Rompiendo la soledad

No todas las reuniones de grupos psicosociales sobre alcohol o drogas son iguales simplemente porque no todo el mundo es igual. Sin embargo, a pesar de esto, las historias personales se repiten y siempre se acaba encontrando algo en común.

El entrar por la puerta, sentarse en el círculo, presentarse a los demás, escucharles para después contar la razón por la que han decidido acudir a la reunión produce un sentimiento de pertenencia al grupo. La confidencialidad se garantiza y nada de lo que se dice dentro de la sala podrá ser contado a terceros sin el explicito consentimiento del afectado.

Existen distintas maneras de enfocar un grupo. Algunas veces en instituciones como  las cárceles los presos acuden para activamente participar en sesiones sobre un determinado tipo de droga. En ellas se discute la historia de la substancia, las circunstancias culturales y sus efectos en la salud mientras el facilitador anima intercambiar experiencias y exponer diversos  puntos de vista. Tanto en las cárceles como fuera de ellas se mezclan muchas opiniones , pasando por gente que cree no tener un problema con las drogas, pensando que solo las usan para divertirse, hasta gente que les echa la culpa de todo lo malo que le ha pasado en su vida, incluyendo su tiempo en prisión o la perdida de trabajo y familia.

La función de la persona que facilita las reuniones no es nunca la de criticar, lamentar, condenar, o juzgar sino mas bien la de promover una ágil comunicación entre los participantes para aliviar la soledad en un espacio seguro donde el entendimiento está garantizado. Sin embargo cuando la conversación comienza a girar en torno a los días de diversión cuando las drogas o el alcohol no eran todavía un problema o cuando alguien comienza a lamentarse por todo lo malo ocurrido el facilitador asume las riendas de la conversación para centrarse en la substancia y sus efectos. 

De esta forma por ejemplo mencionará la soledad de la persona que toma drogas o bebe en solitario y es incapaz de enfrentarse con los problemas de su vida o también insinuará que en la mayoría de los casos detrás de cada adicción se esconde un trauma en el que la gente vive atrapada pensando,  de forma errónea, que la embriaguez les devolverán la paz, calma y tranquilidad que tanto anhelan encontrar. El análisis del contraste entre euforia y depresión, el subidón  y el bajón y las cosas que se hacen durante el transito son un buen camino para empezar a sentar y promover los diálogos con uno mismo de cada participante.

 Así por ejemplo cuando uno se da cuenta que ha perdido el empleo porque no puede levantarse por las mañanas por las terribles resacas o que ha perdido sus amigos por ponerse en evidencia en repetidas ocasiones o por sus bruscos cambios de humor, o cuando se hunde por la pérdida de un ser querido o por una mala racha en el trabajo, o también  porque ha perdido las oportunidades que la vida le ha brindado al dejar de estudiar, bien por falta de medios, bien por haber sido una víctima constante de los diversos sistemas educativos, que ni entienden ni toleran la anormalidad medida en sus diferentes acepciones, como problemas de aprendizaje o rebeldía contra sistemas regresivos y opresivos, por citar algunos ejemplos, los traumas comienzan a crear un sentimiento de impotencia y dolor de los que mucha gente que tienen problemas con el alcohol y las drogas no pueden huir, ni siquiera con ayuda médica.

 

Las oportunidades para la recuperación tienen que crearse desde uno mismo ayudado por gente que haya vivido y pasado por lo mismo. El hablar de tú a tú en un grupo donde hay alternativa al dolor porque además de existir consuelo existe también experiencia compartida crea un sentido de identidad colectiva y define personalmente a cada individuo no como a un borracho o un drogadicto juzgado por el exterior pero si como a alguien que puede encontrar soluciones en su grupo.

Estas soluciones que algunas veces se confunden con terapias bien pueden ser el hacer más ejercicio físico, socializar en lugares alternativos a bares como teatros, cines, museos o restaurantes una vez cada cierto tiempo para disfrutar de otros placeres de la vida. Si se presta una atención a los problemas económicos que las adiciones acarrean una buena forma de motivar es hablar de viajes y organizar pequeñas excursiones. Para aquellos que han tenido problemas con la educación los cursos vocacionales presentan oportunidades para desarrollar nuevas inquietudes y combatir el aburrimiento que supone el estado inalterado del cuerpo y la mente provocado por la falta del estímulo de las sustancias. Conocer y aprender funciona.

Muy recientemente un grupo de personas en recuperación organizaron una fantástica y divertidísima vuelta al mundo en un velero en Inglaterra. En ese país las actividades culturales son notorias y están al alcance de la gente que decide rehabilitarse organizando funciones de teatro. 

Todo esto indica que cuando la alternativa se ha hecho realidad, cuando se ha encontrado una forma de recanalizar el dolor cualquier persona puede hacer lo que quiera con su vida. Algunos incluso deciden seguir ayudando a gente y estudian para convertirse en consejeros y terapeutas como una forma de seguir mejorando no solo su vida sino también para  ampliar la comunidad de servicios disponibles y oportunidades para gente que necesita ser entendida desde el primer momento en que requiere pedir ayuda. Por ese motivo muchos entran por la puerta la primera vez.