Preguntas apropiadas

Me encontraba yo plácidamente sentado en mi casa sin nada que hacer a puntito de acabar un interesantísimo libro cuando el Skype sonó y del otro lado la voz  de un joven me sorprendió cuando me preguntó al rato de decirme como estaba que opinaba yo de las setas mágicas.

Mi primera reacción, tras cogerme francamente desprevenido, fue la de decirle que a qué venía eso pero después  de darme cuenta de que en realidad lo que Michi, por llamarle de alguna forma, necesitaba era consejo dada su mediana adolescencia y su extrema inteligencia decidí confesarle que yo las había tomado un par de veces para quitarle hierro al asunto  

Mi amigo, con una carcajada en la boca no pudo contener su alivio, era como si nos hubiésemos hecho cómplices aunque se bien y de ciencia cierta que él no las ha probado jamás. Después de contarle anécdotas y tantear el terreno para ver si el joven estaba empezando a idealizar una realidad que no era tal le dije que no tuviera prisa por probarlas, que todo llegaría en su momento y que para todo hay que estar preparado en esta vida.

Michi es un chico normal, más bien tirando a fuera de serie, gran deportista y excelente estudiante, le gusta leer, gana un poco de dinero a la semana y como a todos los jóvenes de su edad le gusta ir al botellón, eso sí, lo hace de manera responsable y ya ha aprendido pese a su gran juventud a diferenciar el tiempo de fiesta del tiempo de trabajo y sacrificio, algo que según me cuentan aprendió de su familia.

Hasta ahí todo normal, la única pena es que Michi no tiene con quien hablar de drogas y a quien pedirle consejo por miedo a ser estigmatizado y como otros muchos oye historias de chicos guays que se meten de todo y parecen que controlan cuando en realidad están tirando por la borda los mejores años de su vida hiendo de tipos duros y machos de la clase “yo-controlo-de-todo” mientras que están siendo utilizados por aquellos que no quieren que aprendan sobre las sustancias que se meten.

Con la enorme responsabilidad de hablarle a un joven amigo de tu a tu sobre las cosas que hice en mi vida y las que estoy haciendo de momento me vi en la disyuntiva de callar y decir “DROGAS NO” porque son malas o haz lo que quieras pero informarte y ten sentido, lee, acude a talkingdrugs habla con ONGs especializadas, trabajadores de drogas, ve películas y estante al tanto de lo que pasa.

Insistiéndole en que la decisión de tomar cualquier tipo de droga y en eso le repetí hasta la saciedad que la cocaína era una mierda, que el speed otra y que la  marihuana y el hachís podía causar problemas con los estudios (retención de memoria y esas cosas) y sobre todo con sus aspiraciones deportivas no me canse de decirle que al final iba a ser el que tuviese que decidir.

Sabiendo cómo era yo a sus años y dándome cuenta que mis gustos literarios y los suyos podrían coincidir le recomendé un par de libros y le dije que la historia de  Tom Wolfe sobre el acido le iba a hacer reír, pero también le dije que lo que parece divertido tiene consecuencias y le recalqué, por ejemplo, que una persona con un historial de drogas puede tenerlo muy difícil para entrar en los EEUU por no decir imposible. También le dije que no tuviese miedo a hablar con sus padres y a buscar ayuda sobre un tema que aun para muchas familias permanece tabú.

Mi idea era introducirle a un mundo nuevo, que está empezando a descubrir, donde no parece haber ningún tipo de control a simple vista y todo se hace a la espalda de la gente que de verdad quiere y puede ayudar.

Cuando me contó que había escuchado la historia de otro chico joven que una noche loca, después de tomarse una pastilla deambuló errante sin saber a donde durante horas y se rio, le dije que eso podía pasar y por suerte acabó bien, pero también le recordé que ese chico nunca debió haberse ido solo de “viaje” y que sus amigos deberían haber estado con él. Esa era la regla básica del acido: tomarlo por primera vez con alguien que supiese para asegurarse que nada malo iba a pasarle al novato.

Por suerte Michi no es un temerario y cuando le explique que en su vida lo estaba haciendo muy bien, que pronto se iría de casa a la universidad a conocer gente nueva, que los “experimentos” con gente de su misma formación e inquietudes llegarían, que tal vez un verano en un inter-rail iría a Ámsterdam como todos fuimos con ganas de aventuras probaría cosas nuevas, que después seria tal vez mochilero, pues a él le gusta mucho viajar, y que en el lugar menos inesperado una chica lo invitaría a tomar algo, tal vez en una playa de Tailandia o la India, y que allí entones descubriría lo que de momento hasta ahora solo es una curiosidad normal mi amigo pareció encontrar una respuesta momentánea a sus dudas

La conversación continuó un rato más sobre temas intranscendentes pero cuando colgué no pude por más que quise dejar de preguntarme si de verdad le había hecho un favor a mi joven amigo ya que acudió buscando la respuesta única sobre ¿qué pasa cuando tomas drogas? Y al final encontró un montón de caminos que explorar sabiendo que al final era suya la responsabilidad y que tanto si si como si no tendría que asumir las consecuencias de formar parte de un mundo y una cultura que se le está empezando abrir.

Con todo esto vengo una vez más a decir que la educación sobre drogas debe ser fundamental en la vida de cualquier adolescente y que las preguntas por muy tontas e inocentes que sean del tipo “¿Es cierto que ves cosas con las setas?” deben ser descontextualizadas y explicadas poco distinguiendo los efectos puramente naturales de la sustancia y las predisposiciones culturales de la persona que la toma. Por eso lo único que puedo añadir, ahora que no estoy hablando con él, es que se tome su tiempo, se forme y medite mucho lo que quiere hacer para preparase para cualquier experiencia que se le pueda presentar.

Con suerte, él como otros muchos que decidimos tomar ese camino lo entenderá.