Alcohol y Mujeres

En el libro escrito por Sebastian Faulks, Devil May Care, para celebrar el centenario de Ian Fleming se podía leer explícitamente como James Bond fumaba opio para después entregarse a los placeres sexuales de numerosas mujeres. En la última versión de la BBC sobre Sherlock Holmes Scotland Yard hacía una redada en su casa alertado por las múltiples extravagancias que el famoso detective efectuaba bajo los efectos de su de sobra conocida disolución del 7% de cocaína. En una de las mejores escenas de la inigualable Dracula de Bran Stoker  se puede observar una de las mejores representaciones de la locura victoriana cuando el siervo del conde encerrado en el manicomio es interrogado por un psiquiatra que, poco a poco, va perdiendo la razón alimentando su interés por las sorprendentes aventuras del vampiro con grandes dosis de morfina inyectadas en su brazo.

Estas son algunas de las muchas representaciones glamurosas de las drogas en los últimos tiempos pero si echamos la vista atrás la lista puede seguir y hacerse infinita con obras de culto. Por otra parte en cuanto al alcohol se refiere, nadie puede imaginarse ningún clásico del género negro sin el culto a la bebida de sus protagonistas, bien para ahogar sus problemas personales o bien para mantener un ritmo de vida frenético lleno de cocteles y fiestas en la alta sociedad. Después de todo ¿quién no recuerda el incestuoso dialogo de La Jungla del Asfalto entre una joven e inocente Marylin Monroe y un corrupto y adultero abogado esperando ser atrapado por todas sus fechorías a quien la bella actriz en sus brazos llamaba “daddy”,  un término que ingles significa algo así como papaíto, e implica la directa sumisión de la mujer al ego masculino en forma de devoción a la autoridad paterna aumentando la testosterona con un vaso continuamente lleno de bourbon? 

Sin duda esa imagen de masculinidad arrolladora  no sería la misma si el bourbon no reafirmase el elemento para calmar los nervios de un hombre a punto de perderlo todo, con la policía en los talones, al que su ignorante amante con su ciega devoción, todavía intentaba salvar de la tragedia final. 

La bebida como equilibrio entre la desesperación, el consuelo y la belleza parece ser uno de los mensajes de esta escena donde todo ya está perdido y solo queda  el sabor de los tiempos de gloria en forma de mujer mezclados con la amargura del bourbon al que muchos siempre han tachado de bebida decadente y puramente masculina. 

Si de Marylin y alcohol también seguimos hablando deberíamos decir que de nuevo su belleza fue utilizada para asociar felicidad y sexualidad en su película Bus Stop. En su papel de chica de salón la actriz engañaba a  los clientes haciéndoles creer que también bebía lo mismo que ellos cuando en realidad lo hacía de una botella distinta y su licor no era más que agua camuflada. En este papel de Marylin como incitadora y no como víctima ponía de nuevo de manifiesto el más que aparente instinto masculino de sucumbir ante la belleza femenina y emborracharse para desinhibirse y conquistarla a cualquier precio.  

El contraste entre ambas interpretaciones reitera las representaciones clásicas de las mujeres como vírgenes inocentes o como mujeres perversas llevando a los hombres por el camino de la perdición mientras que enseña las bajas pasiones de los hombres para doblegarlas bien manteniéndolas en su ignorancia como hace el perverso abogado en La Jungla del Asfalto o bien como hace el hombre bueno y puro que ofrece matrimonio para llevar una vida decente en Bus Stop. En ningún caso hay término medio porque en ambos caso está presente la subyugación de la maldad o la imposición del matrimonio como una alternativa a una vida desordenada.

Si bien estas películas son un reflejo de la década de los cincuenta, Gigi, otro clásico de la misma época, aunque ambientada en el Paris de principios del siglo pasado también hace una gran alusión al alcohol en una de sus más memorables canciones The Night They Invented Champagne ( La Noche que Inventaron el Champagne) donde la jovencísima protagonista comienza a descubrir el mundo que le rodea y como quien no quiere la cosa bebe su primer sorbito del dorado liquido expresando su felicidad por hacerse mujer y descubrir los placeres de la vida mientras que poco a poco va emborrachándose de una forma alegre y divertida.

La escena, que es todo un canto a la vida, encuadra perfectamente con esa crítica atroz que la película pretende trasmitir a la férrea y estúpida educación burguesa y la imposición al rol sumiso y decorativo de las mujeres en la sociedad. Lo más curioso de esta película en comparación con las otras dos es que es casi, casi una comedia musical con un claro mensaje demoledor al costumbrismo mientras que las de Marylin son dramas que mantienen las pautas y las diferencias entre los géneros utilizando el “vicio” del alcohol como un mecanismo para perpetuar la supremacía masculina a través de la imposición de la abstinencia y la renuncia a los malos hábitos o al deleite obsesivo de la inocente y virginal víctima.

Por todo ello como cantaba Maurice Chevalier en Gigi lo mejor tal vez sea imaginarse un gran brindis en Maxim’s cantando aquello de  

“Thank heaven for little girls

for little girls get bigger every day!

Thank heaven for little girls

they grow up in the most delightful way!”