Sobre el derecho a consumir

Recurrir a una botella para expresar los sentimientos no es siempre la mejor manera de recordar las promesas que uno hace  mientras dura la borrachera ya que al día siguiente todo lo dicho se desvanece como la noche anterior. Las drogas para liberar la conciencia, clarear el espíritu y dar rienda suelta a las pasiones tampoco sirven de mucho una vez que, recobrada la cordura, la timidez y la mesura se hacen eco de las secuelas que dejan palabras inintencionadas y deseos a medio cumplir.

La batalla por conquistar el alba y hacer los sueños realidad es siempre una tarea ardua que muchas veces no se logra ganar. Detrás de la sensualidad despertada por una calida mirada seguida por una copa para romper la timidez y comenzar una conversación se esconde siempre el retro de seducir o conseguir ser seducido. Si hay suerte y la cosa funciona, tal vez otra copa prolongue el placer de la compañía para después iniciar la aventura que en muchos casos terminará con la vuelta a la soledad que al día siguiente o la semana después te llevará a un sitio parecido a buscar más de lo mismo.

Las drogas y el alcohol ayudan, no cabe duda a pasar un buen rato, ambas partes se desinhiben, las barreras desaparecen y hacen que dos extraños se entreguen por un momento y casi por completo el uno al otro. La fantasía reina y si hay suerte, la química funciona y el sexo se discute y se pacta el polvo te hace sentir tan bien que quieres sentir más hasta una saciedad que nunca parece llegar porque el deseo es ilimitado y fluye por el cuerpo libre de ataduras a una mente reprimida por todo aquello que constriñe la libertad de expresar nuestra verdadera naturaleza en el día a día en que vivimos.

El extraño que te toma o el extraño que se entrega lo hace sabiendo lo mismo tú y corriendo los mismos riesgos de volver a sentirse solo una vez que todo termine. Pero mientras dura la experiencia es mágica ya  que el sexo anónimo te permite disfrutar sin ataduras de tus más salvajes impulsos. La otra cara, por desgracia, es que a veces te puedes quedar prendado de una fantasía pasajera  que jamás se volverá a repetir con esa persona dejándote un poso de placer que te llevará a buscar más  extraños para saciar tus ansias hasta que de verdad encuentres con quien disfrutar de los deseos mutuos. Esta búsqueda puede lamentablemente prolongarse con el paso del tiempo sin llegar, algunas veces, a propiciar ningún resultado.

Es entonces cuanto más envenenado por el recuerdo de tantas aventuras sin caras, de tantos orgasmos sin rostros, de tantos cuerpos sin nombre se produce la adicción de alimentar nuestras fantasías como buenamente se puede. Y así sin más todo vale con tal de mantener esa idea de obtener placer como medio de expresión vital. Fumamos para seguir vivos, para que en cada calada la nicotina nos deje su sabor en medio de la respiración que de otra forma seria insípida y aburrida, bebemos para alegrarnos, para aturdirnos, para soñar, para llorar o simplemente para olvidar sin que esto sea necesariamente bueno o lo más recomendable para enfrentarnos a nuestros problemas. Pero de cualquier forma lo hacemos como quien sabe que hace algo malo pero no tiene ni ganas ni interés en  dejar de hacerlo.

Mucha gente acude a las drogas y al alcohol para romper su timidez, para expresar sus sentimientos, para sentirse seguro en un mundo donde se creen lisiados y proscritos de afectos por sentirse diferentes. Otra gente bebe y se droga para combatir el rechazo y asumir el olvido de quien ya no quiere recordarles. También hay quien desea perder la cabeza solo para pasar el rato, para viajar, para vivir experiencias y distraerse de un mundo que les aburre. En cualquier caso todos estos ejemplos señalan que las drogas y el alcohol están unidas al ser humano como una realidad innegable que muchas veces se pasa por alto bien por el cinismo y la hipocresía del control impuesto sobre las libertades humanas.

 El derecho a consumir drogas debería estar reconocido como tal y los consumidores no deberían estar perseguidos pues  a nadie atañe lo que cada uno haga con su cuerpo y aunque algunas drogas puedan llevar a la autodestrucción esas mismas autoridades que condenan el consumo deberían promover la información de sus efectos en vez de condenar y promover la estigmatización de una parte de los sectores mas débiles de la sociedad.