A nivel internacional, Colombia ha seguido adelante con su agenda de cambio de políticas de drogas, criticando abiertamente el régimen de control de drogas de la ONU, al tiempo que condena el daño que décadas de prohibición han causado a su propia gente y ecosistemas. Sin embargo, el país también debe centrar su atención internamente para garantizar que los futuros responsables de la formulación de políticas no deshagan los éxitos que tanto le costó conseguir. Es dentro de este espíritu que la organización de investigación y defensa Dejusticia ha publicado un informe que explica cómo la nación puede cambiar su constitución para permitir la regulación de drogas.
Principalmente a través de múltiples fallos de la Corte Suprema, Colombia ha tenido despenalización de las drogas vigente desde hace más de 30 años. Sin embargo, estas sentencias fragmentadas han complicado gravemente el panorama legal: aún no está claro qué cantidades de cannabis se permiten para la posesión, y persisten dudas sobre la legalidad de la producción, distribución y intercambio social de sustancias.
Hacia finales de 2023, Colombia tuvo una serie de debates públicos para discutir la modificación del artículo 49 de su constitución –que prohíbe la posesión y consumo de sustancias psicoactivas– con el fin de crear un mercado regulado de cannabis. Después de ocho rondas de discusión intensas y altamente mediatizadas, la votación no fue aprobada y por poco no alcanzó las cifras necesarias para crear un camino constitucional para la reforma.
Dejusticia último informe "Los bloques constitucionales de la regulación del mercado de drogas en Colombia” proporciona un cronograma de todas las enmiendas constitucionales relevantes y fallos de la Corte Suprema, destacando cinco posibles caminos a seguir para la regulación legal de cualquier mercado de drogas. Es técnico pero informativo y está diseñado para abordar preguntas de abogados, reguladores y formuladores de políticas que no ven un camino hacia un mayor control sobre los mercados de drogas, incluido el cannabis.
“Dos de estos escenarios son inseguros desde una perspectiva jurídica –ya que el próximo gobierno podría deshacerlos– pero los otros tres, donde se reforma la constitución, hay acceso legal a través de exenciones de clubes sociales, o acceso al autocultivo, son mucho más realista”, dijeron a TalkingDrugs Isabel Pereira, Luis Felipe Cruz y Sergio Pérez, autores del informe.
Después de resolver las cuestiones constitucionales en torno a la regulación, Dejusticia propone un modelo de regulación con cinco principios clave, donde:
- Reduce la participación de las personas en el mercado ilegal de cannabis y en el crimen organizado;
- Promueve intervenciones de salud pública, incluidas estrategias de prevención y reducción de daños;
- Alienta las reparaciones, con un enfoque específico en el desarrollo rural y estándares de mercado justos para los agricultores y cultivadores tradicionales;
- Consagra los derechos de las personas y comunidades más afectadas por décadas de prohibición y una violenta guerra contra las drogas;
- Crea un sistema de regulación judicialmente seguro.

El diablo está en los detalles (constitucionales)
El informe destaca que es necesaria una reforma constitucional para abrir y regular el mercado de cualquier sustancia psicoactiva. Si bien se podría crear un mercado mediante leyes, sería jurídicamente ineficiente o vulnerable a impugnaciones constitucionales.
El trabajo de Dejusticia enfatiza que un sistema de regulación judicialmente débil podría ser tan desastroso para los derechos de las personas relacionados con las drogas como lo son bajo un sistema de prohibición. Como se indica en su informe: “ante una regulación débil o judicialmente inestable, los cultivadores o productores históricos podrían verse excluidos de los mercados legales”, lo que a su vez erosionaría la confianza de la gente en el mercado legal. El derecho de los ciudadanos colombianos al consumo de drogas como parte de su autonomía corporal también podría ser eliminado mediante futuras sentencias constitucionales, a menos que se consagre mediante legislación.
Avenida de clubes sociales
El informe de Dejusticia subraya que una reforma constitucional es absolutamente necesaria para crear una industria legal y con fines de lucro para cualquier sustancia psicoactiva. Sin embargo, señalan que dichas reformas deberían ser minimalistas y no específicas para las drogas; Lo ideal sería enmendar la constitución para eliminar la prohibición de la posesión y el consumo de todas las sustancias psicoactivas, preservando los derechos de las personas a la salud si las consumen.
Un modelo posible dentro de la constitución existente son los clubes sociales de cannabis: espacios que permiten el cultivo, consumo e intercambio de cannabis de forma privada sin fines de lucro. Existe algún precedente de sentencias de la Corte Suprema que protegen el intercambio social de cannabis, y la ley de drogas existente permite el cultivo doméstico de hasta 20 plantas de cannabis. Dejusticia destaca cómo los clubes sociales ya son constitucionalmente sólidos y podrían encajar dentro de sus cinco principios para un mercado justo y regulado.
“La prohibición ha fracasado”
En última instancia, Dejusticia sostiene que el actual sistema de prohibición, si bien pretendía proteger la salud pública, ha fracasado.
Pereira, Cruz y Pérez escriben en el informe: “Es necesario adoptar, a través del consenso y la Constitución, la idea de que la regulación, a diferencia de la prohibición, es la forma ideal de proteger la salud pública, la seguridad y los derechos humanos, al mismo tiempo que promueve el desarrollo y la justicia”. seguridad."
“Colombia tiene una historia compleja con la guerra contra las drogas y sus impactos. Esto se refleja en su panorama legal, con varias tensiones”, dijo Pérez a TalkingDrugs.
“Si queremos deshacer y reparar los daños causados por la prohibición, debemos hacerlo bien. Necesitamos una reforma constitucional para regular los mercados de drogas. De lo contrario, enfrentaremos incertidumbres jurídicas que podrían comprometer nuestras conquistas y progreso. Nuestro propósito es asegurar que los cambios en la política de drogas de Colombia tengan un impacto real y duradero”, agregó.
Si bien queda mucho trabajo por hacer para mantener a las comunidades afectadas a salvo de la violencia de la guerra contra las drogas, trazar las vías potenciales para unos mercados de drogas más justos y equitativos puede ayudar a convencer a quienes no están seguros sobre el camino hacia la reforma y el cambio radical.
El informe está disponible. aquí.


