La psicosis de la marihuana

 

 

En una entrevista reciente Yury Fedatov, director la agencia contra las drogas y el crimen de la ONU (UNODC)  afirmó de forma extravagante que el uso del cannabis implica daños irreparables en el cerebro   

Sus comentarios hicieron un mayor hincapié entre la relación entre salud mental y cannabis recogida en el World Drug Report (Informe Mundial sobre Drogas) con claras referencias a la psicosis y dependencia ocasionadas por dicha droga. El informe, además, sin ningún tipo de tapujos presentó  al cannabis como un gran peligro social.

El informe de la UNODC del 2010 sobre el cannabis afgano  publicado esta semana presenta una organización cuyo control y conocimiento puede hacer algo contra el cultivo de subsistencia de los granjeros afganos tanto de cannabis como de opio 

Yury Fedatov y su equipo en Viena claramente sienten que tienen que mostrar el cannabis como algo negativo y dañino debido a que esta droga es la más consumida en el mundo entero y las cifras sugieren que entre un 75% y 84% de los consumidores de drogas  consumen cannabis.  

A lo mejor la UNODC está preocupada por como el creciente uso de cannabis está siendo aceptado y descriminalizado y como los esfuerzos conjuntos para crear un mercado regulado de la droga han llegado a buen puerto. Quizás el aparato de la UNODC  cree que la ley introducida por Ron Paul y Barney Frank en el Congreso de los Estados Unidos tiene el potencial de colapsar las convenciones de las Naciones Unidas ya que después de 50 años siendo el país clave en apoyar la Convención del 1961 este país ha decidido finalmente tirar la toalla.   

El debate político popular sobre el cannabis en los Estados Unidos parece prestar muy poca atención a los asuntos relacionados con la psicosis. Este tema, sin embargo parece ser más relevante en otros países. Las cuestiones de salud son importantes y la vieja falacia del cannabis como introducción  a un mundo de perdición y drogas más fuertes es universal pero la idea de que esta droga te vuelve loco no es común.

La gran excepción a esta regla es el Reino Unido. Este país es quizás el más hostil para activistas en países desarrollados. El cannabis y su relación con la psicosis es un tema central en el debate general. Cualquier activismo en el Reino Unido necesitará por tanto tratar este asunto si de verdad quiere cambiar la opinión pública.