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Repensando la reducción de daños con las comunidades indígenas de Costa Rica

El Territorio Indígena Maleku Se ubica en el cantón de Guatuso, provincia de Alajuela, al norte de Costa Rica. Con una superficie aproximada de 2,994 hectáreas, este territorio está habitado por unas 1,000 personas distribuidas en tres comunidades. El pueblo maleku es uno de los ocho pueblos indígenas oficialmente reconocidos del país y mantiene su propia organización política a través de su gobierno indígena local.

Como facilitadores que acompañan un proceso y miembros de una organización de la sociedad civil no indígena, buscamos compartir nuestra experiencia en un proceso aún en desarrollo con jóvenes usuarios indígenas. El proyecto cuenta con el apoyo de una consulta realizada en 2019 por... Consejo Nacional de la Juventud de Costa Rica con jóvenes indígenas, que identifican el consumo de drogas como uno de los problemas más significativos en sus comunidades.

Dicho esto, partimos de la premisa de que pensar en una perspectiva indígena sobre la reducción de daños significa priorizar un marco de acción que valore la cultura maleku en todo el proyecto. Esto implica partir de un enfoque basado en internacional convenciones Que reconozcan los derechos de los pueblos indígenas, priorizando el respeto cultural y rechazando las prácticas punitivas o estigmatizantes. El objetivo principal es que la propia comunidad Maleku lidere la identificación de sus necesidades y la creación de soluciones efectivas y culturalmente apropiadas para la reducción de daños.

El proceso ha sido coordinado por usuarios de drogas de la Asociación Costarricense para el Estudio e Intervención en Drogas (ACEID), en diálogo con organizaciones locales del Territorio Indígena Maleku y con el apoyo de la Asociación Ditsö de Iniciativas Populares, en respuesta a las preocupaciones de la comunidad sobre el estigma y la exclusión que enfrentan los jóvenes que consumen drogas. En un contexto marcado por la recuperación de territorio y el fortalecimiento de la identidad del pueblo indígena Maleku, se propuso abrir espacios de diálogo y acción colectiva para comprender el consumo de drogas desde un enfoque no punitivo, intercultural y de derechos.

 

Reunión participativa en el Área Comunal de Tafa Jolo, Palenque Margarita. Fotos de la campaña del SDP

 

 

Una práctica participativa y decolonial

El proyecto lleva en marcha desde junio de 2024 hasta la actualidad. La primera experiencia se organizó gracias a la campaña global. Apoya, no castiguesEn esa oportunidad, se realizaron cuatro actividades colectivas, en las que participaron 46 personas de la comunidad Maleku, entre jóvenes consumidores de drogas, líderes comunitarios, adultos mayores y representantes políticos territoriales Maleku.

Las actividades incluyeron talleres comunitarios participativos, una reunión con organizaciones indígenas y una reunión organizada por jóvenes consumidores de drogas. Este proceso dio origen a la iniciativa del proyecto «Fortalecimiento de la gestión sociocultural: Juventud y Salud Colectiva en el Territorio Indígena Maleku», financiada por el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica. El objetivo principal es generar procesos de gestión sociocultural para la sensibilización, la integración y el empoderamiento de los jóvenes indígenas consumidores de drogas.

Partimos de un enfoque de reducción de daños de amplio espectro desde una perspectiva del sur global, entendiéndolo como una postura ética y pragmática centrada en el bienestar y los derechos de las personas que consumen drogas. Nuestro enfoque de apoyo es descolonial, a través de... dialogo intercultural, investigación acción participativa, Teologías de la liberación latinoamericanas, educación popular, y una ética del cuidadoY aunque no somos indígenas, somos consumidores de drogas que, al igual que los jóvenes maleku que participan en el proyecto, nos vemos directamente afectados (aunque de diferentes maneras) por las políticas prohibicionistas de drogas, el estigma y la criminalización.

Los conceptos fundamentales de reducción de daños se adaptan integrando elementos culturales y considerando el tejido social específico de la comunidad, lo que se traduce en un apoyo libre de juicios y estigma. El objetivo es fortalecer las acciones comunitarias con la participación activa de las personas usuarias de drogas, para influir en el tejido social y la cohesión interna, valorando su relevancia e importancia en la comunidad. En estos espacios, se utilizaron metodologías horizontales, herramientas de análisis colectivo y enfoques pedagógicos críticos para identificar problemas y proponer planes de acción comunitarios en torno al consumo de drogas, la salud mental y la salud sexual y reproductiva.

En la práctica, esta perspectiva se manifiesta mediante la implementación de reuniones participativas como espacios seguros para que las personas indígenas que consumen drogas compartan sus experiencias, expresen sus percepciones y expresen sus necesidades. También implica la coordinación con redes comunitarias, como organizaciones políticas locales y líderes comunitarios, quienes, gracias a su profundo conocimiento de la historia y el contexto local, facilitan la reflexión y la atención colectiva, promoviendo procesos de sensibilización para toda la comunidad y la sociedad en general.

Durante este proceso, jóvenes maleku que consumen drogas compartieron sus experiencias de estigma y discriminación en la comunidad. Señalaron que a menudo son juzgados o excluidos por otros sectores de la comunidad, lo que limita su participación en espacios culturales, educativos, de formación y de toma de decisiones. Expresaron sentirse observados con desconfianza o tratados como un "problema", lo que afecta directamente su autoestima, salud mental y sentido de pertenencia. También relataron cómo estas formas de exclusión refuerzan las barreras para acceder a servicios de salud o apoyo, profundizando su aislamiento y marginación. A pesar de ello, expresaron un fuerte deseo de ser escuchados, de compartir sus perspectivas sin ser estigmatizados y de contribuir activamente al bienestar colectivo. Estas voces subrayan la urgencia de construir espacios de diálogo comunitario que abarquen la diversidad de experiencias y reconozcan la dignidad y el valor de todas las personas, independientemente de su relación con las drogas.

Apreciamos especialmente algunos testimonios de los participantes, como el de una madre maleku que compartió cómo la reducción de daños transformó su relación con su hijo. Antes, su relación con él era tensa y difícil; no sabía cómo acercarse a él ni cómo apoyarlo. Sin embargo, al comprender los principios del cuidado y la no crítica, su perspectiva cambió por completo: comenzó a hablar más con él, a aceptarlo tal como es y a buscar maneras de estar presente con respeto y apoyo. Hoy, describe su relación como "más hermosa" y señala que lo aprendido no solo ha mejorado su vínculo con su hijo, sino que también ha sido útil para otras madres de la comunidad que atraviesan situaciones similares.

 

 

Herramientas practicas

Para Arturo, un joven maleku consumidor de drogas cuya identidad protegemos, la reducción de daños le ha proporcionado herramientas prácticas. Nos cuenta que este enfoque le ha ayudado a gestionar su consumo de sustancias de forma más consciente. Ahora, por ejemplo, sabe que combinar ciertas sustancias es peligroso, lo que le permite cuidar mejor su salud. Además, el proyecto le ha ayudado a interactuar mejor con otras personas, a llevarse mejor con ellas y a sentirse más integrado en su comunidad.

Entre los principales hallazgos se encuentra el profundo impacto que el estigma y la discriminación tienen en los jóvenes que consumen drogas, tanto en su salud mental como en la cohesión del tejido comunitario. También se evidenció el acceso limitado a servicios de salud, información basada en evidencia y espacios seguros para la recreación y el diálogo, así como la exclusión sistemática de los jóvenes de los procesos de toma de decisiones dentro de la comunidad. Al mismo tiempo, se reconoció el papel fundamental de las mujeres líderes maleku como puentes entre generaciones y promotoras de una ética del cuidado, reafirmando la necesidad de incorporar una perspectiva de género e intercultural en las acciones futuras. Estos hallazgos reafirman la validez y relevancia de los principios de reducción de daños del sur global como base ética y metodológica para continuar construyendo respuestas comunitarias, inclusivas y sostenibles.

Las propuestas que surgieron del proceso participativo incluyen: reducir el estigma mediante procesos de participación comunitaria; facilitar el acceso a servicios de atención al consumo de drogas y apoyo psicológico; gestionar espacios recreativos, artísticos y deportivos liderados por jóvenes; promover el apoyo entre pares; y difundir información basada en evidencia sobre drogas y derechos humanos. La coordinación con las autoridades locales de Maleku contribuyó a legitimar el enfoque de reducción de daños como un enfoque de atención y una línea de acción colectiva culturalmente relevante.

 

El valor del diálogo

Este proceso destaca el valor del diálogo comunitario como base para avanzar en la implementación de estrategias de reducción de daños. Reconoce que las comunidades indígenas tienen la capacidad de desarrollar sus propias respuestas culturalmente sensibles y sostenibles al consumo de drogas, alejándose del castigo y centrándose en el bienestar, la autonomía y la dignidad. Sin embargo, el proceso de apoyo enfrenta recortes globales en la cooperación internacional, la falta de financiación local y la resistencia inherente a un proceso de cambio de perspectivas sobre los consumidores de drogas. Aun así, el Territorio Indígena Maleku afirma claramente: «Los jóvenes que consumen drogas no son el problema, sino actores clave en la transformación y el fortalecimiento del tejido comunitario».

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