La última edición de la Coca Futuro El festival se celebró en julio en Santa Marta, Colombia. El festival reunió a comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas de todo el país para crear un espacio que recordara los múltiples usos pasados de la hoja de coca e imaginara sus posibles usos futuros.
Uniendo pueblos
Futuro Coca es una plataforma de exposiciones y actividades culturales, artísticas y productivas que busca generar impacto político al posicionar nuevas narrativas sobre la hoja de coca a nivel global. Reúne los mundos del arte, la cultura, la indigenidad, la gastronomía, la botánica y la ciencia en un único circuito cultural. Las dos primeras ediciones se celebraron en 2023 y 2024, en Bogotá y Medellín, respectivamente.
Esta última edición, titulada “Futuro Coca: La Planta Tejedora de Mundos”, se realizó en el contexto de los 500 años de la fundación de Santa Marta.th Aniversario de la fundación hispánica de la ciudad. Desarrollado en colaboración con el Ministerio de Culturas, Artes y Conocimiento de Colombia, el festival incluyó diversas actividades, charlas y talleres que resaltan el valor de la hoja de coca para las comunidades regionales y la nación colombiana. Asistieron alrededor de 900 personas, incluyendo miembros de las comunidades wiwa, kogui, arhuaco y kankuamo (de la región de Santa Marta), así como comunidades indígenas de otras zonas: el pueblo nasa del Cauca, el pueblo makuna del Vaupés, el pueblo katmëntsá y la comunidad campesina de San Antonio de Rancas, Pasco, Perú, entre otras comunidades campesinas y afrodescendientes.

Según los organizadores del festival, con su creación se han querido transmitir cuatro mensajes clave.
En primer lugar, la participación de los diversos pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta debe ser fundamental en cualquier debate sobre el futuro de la hoja de coca. El festival reunió a numerosos representantes de estas comunidades para compartir su comprensión cultural, espiritual y territorial de la planta.
En segundo lugar, haciendo eco del nombre de la última edición del festival, hicieron un llamado a la sociedad para "destejer y retejer" nuestras relaciones entre los mundos: los mundos de las comunidades indígenas, las poblaciones modernas, las comunidades afrodescendientes, los campesinos, los colectivos y las comunidades del Cauca y la Amazonía, entre otros. Esto implica deconstruir las interpretaciones existentes sobre la hoja de coca y encontrar, a través de experiencias, palabras e interconexiones, nuevas realidades posibles para el lugar de la coca en la sociedad.
En tercer lugar, el festival enfatiza la necesidad de una conciencia ecosistémica de la planta de coca, presente en los diversos climas de la región andina. Desarrollar políticas sostenibles en torno a su uso, cultivo y control es clave para reducir el daño ambiental al bosque, la tierra y territorios más amplios.
Finalmente, Futuro Coca aboga por la construcción de una visión creativa, versátil y viva de la planta de coca. Desde el tejido de sus fibras hasta sus singulares aplicaciones gastronómicas, la coca posee un increíble potencial culinario, sensorial, económico y artístico. La coca no es solo el producto base de la cocaína; es un elemento vivo y palpitante del paisaje colombiano y caribeño que puede y debe explorarse a través de encuentros entre artistas, académicos y otras áreas de conocimiento interesadas para «tejer nuevas narrativas e intercambiar sus múltiples posibilidades», como lo expresa Futuro Coca.
TalkingDrugs conversó con Carmen Posada Monroy y Alejandro Osses Saenz, cofundadores de Futuro Coca, quienes compartieron testimonios del festival y hablaron sobre los procedimientos y la visión del festival.
“Los pueblos indígenas siempre han sido un elemento central de Futura Coca, pero este año tuvimos el privilegio de estar tan cerca de la Sierra Nevada de Santa Marta que pudimos traer a personas de los cuatro grupos indígenas que habitaban allí”, dijo Monroy. “Y todos participaron, no solo como público o público, sino como ponentes principales y artistas que presentaron su trabajo”.
La edición anterior de Futuro Coca fue un festival de gran escala; la edición de este año se planteó en formato móvil, lo que significa que el festival puede realizarse en diferentes ubicaciones y escalarse adecuadamente.
El festival instaló un mercado con varios puestos gestionados por diversos grupos y empresas emergentes que demostraban la versatilidad de la planta. Allí se vendían productos a base de coca, desde productos para el cabello, galletas, harina, mambé (hojas de coca tostadas) y coca infusionada tucupí (salsa de yuca). Además, se presentaron documentales, exposiciones fotográficas, obras de arte y música para mostrar la vibrante variedad de vida que rodea la coca.

Un punto de encuentro entre personas
Sáenz dijo que muchos de los grupos indígenas reunidos se refirieron a Futuro Coca no como un festival, sino como un punto de encuentro que reúne a personas que comparten historias y relatos de la planta.
“Este intercambio entre los pueblos [Las personas, las comunidades] del Norte y del Sur fueron muy importantes para tener conversaciones abiertas entre pueblos Quienes no han tenido la oportunidad de cultivarla, y reflexionar sobre el futuro de la hoja y cómo podemos trabajar para lograrlo, uno que armonice la planta y evite el daño sistemático que sigue sufriendo desde la creación de la cocaína, desde la fumigación de la tierra [con el herbicida glifosato]. Toda esta reflexión forma parte del esfuerzo por restaurar el orden en esta planta sagrada.
Muchas comunidades comprenden que su relación con la coca puede convertirse en una herramienta de poder. Gunzareiman Villataña, miembro del equipo Futuro Coca y del pueblo arhuaco, comentó que la coca «es una herramienta de poder, ya que no solo representa quiénes somos, sino que es una forma de… abrirnos al resto del mundo».
Deshacer nuestra comprensión de la historia y los usos de la hoja de coca es un primer paso esencial para dar forma a su futuro: uno que esté más conectado con sus verdaderas raíces indígenas, que ser un precursor de una sustancia con un mercado deseado globalmente pero altamente violento.
Como lo expresó Ati González, del pueblo arhuaco: “Para los indígenas, es una planta que necesitamos recuperar en el sentido positivo de la palabra: recuperarla para protegerla, para que sus derechos [futuros] sean comunales y colectivos”.
Futuro Coca llegó a Madrid este pasado fin de semana, y tendrá una edición en Londres el próximo mes.


