Políticos involucrados con el narcotráfico

En los últimos meses se han dado a conocer varios arrestos de políticos relacionados con el narcotráfico. Mario Villanueva, ex gobernador de Quintana Roo, México fue extraditado a los Estados Unidos por embolsarse millones de dólares en sobornos con el fin ayudar a un cartel mexicano a introducir 200 toneladas de cocaína en la frontera.

Unos días después, algo similar ocurrió en Nigeria. Aunque se sabe que la corrupción en la nación africana es pan de cada día, no es tan común que políticos sean relacionados con el mundo del narcotráfico. Sin embargo, en el último tiempo, Nigeria se ha transformado en una de las rutas preferidas para internar drogas al lucrativo mercado europeo provenientes de Sudamérica y Asia. Eme Zuru Ayortor, quien estaba en campaña para conseguir un asiento en la Cámara de la Asamblea fue sorprendido en el aeropuerto de Lagos, la capital de Nigeria, con cerca de dos kilos de cocaína en su estómago tragados en forma de ovoides. Zuru Ayortor, quien estudió en la Universidad de Wisconsin en Estados Unidos, dijo que necesitaba financiar su campaña política después de quedar en la quiebra tras las elecciones de 2007. A pesar de ser su primer arresto, la policía nigeriana cree que es común que políticos recurran a este tipo de delitos para financiar sus campañas las que incluyen el soborno a oficiales electorales y el pago a delincuentes para que intimiden a los votantes y los oponentes.

La participación de políticos en el tráfico de drogas es también un problema recurrente en Asia. En la región de Goa, en India se lleva a cabo una investigación para determinar la relación de un político con el mundo del narcotráfico. Pero la policía de esa región ha sido acusada de encubrir y sabotear una serie de importantes investigaciones relacionadas con las drogas que incriminarían a las elites políticas locales, lo que sugiere una arraigada cultura de corrupción. En Filipinas, Tailandia, China y Camboya también se han producido detenciones de “narco-políticos”. Pero no sólo esto ocurre en los países en desarrollo. En Alemania, el político Andreas Zwickl fue acusado el año pasado de tráfico de heroína luego de que la policía encontrara 80 gramos de la sustancia y una suma importante de dinero en efectivo en su departamento. Un oficial de la Immigration and Customs Enforcement (ICE) del gobierno de Estados Unidos fue arrestado por la DEA tras ser acusado de enviar un gran cargamento de cocaína a España vía Estados Unidos y de vender información secreta del gobierno a un cartel mexicano. El oficial identificado como Richard Padilla Cramer era un funcionario de alto nivel en el combate a las drogas en Estados Unidos, mientras que al mismo tiempo invertía en el negocio del narcotráfico.

Estos casos tienen graves consecuencias ya que minan los genuinos esfuerzos llevados a cabo por esos países para combatir el narcotráfico y la confianza en los políticos. El hecho de que estos casos no sean anomalías y que se produzcan no sólo en Asia, América Latina y África, sino también en Estados Unidos y Europa sugiere que la corrupción política es una consecuencia endémica de la “guerra contra las drogas” y que dicha política es fundamentalmente errónea.