uso de drogas en nuestro país es tal que incluso los profesionales en derechos humanos, a menudo, no nos consideran seres humanos que tienen derechos inalienables, al igual que los demás ciudadanos.  A las mujeres embarazadas no se les da ninguna ayuda narcótica especializada, sino que tienen que optar por interrumpir el embarazo o continuar usando drogas ilegales hasta que dan a luz.  En los países donde la terapia de sustitución está disponible, las mujeres adictas, al igual que cualquier otra mujer, pueden tener bebés, cuidarlos y criarlos sin poner en riesgo su salud o su vida.  En nuestro país, no hay centros de tratamiento especializado para mujeres adictas con hijos que quieren rehabilitarse.

En octubre de 2010, hice un llamamiento al Sr. Anand Grover - secretario especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona a obtener el máximo nivel posible de salud física y mental - presentando una queja contra Rusia y pidiendo   una resolución internacional, o algo similar, que obligase a Rusia a proporcionar un tratamiento adecuado a los drogadictos. Actualmente estoy preparando un llamamiento similar para la corte constitucional de la Federación de Rusia y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.  Mis acciones recibieron una amplia cobertura en los medios nacionales, muchos periódicos escribieron artículos y me entrevistaron acerca de mi iniciativa.  Casi todos los periodistas me hicieron la  misma pregunta: "¿Quiere usted que Rusia le pague una indemnización por sentencia del Tribunal Europeo?  ¿Usted no quiere recibir tratamiento de rehabilitación, pero solicita que su país le proporcione drogas a expensas de los fondos públicos? "

¡No, no quiero que  Rusia me pague una indemnización!  Muchos de mis amigos han muerto de SIDA, tuberculosis o sobredosis.  En cuanto a mí, lo he perdido todo, salud, relaciones familiares, un hogar, un futuro esperanzador.  Pasé la mitad de mi vida en las cárceles, humillada y rota por ser una enferma.  ¿Cómo se puede evaluar esto en términos de dinero?  ¿Alguien realmente cree que lo tenía todo planeado sólo para evitar el tratamiento?  ¡Tengo una enfermedad crónica, me estoy esforzando para hacer valer mi derecho a la salud, que está garantizado por la Constitución de la Federación de Rusia, así como los derechos de los 5 millones de personas que consumen drogas en Rusia!  Quiero acceso libre a jeringuillas estériles, para evitar que miles de jóvenes se infecten cada año de SIDA y TB a través de inyecciones contaminadas.  Quiero que mis amigos tengan acceso a tratamiento de SIDA, tuberculosis y hepatitis. Quiero que mis amigas no necesiten  vender sexo para drogarse, que sean protegidas contra la violencia y que puedan ser capaces de tener bebés saludables y criarlos.  No quiero que miles de vidas se rompan cada año en las cárceles de menores por delitos relacionados con las drogas.  ¡Quiero que los funcionarios de salud nos den tratamiento, no que nos arranquen de la vida!  La negativa de Rusia de utilizar los programas de tratamiento de sustitución es absolutamente infundada y no está basada en la evidencia, más aún, da lugar a la violación de los derechos humanos.  En octubre de 2010, el secretario general Ban Ki-moon visitó una clínica de metadona en Camboya, lo que demuestra al mundo que los programas de tratamiento de mantenimiento con metadona son legales, importantes y que deben estar disponibles para aquellos con problemas relacionados con las drogas.  El mismo secretario general entregó metadona a los pacientes durante su visita.  En Rusia también somos seres humanos con derechos humanos universales, ¡y también tenemos el derecho a vivir!

En febrero del 2011, durante una visita oficial a Rusia de Navanethem Pillay, alto comisario de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se llevó a cabo un encuentro con organizaciones rusas de derechos humanos. Yo  tuve el privilegio de hablar con la Sra. Navanethem Pillay, en nombre de cinco millones de personas que consumen drogas en Rusia. Le pedí que interviniera para proteger los derechos humanos de las personas con problemas relacionados con las drogas en Rusia, en particular su derecho a la salud.  Le entregué una carta firmada por diecisiete organizaciones internacionales que trabajan en el campo del SIDA y la reducción de daños, que también pedían medidas para restablecer el derecho a la salud de los usuarios de drogas en Rusia. Después de nuestra reunión, la Sra. Navanethem Pillay emitió dos recomendaciones para el gobierno de Rusia:
 
1) Eliminar las restricciones legales y poner en marcha programas piloto de tratamiento de sustitución en Rusia.

 2) Prestar apoyo financiero y político a los programas de agujas y jeringas, para garantizar las medidas globales de prevención del SIDA, así como la participación de los usuarios de drogas y su inscripción en los servicios de salud.
La reacción del gobierno fue inmediata.  Al día siguiente, una serie de periódicos federales publicaron entrevistas con la ministra de salud Tatiana Golikova y con Gennady Onischenko, jefe del Rospotrebnazor (servicio federal de vigilancia para la protección de los derechos y el bienestar Humano).  En dichas entrevistas los funcionarios del estado declararon que, según sus datos, no había pruebas de la eficacia de los programas de tratamiento de sustitución y que no era un tratamiento adecuado, sino simplemente una sustitución de un medicamento por otro. En cuanto a los programas piloto de intercambio de agujas y jeringas, llevados a cabo con anterioridad en algunas regiones de Rusia, no habían disminuido la transmisión del SIDA entre los que se inyectan drogas y no ayudaban a la situación.  Yo les diría a los funcionarios rusos que están muy acostumbrados a mentir y a romper sus promesas, porque están totalmente seguros de que    pueden salirse con la suya.  Por eso decidí no quedarme callada, yo no voy a esperar hasta que me muera de SIDA o sobredosis.  Voy a recurrir a las organizaciones internacionales de ayuda.  El derecho a la salud es uno de los derechos humanos fundamentales de cada persona, garantizado por una serie de convenios internacionales, así como por la constitución rusa y la legislación nacional.  Estoy harta de tener miedo, de sufrir abstinencia, de ir a la caza de dinero para conseguir drogas ilegales, de no tener acceso al programa de tratamiento del  SIDA...  ¡Ya he tenido bastante! ¡Estoy dispuesta a luchar por mis derechos hasta el final, porque soy un ser humano y una ciudadana de mi país!

Me doy cuenta de que puede que sea demasiado pronto para esperar que mis quejas influyan en la posición oficial del gobierno ruso y que éste  se comprometa a garantizar los derechos humanos de las personas que consumen drogas.  Pero me alegro de que mi número de seguidores esté creciendo en mi país.  Esto significa que mi ejemplo ha inspirado a la gente y les ha hecho ver que no deben tener miedo de defender sus derechos, ya que cualquier discriminación basada en una enfermedad es ilegal.  Siguiendo mi ejemplo, otros dos drogadictos rusos han manifestado sus denuncias a la comisaria especial de la ONU Anand Grover y al tribunal europeo de derechos humanos.   Creo que esto es un gran logro.  En noviembre de 2010 fui elegida por el comité directivo de la “red de reducción de daños de Eurasia”, (EHRN), como representante de la sub-región de Rusia, lo que me da más oportunidades de luchar por los derechos humanos de los consumidores de drogas.  En la actualidad y con el apoyo de la “red internacional de consumidores de drogas”, estamos trabajando activamente para establecer la “red Eurasiática de consumidores de drogas”.  Creo firmemente que esto es sólo el comienzo, la primera etapa en el desarrollo del activismo de los consumidores de drogas en Rusia. La gente parece finalmente estar superando sus miedos y están uniendo fuerzas para proteger sus derechos, ¡no tenemos nada que perder!  Y en esto, por supuesto, es necesario contar con vuestro apoyo.
 Es una pena que la conferencia haya concluido, pero estoy muy agradecida a todos ustedes por compartir su experiencia conmigo.  Estoy contenta de tener tantos amigos nuevos, esto me hace más fuerte, me da vida y me ayuda a trabajar.  Ahora no estoy sola, todos vosotros sois mi gran familia y con vuestro apoyo puedo conservar la esperanza de nuevas reuniones y de una cooperación fructífera en el futuro. Por último, me gustaría expresar mi gratitud a los directores de la “asociación internacional de reducción de daños” y de la “red internacional de consumidores de drogas” por su apoyo financiero para que yo pudiera participar en esta conferencia.